¿Hay algo que rescatar de las terapias alternativas?

Una controvertida columna apeló a estudiarlas
El Hospital Princesa Alexandra del Reino Unido ofreció en 2015 una plaza de terapeuta de reiki para trabajar en su unidad de tratamiento contra el cáncer de mama. Según la convocatoria, la terapia aportaría "alivio espiritual a los pacientes para ayudarles a hacer frente a las dificultades emocionales, físicas y espirituales de su experiencia con el cáncer". Sin embargo, ningún estudio científico avala su eficacia para ninguna dolencia, al menos no más allá de un teórico efecto placebo.

"Una locura, un chiste, exactamente el tipo de cosas que los sistemas de salud no deberían hacer", fueron algunas de las opiniones en contra de la decisión. Así lo afirmaba la periodista científica Jo Marchant en una controvertida columna publicada en la prestigiosa revista científica Nature.

Controvertida porque, en contra de las reacciones disuasorias contra las pseudociencias, Marchant aboga por rescatar la parte útil que podrían aportar y llevar a cabo ensayos para discernir qué elementos funcionan: ¿la conversación, el ambiente, el contacto físico?

Marchant denuncia que incorporar estas terapias, con sus auras y campos de energía, promueve el pensamiento mágico y disminuye la confianza en la medicina convencional. Pero, al mismo tiempo asegura que dicha medicina, con sus horarios apretados y el exceso de trabajo de sus profesionales, a menudo fracasa en la faceta más humana de su atención.

"El hecho de que pueda haber fallos en el diseño de los aviones no implica que existan alfombras voladoras", respondió Ben Goldacre, médico y autor de los libros Mala Ciencia y Mala Farma. En la misma línea, el cirujano oncológico David Gorsky argumentaba su respuesta a Marchant: "Solo porque existan problemas en la medicina no significa que debamos contratar curanderos para rellenar los huecos".

Sin embargo, Marchant defiende su postura: "Sé que a algunos críticos les preocupa que recomendar terapias alternativas disminuya la confianza de los pacientes en la medicina racional basada en la evidencia. Para mí, es más probable que la confianza disminuya al negar la ayuda que esas terapias pueden proporcionar", continúa la también doctora en Microbiología.

"Creo que debería hacerse de manera honesta, explicando a los pacientes que no funcionan mediante campos de energía ni nada parecido, sino mediante un mecanismo de autocuración, o alguna expresión similar. Si no, les dejaríamos sin ninguna opción más que aceptar las explicaciones pseudocientíficas ofrecidas por algunos de estos terapeutas", opina.

Otra de las críticas que ha recibido Marchant es que no deja claro que estas terapias alternativas o complementarias solo han demostrado mejorías en síntomas que acompañan a algunas dolencias, nunca en enfermedades graves. Pueden contribuir a aliviar dolor, náuseas o ansiedad, pero en ningún caso disminuyen el tamaño de un tumor ni aumentan el tiempo de supervivencia. Además, lo consiguen a través del efecto placebo.

Los peligros de abrir la puerta a las terapias pseudocientíficas son numerosos. En primer lugar, perjudican la salud. El pensamiento mágico debilita la confianza en la medicina y, una vez perdida, los pacientes pueden sentirse tentados a abandonar los tratamientos médicos. Además del abandono de la medicina, hay otros riesgos evidentes, como el de infecciones o incluso neumotórax en sesiones de acupuntura.

Aunque hay teorías que apuntan a que el placebo está sobrevalorado porque los pacientes suelen tratarse en el momento álgido de la enfermedad, y esta en muchos casos tiende naturalmente a remitir, el efecto existe. Un estudio mostró que lo que funcionaba no era el producto homeopático, sino la consulta personalizada.

Para Antoni Morral, antropólogo y fisioterapeuta, colaborador de la organización Cochrane y autor de una tesis sobre las variables que influyen en el placebo, "este es un efecto biopsicosocial real, activa áreas cerebrales y vías que en muchos casos son las mismas que activan, por ejemplo, los fármacos analgésicos".

Aunque considera que en ciertos casos las expectativas de los pacientes pueden justificar el uso de terapias complementarias, se alinea con parte del discurso de Marchant: es necesario investigar qué factores del contexto son los más eficaces y así aprovecharlos mejor. Existen numerosos elementos en el contexto: la escucha, el tacto, la mirada, la disposición de las sillas, la presencia de barreras como una mesa. Se puede estudiar la influencia de factores intangibles como las habilidades comunicativas frente a la importancia de lo material, como el aspecto más o menos moderno de las tecnologías empleadas en la consulta. La tesis de Marral mostró que son más importantes las primeras que lo segundo. (Fuente: Agencia Sinc con licencia CC)

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