Golpeado optimismo gubernamental

El exceso de optimismo con que el gobierno armó el presupuesto ha sufrido un nuevo golpe en materia de ingresos

El exceso de optimismo con que el gobierno armó el presupuesto para los dos próximos años ha sufrido un nuevo golpe en materia de ingresos con la previsión de que los precios de los commodities relevantes para Uruguay seguirán cayendo este año y, contrariamente a la esperanza oficial, recién podrían repuntar en 2017. La única buena noticia en este oscuro panorama exportador es que la baja generalizada incluye al petróleo que el país importa, lo que puede atenuar en parte la reducción de ingresos fiscales. El Índice de Precios de Commodities Relevantes de El Observador, que aplica las proyecciones para materias primas que confecciona el Banco Mundial, augura para este año una caída de 13,6% para la carne, nuestro principal rubro exportador, con respecto a 2015.

La madera mantendría una leve suba de 0,13% y la soja también repuntaría 2,3% este año, aunque por debajo de lo previsto anteriormente. Pero además de la carne, con una baja de casi el 20% pronosticada para los próximos 10 años, caerán el arroz, el trigo y otros cereales. En promedio los principales rubros de exportación del país estarán este año 22,8% por debajo del valor medio de los últimos cinco años. En el otro platillo de la balanza, el petróleo que compramos en el exterior cayó 18,6% el mes pasado y acumuló una reducción de 36,7% en el año a enero, aunque se espera una leve reversión de esta tendencia en 2017.

La baja del crudo es una aspirina para las dolencias financieras del gobierno pero no ayudará a los productores y a los hogares. La razón es que el gobierno mantiene artificialmente altas las tarifas de los combustibles, así como las de los demás servicios públicos, para recaudar algo más a través de un disfrazado ajuste fiscal que paga toda la población. Pese al manotazo tarifario, la situación fiscal enfrenta un sostenido deterioro, anticipable desde el año pasado pero ignorado en un presupuesto poco realista. Al déficit previsto, que la oposición calculó en US$ 2.000 millones, y a una desaceleración del crecimiento mayor a la presupuestada, se le agrega ahora la caída de ingresos por exportaciones. Cada vez se percibe más lejana la promesa del ministro de Economía, Danilo Astori, de bajar un punto en el quinquenio el persistente déficit fiscal, a 2,5% del Producto Interno Bruto.

La forma de aclarar un poco el horizonte es bajar sustancialmente el gasto público, curso hacia el cual el gobierno no da señal alguna. Lo ata por un lado la rigidez de gran parte del gasto presupuestado para un Estado sobredimensionado en muchas áreas, con una plantilla del sector público tan excesiva como inamovible. Pero también incide la renuencia a apretar el cinturón estatal donde es posible hacerlo, como lo ejemplifica el ruinoso empecinamiento en defender a ANCAP en su inviable estructura actual. Se opta, en cambio, por apretar a todos los uruguayos, desde el sector productivo hasta las familias de menos recursos, encareciendo artificialmente las tarifas de servicios públicos esenciales, mientras persiste una inflación que ya ronda el 10%. Achicar el Estado es una fórmula obvia, a la que recurren gobiernos serios cuando enfrentan problemas. Pero en Uruguay es un camino que nadie parece animarse a recorrer.


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