¿Google espía al Ceibal?: un debate que corresponde a padres e hijos

En quién confíar y por qué confiar es una decisión mucho más privada que la que ahora se discute tendrá o no Google Apps for Education en las Ceibalitas

Son pocos los mortales que tienen el honor de entender este debate que se generó entre académicos de la Udelar, incluyendo a su propio rector y a la decana de Ingeniería, y el Plan Ceibal. Las diferencias pueden –pero no deben- simplificarse bajo el argumento ambivalente “Google puede espiar- Google no va a espiar”. En el fondo, creo, hay  algo bastante más complejo, cotidiano y desapercibido, que es la forma en que los padres incidimos en como nuestros hijos se comportan en Internet.

Todos los días tomamos decisiones en relación a nuestra privacidad en la web y a la de nuestros hijos. Cuando los autorizamos a abrir una cuenta en una red social (o cuando nos enteramos de que ya tienen una sin consultarnos), cuando comenzamos a usar un nuevo servicio de almacenamiento en la nube, con cada mensaje de Whatsapp o cada foto subida a Instagram, estamos marcando posición con respecto a la privacidad, la mayoría de las veces de manera inconsciente.

Ahora se abre un nuevo capítulo en este largo libro de qué es privado o no lo es en internet: ¿debe su hijo utilizar un servicio como Google Apps para la Educación que guarda sus mails, archivos, fotos y documentos en la nube?  Si ha seguido el debate de estos últimos días podría pensar que la decisión ya fue tomada por otros. Pero quien tiene que decidir es usted y, en el camino, conversarlo con su hijo.  

¿Qué dice el acuerdo Google-Plan Ceibal?

Que los datos personales, e-mails, documentos que suba un niño o docente en su cuenta de Google Ceibal son de su propiedad (la del niño o docente, no la de Google). “Ni Google ni Plan Ceibal pueden adueñarse de ellos”, según se explica en el sitio web del plan.

También dice que Google no podrá “recolectar, conservar, usar o compartir información personal de los estudiantes más allá de la medida necesaria para atender los fines educativos o escolares, o según sea autorizado por los padres de familia o los estudiantes”.

Hay un contrato. ¿Puede Google ignorar un compromiso de este tipo? Claro que puede. Sólo usted debe decidir si confía o no en esta empresa, y de paso preguntarse si debe confiar en Facebook, Twitter, el banco en el que opera y hasta la DGI que -suponemos y creemos- almacena la información de lo que cada uno gana y aporta en servidores nacionales y con una seguridad férrea.

La siguiente pregunta que podríamos hacernos es: ¿son los servidores uruguayos –el lugar físico donde se guarda la información virtual- más o menos seguros que los de otros países? Y si no hay forma de que podamos contestarnos esta pregunta, hagámonos otra: ¿si cualquiera de estas empresas o instituciones no cumplen con sus compromisos y permiten que alguien, desde un empleado corrupto hasta un hacker nacional o extranjero, vea y difunda mis datos personales, ante quién reclamaré?

La promesa de la privacidad nunca fue realista, incluso antes de estos tiempos virtuales. ¿Quién puede asegurarle a usted –o a su hijo- que los servidores donde se guardan sus declaraciones de IRPF son top secret y que ningún hacker podrá meterse en ellos para terminar volanteando cuánto gana o invierte? Usted y yo, que no somos expertos informáticos, ya sabemos la respuesta: nadie y el Estado uruguayo no es la excepción.

Puede que a Google, a la NSA y hasta a la inteligencia uruguaya les interese espiar los datos de niños uruguayos. ¿Puede un particular o un Estado demandar a Google y a cualquier compañía nacional o extranjera por no cumplir con acuerdos de este tipo? Puede y hay antecedentes, el más cercano de los cuales le torció el brazo a Google en Europa, donde ahora debe responder por el “derecho al olvido”. Otra historia es que alguien –persona o país- decida que vale la pena la demanda, tenga el dinero para iniciarla y mantenerla y sobre todo las pruebas para ganarla.

Sujetos publicitarios

Otro punto del que se ha hablado poco pero que a los padres debería interesarnos particularmente, es la forma en que se usan los datos personales con fines publicitarios. Esto viene de lejos y supera a la red de redes, pero para centrarnos en este acuerdo digamos que Google se compromete a hacer con los niños –no solo los uruguayos sino todos los que usan sus servicio educativos- lo que no hace con los adultos: no recolectar información sobre gustos y comportamiento para cruzarla con otros datos como edad, sexo y lugar geográfico.

Seguramente usted ya se dio cuenta que cuando usa el correo electrónico de Google (Gmail), Microsoft (Hotmail o Outloook)  o Yahoo, no pasa mucho rato entre que escribió un mail sobre sus vacaciones y aparece un aviso con las “mejores” ofertas de pasajes de avión o de hoteles. Usted acepta que esas son las condiciones para usar ese correo electrónico. ¿Está de acuerdo con ellas?

¿Es más seguro no hacer negocios con Google? Seguramente. También es más seguro y ecológico vivir con energía eólica pura y exclusivamente, pero Uruguay gasta millones de dólares por año en petróleo para dar energía a sus habitantes.

