"Hay que asumir la realidad como es y no como nos gustaría"

El exministro de Transporte analizó el manejo de la comunicación en el caso Pluna

¿Hay recetas válidas para administrar una crisis política cuando se está en el gobierno?

Recetas concretas no hay, porque cada crisis tiene génesis, características, amenazas y oportunidades propias. El análisis colectivo y no perder de vista privilegiar las mejores opciones para el país más allá del corto plazo, es una metodología que brinda mayores garantías para superarlas exitosamente.

¿Qué importancia tiene la comunicación en esos casos?

Es tan importante como las medidas que se adoptan. Buenas soluciones mal comunicadas terminan transformándose en nuevos problemas.

¿Cómo vivió usted la crisis generada tras el cierre de Pluna?

Con mucha tensión, preocupación y responsabilidad por encontrar soluciones a corto y mediano plazo. Mi mayor dolor y desvelo fue la gente y la conectividad país. Los cruces con la oposición son parte de las reglas del juego político.

¿Cree que el gobierno de Mujica administró bien esa crisis?

Formé parte del gobierno de Mujica y, por lo tanto, las formas de administrar la crisis me involucraron directamente y asumo la responsabilidad que me compete. Tomamos las decisiones que creíamos las mejores para intentar salir de la crisis cuanto antes. Probablemente existían otras alternativas que en medio de la crisis tal vez no visualizamos. Ya he señalado públicamente, en lo personal y visto en perspectiva, que la ansiedad por resolver todos los problemas rápida y simultáneamente puede habernos llevado a no considerar otras alternativas.

De alguna manera el costo político del caso Pluna lo asumieron Calloia y Lorenzo, ambos procesados. ¿Por qué cree que ello fue así?

Las resoluciones las tomamos pensando siempre en superar las dificultades generadas por el cierre, sin considerar los costos políticos. Aún así, no se puede negar que la peor consecuencia desde el punto de vista humano y personal la sufrieron injustamente Lorenzo y Calloia. En mayor o menor medida todos sufrimos el escarnio público al que nos sometieron algunos, que sin haber asumido en su vida ninguna responsabilidad, ni manejar información veraz y fidedigna, se ubican en un pedestal y se sienten impunes para insultar, difamar, denostar y emitir juicios temerarios.


¿Por qué cree que usted, siendo ministro de Transporte en ese momento, y figura de primera línea en las decisiones, salió sin heridas aparentes?

No comparto que no hayamos tenido heridas. Muy distinto es que no nos quejemos de ello, por considerarlo parte de las responsabilidades de gobierno asumidas. Eso no significa que todavía no estemos sufriendo las consecuencias humanas, personales y políticas. Creo que los lamentables fallecimientos de dos hombres probos y dignos como el Dr. Trelles y el querido César Iroldi, más allá de sus dolencias físicas, tuvieron mucho que ver con todo el estrés y sufrimiento vivido durante el proceso Pluna. Para bien o para mal, el tiempo siempre pone las cosas en su lugar. Eso aprendí de mi experiencia en el movimiento sindical cuando tuvimos que adoptar resoluciones dolorosas y difíciles. A ello agrego mi esperanza activa, de que el éxito de este esfuerzo de los trabajadores que significa Alas Uruguay pueda ser una reducción del daño ocasionado.

¿Se arrepiente de algo del caso?

Las decisiones las tomamos colectivamente y no creo que desmarcarse, tomando un camino individual, conduzca a nada ni represente aporte alguno. ¿Si tengo autocríticas que realizar? Sí, tengo muchas, pero hasta no compartirlas con mis compañeros e integrarlas al análisis colectivo, no creo que sea el momento de hacerlas públicas.

¿Se comunicó de forma adecuada mientras duró el caso?

Juzgando por los resultados es obvio que en este aspecto cometimos muchos errores. Si bien no tengo una visión ingenua respecto de los medios de comunicación y de lo que cada uno representa, no los responsabilizo por los errores que he cometido en comunicación. Asumir la realidad como es y no como a uno le gustaría que fuera es la primera condición para el desarrollo de una política comunicacional adecuada.


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