Gobierno convocará al Consejo del Mercosur para pasar presidencia

Uruguay recibe presiones de los países, divididos ante la decisión
Este es el momento más crítico del Mercosur desde que Carlos Menem, Fernando Collor, Andrés Rodríguez y Luis Alberto Lacalle firmaron el Tratado de Asunción en 1991. Esa es la valoración que hace la cancillería uruguaya, en el medio de una negociación inacabada, que pone a Uruguay en un lugar en el que no quiere estar.

Para los oficiales del Ministerio de Relaciones Exteriores sólo es cuestión de tiempo hasta que el país le traspase la presidencia pro témpore del bloque a Venezuela, una postura que asumió desde que comenzó la crisis y que habrá de defender a como de lugar.

En este contexto, es inevitable que se haga un llamado al Consejo del Mercado Común aún cuando el consenso resulte esquivo, dijo una fuente de gobierno a El Observador. La presidencia no se transfiere de forma automática y requiere de una instancia formal. Desde el punto de vista orgánico el encargado de convocar al Consejo es el país que tiene la presidencia pro témpore en sus manos, en este caso Uruguay. La fuente consultada señaló que, en este caso, el Consejo no incluirá la participación de los presidentes dado que no hay un clima político adecuado para que ello suceda.

El Consejo es el órgano superior del Mercosur al cual incumbe la conducción política del proceso de integración y la toma de decisiones para asegurar el cumplimiento de los objetivos establecidos por el Tratado de Asunción.

La reunión de cancilleres del lunes 11 en Montevideo mostró de forma transparente los desencuentros que conviven en el bloque, con la canciller venezolana, Delcy Rodíguez, acusando a los representantes de Brasil y Paraguay de "esconderse" en el baño para no quedar cara a cara con ella, y con una respuesta paraguaya que utilizaba como elemento de justificación "las necesidades fisiológicas" de los seres humanos.

Pero las dificultades son bastante más importantes que el debate sanitario. La cancillería uruguaya está siendo presionada desde varios frentes. La reunión del lunes polarizó las posiciones en un grado mayor que embreta a Uruguay. Brasil y Paraguay se mantienen firmes en su postura y se niegan a que Venezuela asuma la presidencia del bloque. Los dos países esperan una señal inequívoca del gobierno de Nicolás Maduro para ceder en su posición pero, al mismo tiempo, ejercen presión diplomática sobre la cancillería uruguaya.

Argentina aparece como el fiel de la balanza en este caso y su posicionamiento surge de un cuidado análisis de los movimientos políticos en la región. El presidente, Mauricio Macri, ha criticado al gobierno de Maduro con determinación mientras que su canciller, Susana Malcorra, mantiene un tono un poco más conciliador. Argentina no dejó solo a Uruguay en el tema Venezuela –un signo del buen momento de las relaciones entre los dos países–, pero tampoco puede descuidar su relación con Brasil. La dirección final del péndulo será un elemento de notoria incidencia para el resultado final de la historia.

La presión no solo proviene de dos de los miembros fundadores del bloque sino que también de Venezuela que, desde antes de la visita de su canciller a Montevideo, puso en marcha un operativo de imposición diplomática que impacta en la cancillería uruguaya.

Si algo de esto no fuera suficiente, el Ministerio de Relaciones Exteriores también sufre la sensación de un acorralamiento auto inflingido. Uruguay ha reiterado su apego absoluto a lo jurídico y sabe que el espacio de maniobra es reducido. No quiere ser recordado como aquel que no entregó la presidencia y tampoco quiere ser categorizado como el que dejó de privilegiar su palabra para ceder ante las presiones. De la forma que sea, la diplomacia uruguaya sabe que no la tiene nada fácil.

Sin consenso

Los representantes diplomáticos del bloque no lograron alcanzar el lunes un acuerdo para que Uruguay traspase la presidencia a Venezuela, luego de tres horas de reunión y un almuerzo en el Palacio Santos.

Al término de la jornada de trabaja, los jerarcas informaron que abrirían "hasta el jueves o incluso por unos días más", un espacio de consulta con los presidentes de los países socios para definir qué camino se sigue.

Uno de los puntos que más preocupa en general son las negociaciones que el Mercosur viene llevando adelante con la Unión Europea. Está acordado que si Venezuela asume la titularidad del Mercosur, la coordinación con Europa la mantendrá Uruguay, bajo cuyo mandato y luego de años de negociación, se intercambiaron las ofertas para desgravar el comercio.

El lunes, a pesar de los desencuentros visibles, los participantes hablaron de la posibilidad de encontrar soluciones. "Vi en esta reunión un ánimo de colaboración para solucionar lo de la presidencia de Venezuela", dijo a los medios el ministro Rodolfo Nin Novoa. Si bien marcó diferencias con el modelo de Maduro, recordó que hace seis meses hubo elecciones en Venezuela donde se reconoció el resultado y la victoria de la oposición.

Para Venezuela una "almagritis" –en referencia al secretario general de la OEA, Luis Almagro, que activó la carta democrática para Venezuela– recorre la región y "la derecha de malos modales" "vulnera los Estados de Derecho", dijo la canciller Delcy Rodríguez.

"Crisis de gobernabilidad"

Para el director del departamento de Negocios Internacionales e Integración de la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Católica del Uruguay, Ignacio Bartesaghi, el Mercosur atraviesa "una crisis de gobernabilidad" y una situación "de suma gravedad".

"Desde hace tiempo atrás, los miembros del Mercosur no han logrado alcanzar los consensos mínimos sobre temas centrales para el desarrollo del bloque", escribió el especialista en una columna.

Nicolás Albertoni, investigador del Centro de Estudios para América Latina de la Universidad de Georgetown, dijo a El Observador que la región "se ha acostumbrado a apagar incendios institucionales, pero no a prevenirlos". Y agregó que "nunca" se debió haber llegado a esta situación.

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