Hay una oportunidad, aún

Una batalla no está perdida mientras no se crea perdida
Alguien que sabía mucho de batallas y de guerras como Winston Churchill, solía repetir que "una batalla no está perdida mientras no se crea perdida". Con esa frase dio aliento a sus compatriotas en las horas más negras de la segunda guerra mundial cuando el avance de la aviación nazi sobre las Islas Británicas parecía imparable. Quizá sea una frase que nos sirva de aliento a los muchos uruguayos que estamos dando una batalla vital por una educación mejor para nuestros hijos y nos encontramos una y otra vez derrotados o paralizados por los agentes del statu quo.

Incluso los gobernantes que han intentado hacer cosas se han dado de bruces contra una pared.

Mujica logró un acuerdo partidario sobre el tema de educación y repitió esta palabra muchas veces en su discurso inaugural como para dejar claro cuál era su principal objetivo, aunque luego quedó todo en agua de borrajas. Tabaré Vázquez, en su segunda presidencia, apostó a transformar el "ADN de nuestra educación", pero sus principales alfiles para esa reforma –Fernando Filgueira como subsecretario de Educación y Juan Pedro Mir como director nacional de Educación– cayeron bajo fuego amigo. Mir cometió "el error" de decir la verdad sobre el estado de la educación y las dificultades de reformarla, y eso le llevó a ser destituido por la ministra de Educación, María Julia Muñoz. Filgueira, en gesto que lo enaltece y que no es común, renunció (en un país donde nadie renuncia) en solidaridad con Mir.

Con ellos, se fue también la posibilidad del "cambio del ADN" educativo. Incluso la ministra intentó restarle importancia a este cambio señalando que eran cambios menores de currícula. Y posteriormente agravió a Mir tildándolo de "resentido social" y de "pobre muchacho", y pretendió denigrarlo diciendo que era solo "un maestro de sexto año de escuela", como si ello fuera una ignominia. También restó importancia a la persona y cualidades de Filgueira, señalando que no había sido sugerido para el cargo por el presidente Vázquez (¿lo habrá puesto la ministra?). Sin embargo, en marzo de 2015, Muñoz se expresaba de Filgueira en otro tono: "Filgueira es una figura clave para mí, de muchísimo apoyo. No para interferir en la autonomía de los centros, sino para apoyar su desarrollo y establecer en conjunto tiempos para construir y evaluar. Es un apoyo insustituible por el saber que tiene y su capacitación en estos temas dentro y fuera del país".

Más allá del rápido cambio de la opinión ministerial sobre su subsecretario y principal asesor, lo cierto es que del cambio del ADN no se habla más excepto por parte del presidente Vázquez. Como resignado a abandonar uno de sus buques insignia, de vez en cuando el presidente vuelve a recordar la famosa expresión pero sin que se haga nada importante al respecto.

Con todo, los que sí parecen entusiasmados de verdad en el cambio del ADN son los dos jerarcas eyectados de sus cargos. Tanto Filgueira como Mir no dejan pasar una ocasión sin hacer referencia al estado calamitoso de la educación pública. En un reciente simposio, Filgueira recordó que tenemos la peor tasa de egreso de América del Sur. Y señaló que "si las tasas de egreso no se parecen al nivel de desarrollo, nuestro nivel de desarrollo se va a parecer a las tasas de egreso". Quien quiera escuchar, que escuche y luego no diga que nunca se enteró de esto.

Mir, por su parte, llamó a repensar el modelo vareliano, criticó la ausencia de evaluación, destacó intentos de reforma realizados en el pasado por Adela Reta (colorada) y Juan Pivel Devoto (blanco) y sentenció: "La historia no arrancó en 2005", llamando a mirar lo bueno y también lo errado que había ocurrido antes de que el Frente Amplio llegara al gobierno.

Pero lo que más alienta en esta batalla crucial para el futuro de nuestros hijos y sobre todo de los más desprotegidos, es que Mir anunció que tanto él, junto con Filgueira, van a presentar en las próximas semanas una fundación con el objetivo de generar aportes concretos para mejorar el sistema educativo. Y esa fundación será presentada el Día del Maestro, noble profesión que debería remunerarse y reconocerse socialmente por la importancia que tiene, como ocurre, por ejemplo, en Finlandia y Noruega, donde ser maestro es un motivo de orgullo.

Mir y Filgueira, por lo demás, han reconocido la importancia de los aportes que vienen del sector privado y que en los entornos más vulnerables muestran resultados exitosos. Y es, probablemente, en un trabajo mancomunado del sector público y privado donde pueda darse la batalla de la educación. Que no puede darse por perdida, porque sería tanto como dar por perdido el futuro de este país.

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