La historia ha demostrado que no siempre es bueno acostarse con un gigante, pero que a veces tomamos la decisión conscientes de hacerlo porque hay beneficios que exceden los riesgos. Esta decisión, de nuevo, es personal y subjetiva. ¿Están nuestros hijos preparados para tomar una similar en el futuro cercano?

Aquí o afuera

Otra pregunta que me hago y le hago como padre: ¿qué institución puede proteger mejor la seguridad de los datos privados de un niño? ¿Una uruguaya, como la Udelar o la ANEP, o un “malvado imperio” internacional con todos sus billones a cuestas para espiar pero también para detener hackers y gobiernos curisosos? Más allá de ironías, solo usted puede responderlo, manejando la mejor información que encuentre al respecto pero haciendo, al final, un acto de confianza. Casi casi que un acto de fe.

"Como en todo contrato, las partes se obligan. Es a confianza, pero está por escrito", dijo hace poco Federico Monteverde, presidente de la Unidad Reguladora y de Control de Datos Personales, sobre este acuerdo. ¿Cuánta seguridad le da lo que dice Monteverde? Usted decide.

Los padres tienen el derecho y el deber de saber qué herramientas usan sus hijos, cómo lo hacen y en qué condiciones. Esto vale para la extensa vida digital en la que están inmersos niños y adolescentes y que tiene a Google como uno de sus protagonistas, pero también para una decena más de servicios, en el mejor de los casos.

Si algo puede dejar de bueno un debate que tuvo sus manifestaciones retrógradas y sobre todo politizadas en extremo, es que cada padre decida si es conveniente que su hijo use las aplicaciones de Google para la Educación en su Ceibalita. Y que le enseñe porqué si o porque no. Si decide que no es lo mejor deberá indicarle otro camino: ¿un mail de Adinet? ¿Un disco duro portable para almacenar sus documentos y archivos? ¿Solo mensajes de texto en el celular y nada de Whatsapp?

Todos le pedimos al Estado que nos proteja y todos entendemos que la protección es limitada. La Constitución nacional reza que el estado debe asegurarle la vida, el bienestar, la salud y la educación. ¿Lo hace?

Sería muy bueno –tal como propuso esta semana el rector de la Udelar- que profesionales uruguayos desarrollaran un sistema similar al de Google Apps o incluso mejor. Sin duda hay materia gris de sobra como para hacerlo en este país. Si finalmente lo hacen, desafiando las dificultades, los costos y la burocracia vernácula (estoy segura de que podrían y no hay ironía en esta afirmación), usted señor papá y señora mamá tendrá que decidir, nuevamente, si confía en ese programa y en esos servidores –en la institución, en definitiva- para que su hijo deposite allí sus datos personales.

La inseguridad informática, como sabemos todos por múltiples tropezones en el tema, no es patrimonio de una sola empresa ni de un solo país y hasta al más vivaracho se la han jugado bien. Por eso lo que está en discusión no es la Udelar vs el Ceibal/Google, sino cómo usa su hijo cualquier servicio que se brinda en Internet y que, como tal, nunca es privado.

Al final, si cree que en materia de su propia privacidad la última palabra la tiene usted, y en consecuencia intenta criar a sus hijos bajo esa convicción, entonces ni la Udelar ni el Ceibal ni Google ni el Estado uruguayo deberían decidir por usted.

Algunos pasos para cuidar y enseñar a cuidarse en Internet

-Hacer un inventario de todas las cuentas que tenemos activas y las que tienen nuestros hijos. Revisar cuáles son sus términos y condiciones de uso.

- Discutir en familia dónde se guardan los datos de cada servicio qué usamos. ¿Quedan guardados en un servidor los mensajes que mandó por Whatsapp? ¿Y qué pasa con los mensajes directos de Facebook? ¿Qué mail usa y cómo almacena sus correos e información?

-Hablar de confianza –y falta de confianza- en las instituciones y las empresas.

-Proponga a sus hijos una apuesta: si alguno logra probar que algo que hace en Internet es 100% seguro ganará una recompensa. Este juego suele derivar en discusiones acaloradas entre padres e hijos. Hasta el momento, y aunque mis hijos lo intentan, nunca han encontrado un ejemplo de pura privacidad.

-Haga otro inventario: ¿qué tiene guardado en la nube? ¿Cuántas fotos, documentos, videos y archivos en general? Y luego haga limpieza. Si es posible, que sus hijos hagan lo mismo.

-Establezca reglas de oro y convérselas con sus hijos. Estas son un ejemplo

1) en internet nada es privado.

2) uno debe comportarse en la red como se comporta –o debería- en la vida real. Lo que no se acepta en casa o en la oficina, no se acepta en internet.

3) hasta determinada edad que cada familia establece, las decisiones relativas a nuevos servicios de internet se toman luego de consultar a los adultos.

Todo lo anterior lleva tiempo y paciencia, dos bienes escasos en esta sociedad. Cada uno debe decidir si vale la pena invertirlos en la tarea de entender dónde estamos parados para evitar que otros nos lo digan.


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