Hacia más control al oficialismo

Pese a sus proclamas de unidad, las diferencias entre dirigentes del Frente Amplio conspiran contra un accionar homogéneo

Pese a sus proclamas de unidad, las profundas diferencias entre dirigentes de los 28 partidos y grupos que integran el Frente Amplio conspiran inevitablemente contra un accionar homogéneo y en más de una oportunidad fisuraron el respaldo en bloque a su gobierno. Desde que llegó al poder ha sufrido ocasionalmente rebeliones de varios legisladores por oposición a la legalización del aborto y a otros temas, desde la ley de Caducidad a la última propuesta presupuestal del Ejecutivo. Pero por primera vez ha perdido en forma permanente a un integrante de su bancada, con el anuncio del diputado Gonzalo Mujica de que, de aquí en adelante, votará a favor o en contra de su gobierno según le dicten sus convicciones.

El hecho tiene una doble significación para la alianza de izquierda. Por un lado, ya no podrá contar automáticamente con la exigua mayoría de una banca en la cámara baja, que tiene desde que llegó al poder hace 12 años y que le ha permitido imponer su voluntad a los partidos opositores, para legislar o frenar censuras a ministros u otras iniciativas. A partir de ahora tendrá que negociar acuerdos para lograr lo que antes era una aplanadora automática, más allá de los disensos internos. El caso que detonó la pérdida del voto 50 es la frustrada investigadora pedida por el diputado nacionalista Jaime Trobo por los cuestionados negocios de empresas vinculadas al Frente Amplio con el gobierno de Venezuela, tema en el que Mujica votó con la oposición.

De mayor trascendencia es la implícita advertencia al gobierno y a su fuerza política de que si no liman disensiones internas y estructuran un curso común se les complicará aun más su gestión futura, teniendo en cuenta que Mujica no es el único legislador renuente a levantar la mano por disciplina partidaria cuando se votan asuntos con los que no se está de acuerdo. El tiempo dirá si la decisión de Mujica es un hecho aislado o un comienzo de desgajamiento de parlamentarios desencantados con su gobierno. A contrapelo de quienes reclaman “más izquierda”, Mujica, al anunciar su posición independiente, dijo que “creo que (el FA) tiene que correrse a la derecha”. Más que las concepciones de ideología política que conllevan ambos términos, el problema del Frente Amplio es el choque interno entre los sectores que, por un lado, reclaman más estatismo y un restrictivo aislamiento excepto con gobiernos amigos y, por otro, los dirigentes que defienden un sensato enfoque más liberal, especialmente con mayor apertura económica y activa participación del sector privado. Esta brecha, génesis de trabazones en la acción gubernamental, se evidencia en la oposición de los sectores más atrasados a los tratados de libre comercio con el país que más nos convenga, como parte esencial de la inserción internacional.

La mayoría parlamentaria de un partido gobernante es útil cuando toda su gestión está eficazmente orientada al desarrollo. No ha sido el caso con los gobiernos frenteamplistas que, entre otras claudicaciones, no supieron aprovechar la reciente década de bonanza exportadora, despilfarraron recursos en el Fondes y otras iniciativas y generaron ajustes fiscales que golpean a los asalariados. Pero ahora, sin mayoría asegurada en la Cámara de Diputados, el Frente Amplio tendrá que negociar para aprobar sus proyectos y eso es una buena cosa. No será fácil lograr acuerdos, pero será una bienvenida forma de que el resto del sistema político controle unilaterales decisiones oficialistas tantas veces erradas.


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