Gobierno prioriza relación con Brasil antes que la defensa de Rousseff

No activará en Mercosur cláusula democrática y es el FA quien sale a cuestionar

Decidido a proteger la relación bilateral con Brasil, el gobierno uruguayo mantendrá una postura "prudente" y de "cautela" frente al proceso de destitución que enfrenta la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, dijo a El Observador una fuente del gobierno.

El Poder Ejecutivo cuidará la institucionalidad con el gobierno del país vecino, cualquiera sea su futuro, en el entendido de que la relación comercial con Brasil es fundamental para el Uruguay. En la actualidad, el país norteño es el segundo socio comercial más importante del Estado.

Aunque para el gobierno uruguayo la situación resulta preocupante, mira con respeto y aceptación los procesos propios que vive el país vecino en consonancia con el principio internacional de no intervención en los asuntos internos de otras naciones.

En este sentido, el canciller, Rodolfo Nin Novoa, dijo ayer que Uruguay no se pronunciará sobre el tema y sostuvo que se cumplieron los requisitos constitucionales en el trámite. En una rueda de prensa, Nin dijo que el gobierno uruguayo aspira a que el tema en Brasil se resuelva "de acuerdo a los cánones democráticos e institucionales".

El Poder Ejecutivo había iniciado gestiones en la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur) para promover una declaración de respaldó a la mandataria brasileña, que finalmente no prosperó. Paraguay y Argentina estuvieron entre los países que no apoyaron. Nin dijo ayer que Unasur no logró consenso sobre la postura frente a la crisis en Brasil. La resolución es que cada país emita el comunicado que considere conveniente, relató. En tanto, admitió que el presidente Tabaré Vázquez se ha comunicado varias veces con la presidenta Rousseff. La alternativa, según el canciller, es que continúe el proceso del juicio político "y que resuelvan los brasileños".

La crisis brasileña fue abordada por el Consejo de Ministros del lunes 2 de mayo, pero hubo diferentes opiniones en cuanto a la actitud que debía asumir el gobierno uruguayo, según informó Búsqueda. La conclusión que surgió de allí luego de un consenso entre los participantes, según dijeron a El Observador fuentes del gobierno, fue cuidar la relación bilateral.

Sin embargo, es el Frente Amplio el que salió a criticar abiertamente la situación en Brasil. El senador Rafael Michelini (Frente Liber Seregni) comentó a El Observador que lo de Brasil es un "linchamiento político". "Estamos muy preocupados, creemos que hay una venganza política contra la presidenta que dentro del ordenamiento constitucional ha estirado las normas para que este linchamiento político ocurriera", dijo.

El senador Marcos Carámbula opinó que si en su momento el Mercosur rechazó la destitución de Lugo, "acá hay razones para que el Mercosur rechace lo que pasó y suspenda a Brasil", dijo ayer en el programa Quién es quién de canal 5. "Es una opinión personal", aclaró el senador.

Por su parte, el director del Departamento de Negocios Internacionales e Integración de la Universidad Católica, Ignacio Bartesaghi, opinó que sería una irresponsabilidad suspender a Brasil.

El analista señaló que no hay riesgo de que el Mercosur se desmorone. "No veo ninguna condición para que eso ocurra, salvo que hagamos alguna irresponsabilidad y realmente pensemos que se puede suspender a Brasil del Mercosur", opinó. "El Mercosur es una marca que también fue aprovechada por Brasil como líder regional. Esa marca hoy está en crisis porque el mundo está viendo lo que pasa en Brasil", dijo Bartesaghi a El Observador TV.

Las varas del Mercosur

En junio de 2012 en una dura discusión, los entonces presidentes de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, de Brasil, Dilma Rousseff, y de Uruguay, José Mujica, se reunieron en Mendoza y decidieron suspender a Paraguay del Mercosur. La oposición de ese país había quitado del poder, por un mecanismo constitucional, al presidente Fernando Lugo. La sanción impulsada por Brasil –a la que primero se opuso Mujica y luego la aceptó–, no solo intentó dar apoyo a la democracia paraguaya, sino permitir el ingreso de Venezuela al bloque regional, algo a lo que Paraguay se oponía.

En minutos, Paraguay fue condenado al aislamiento por los demás presidentes del Mercosur, que utilizan distintas varas para juzgar situaciones similares.

El año pasado, Venezuela vivió momentos de tensión social, hubo muertos por enfrentamientos callejeros y el gobierno de Nicolás Maduro encarceló a dirigentes opositores que aún hoy siguen tras las rejas. Las elecciones parlamentarias fueron postergadas –finalmente se hicieron en diciembre y ganó la oposición– y en ese cóctel, Mauricio Macri, el novel presidente de Argentina, pidió aplicar la cláusula democrática –la misma que se usó contra Paraguay– pero está vez a Venezuela. Uruguay, actual presidente del Mercosur, rechazó esa salida y lo mismo consideró Brasil.

Ahora la inestabilidad se instaló en Brasil y a pesar de la salida intempestiva de Dilma Rousseff, con un proceso legal similar al de Paraguay, ninguno de los socios reclamó activar la cláusula democrática del Mercosur. Uruguay no lo hará. El destino de Rousseff será definido en el Senado brasileño.


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