Háblale a tu bebé

Algunas madres y padres no les hablan a sus niños pequeños porque creen que no entienden, e incluso algunos se sienten ridículos

Por Catalina Covacevich

A los niños se les enseña formalmente a leer en el primer año de primaria. Sin embargo, aprender a leer no se logra de la noche a la mañana, sino que requiere del dominio de habilidades pre-lectoras que se empiezan a desarrollar desde los primeros meses de vida. Por esa razón, para mejorar la capacidad lectora de los estudiantes hay que promover estas habilidades desde antes de entrar en la escuela.

Lo primero que pensamos cuando hablamos de la enseñanza de las habilidades pre-lectoras es en la educación preescolar y, efectivamente, la asistencia al preescolar las desarrolla e incluso mejora el desempeño académico en grados posteriores. No obstante, el hecho de que los niños lleguen a la escuela preparados para aprender a leer no es responsabilidad exclusiva del preescolar. Se trata de un tema que también puede y debe ser abordado por la familia, estimulando las habilidades pre-lectoras de sus bebés y niños.

El término “habilidades pre-lectoras” parece referirse a habilidades abstractas que solo son comprensibles por educadores y profesionales especializados. De hecho, pareciera difícil que los padres las entiendan o las puedan inculcar en sus hijos.  Sin embargo, en realidad, este es el nombre técnico para habilidades cotidianas que muchos padres les enseñan a sus hijos  de manera espontánea.

Un grupo de  habilidades pre-lectoras tiene que ver con el dominio del lenguaje oral. Como la escritura es básicamente la codificación del lenguaje oral, un niño debe tener un cierto dominio de lo hablado para poder aprender a leer y, mientras más lo domine, más fácil le resultará.

Un elemento central del lenguaje oral es el vocabulario.  Mientras más rico es el vocabulario de un niño, mientras mayor ha sido su exposición al lenguaje y mientras más variedad de experiencias ha tenido con respecto al lenguaje, con mayor facilidad aprenderá a leer.  Tal como mi colega Horacio Álvarez señala en su blog “¿Cómo aprende a leer nuestro cerebro?”,  aunque nuestro cerebro no viene cableado para leer, sí viene cableado para aprender el lenguaje oral. Entonces, la manera en que los padres y cuidadores pueden desarrollar el vocabulario de un niño es muy simple: hablándole.

Para poder adquirir vocabulario, los niños necesitan escuchar y participar en las conversaciones con los adultos y con otros niños, y deben escuchar historias, cuentos, poesías y canciones.  También los bebés necesitan que les hablen para aprender a hablar y desarrollar su vocabulario. Las oportunidades para hacerlo son casi infinitas: al mudarlo, al darle la comida, al sacarlo a pasear…  Se les pueden contar cuentos, describirles la actividad que están haciendo o relatarle las actividades que harán durante el día. Cuando el bebé emite sonidos, se puede responder a sus gorjeos con palabras, usando el tono y los gestos adecuados y haciendo las pausas como si fuera una conversación.

Algunas madres y padres no les hablan a sus niños pequeños porque creen que no entienden e incluso algunos se sienten ridículos diciéndole a un bebé de pocos meses cosas como “ahora vamos a lavarnos las manitos”. También, muchas veces lo perciben como una pérdida de tiempo. A otros, en cambio, les resulta natural. Lo cierto es que hablarles sí hace la diferencia y que, de hecho, una de las variables que mejor predice la adquisición de vocabulario en niños pequeños es cuánto les habla la madre. Por lo tanto, vale la pena hacer el esfuerzo.

Otro grupo de habilidades pre-lectoras  tiene que ver  con conocer  los códigos de la lengua escrita. Esto también suena abstracto, pero se refiere a destrezas cotidianas. Entre ellas, que el niño pueda identificar la palabra escrita en su entorno diario y entienda su funcionalidad. Por ejemplo, en letreros, en menús de restaurantes  y en cuentos. Hoy en día, además de los libros, también pueden conocer las tabletas, computadoras y teléfonos. Es importante que entiendan para qué son y cómo manipularlos. Así, cuando crecen, poco a poco podrán distinguir entre palabras y dibujos, sabrán que las palabras escritas están asociadas con habladas y entenderán que se lee de izquierda a derecha.

También podrán reconocer algunas letras, asociarlas con sonidos e identificar la primera letra de su nombre.

Un estudiante que llega a primaria dominando habilidades pre-lectoras está en una posición más avanzada que un niño que nunca ha visto a alguien leyendo un libro, que no entiende por qué podría serle útil, que no distingue imágenes de letras porque no sabe que son las letras lo que se debe buscar en un texto para tratar de descifrarlo, y que no tiene idea que hay que ir volteando las  páginas de un libro para que aparezcan nuevas palabras. Para este niño el universo de la palabra escrita es un terreno absolutamente nuevo y desconocido, y está en profunda desventaja aunque tenga un muy buen dominio del lenguaje oral.

Entonces, hay maneras en que todos podemos colaborar a mejorar la capacidad lectora de futuras generaciones y, por lo tanto, mejorar los aprendizajes: hablándole a nuestros bebés y niños, y mostrándoles desde pequeños el apasionante mundo de la lengua escrita.
 
 *Catalina Covacevich es especialista de la División de Educación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), actualmente asignada a la Representación en Chile

Este post fue publicado en el blog La educación de calidad es posible del Banco Interamericano de Desarrollo (BID)


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