"Hemos ido lento en la prevención del suicidio"

El ahorcamiento es ahora el método más usado para atentar contra la propia vida, señaló el equipo de profesionales que asesora al gobierno para prevenir suicidios

Los suicidios aumentaron en Uruguay en 2016 con respecto a 2015. Esa es una de las noticias con la que recibió a El Observador un grupo de investigadores vinculados a la Universidad de la República y a ASSE, que asesora a la Comisión Honoraria de Prevención del Suicidio. Otra novedad es que el arma de fuego dejó paso al ahorcamiento como el método más utilizado. Alicia Canett, psiquiatra, Cristina Larrobla, psicóloga, y Pablo Hein, sociólogo, anunciaron que en marzo se editará el libro 70 años de suicidio en Uruguay, que busca ser un canal de divulgación y prevención de un comportamiento humano que durante 30 años la ciencia recomendó no divulgar en los medios de comunicación por temor a un efecto contagio, sin considerar que durante esas décadas de silencio las autoeliminaciones no hicieron otra cosa que aumentar.

¿Cuáles son las principales causas del suicidio?

Cristina Larrobla (CL): Seguimos la tendencia mundial y se repiten los motivos: problemas personales, sociales, familiares, laborales, educativos, económicos, y uno más que otro puede pesar en determinada persona.

Pablo Hein (PH): También la sociedad aprieta o afloja con la presión social que ejercemos sobre la gente. Por ejemplo, la que le pongo yo como profesor a mis alumnos de que tienen que estudiar y estudiar y salvar la materia, y el que se queda rezagado capaz que no puedo rescatarlo y eso capaz que puede contribuir a un conflicto familiar y ser una causa de suicidio.

CL: La teoría de que lo socioeconómico jugaba un papel central no se cumple, y Suecia es el ejemplo. Aunque la tendencia es que en épocas de crisis se dan los picos más grandes, Uruguay ha tenido crecimiento de suicidios incluso en épocas de bonanza.

Alicia Canetti (AC): En la medida que es multicausal no se puede determinar un perfil. Los factores que pesan más en cada país son diferentes. No hay un único perfil.

PH: La tercera edad, más de 65 años, es el rango donde se concentra buena parte de los suicidios, pero no es lo mismo lo que pasa en Uruguay que lo que pasa en el País Vasco, donde estuve hace poco; ahí hay siempre hogares diurnos, una integración de la tercera edad. Acá te impiden manejar, te recortan esta actividad y esta otra y te van encapsulando. Personalmente creo que el suicidio es un acto muy racional a veces y justificable. Otro factor muy presente es el tratamiento que se da en Uruguay a la muerte, que es negada, encapsulada, no se habla y eso puede incidir.

AC: Como médica debo decir que lo genético importa. Acabo de revisar una cantidad de evidencia del factor genético, pero con la idea de que el ambiente es central en la manifestación genética. Así es que uno de los descubrimientos más importantes tiene que ver con la exposición de niños y adolescentes a violencia temprana, lo que es capaz de cambios genéticos como agresividad, impulsividad, y uno de los factores de riesgo de suicidio.

¿Entonces no hay un perfil del suicida?

CL: Si hablamos de determinada franja de edad, hombre, soltero, los hombres se suicidan más, las mujeres lo intentan más; son perfiles típicos, pero es así en todo el mundo.

PH: A nivel social el suicidio es el fenómeno más predecible del mundo. Te puedo decir que en 2020 se van a suicidar más hombres que mujeres. Eso es así porque sigue una tendencia de grupos sociales grandes, pero cuando entramos a hilar más fino no se puede decir este va a ser suicida y este no. Hay veces que queremos explicar lo individual en relación con lo colectivo y es imposible. El suicidio es un prisma, es multicausal. En Uruguay hace 30 años que venimos diciendo que no se hablaba de esto porque podía haber un efecto contagio y en 30 años no hizo otra cosa que crecer. ¿No será momento de hacer como Alemania, donde hacen tremendas campañas públicas para que todos hablemos del asunto?

AC: En esta comisión de prevención del suicidio hay un intento por profundizar y se reconoce que hemos ido lento en la prevención. Para el próximo quinquenio la idea es hacer campañas pero condicionadas al financiamiento y a la voluntad política. No condice como se distribuye el presupuesto para, por ejemplo, muertos en accidentes, en homicidios y en suicidios.

CL: Tenemos todo el sistema educativo para prevenir y para ello se necesitan recursos entrenados. Pero si el personal no está preparado para enfrentar a una persona que le dice "me quiero matar", estamos en un problema.

¿Un potencial suicida da ciertas señales?

AC: El abandono de rutinas habituales, empezar a regalar pertenencias personales sin motivo aparente, el decir que uno es una carga, que "ojalá me muera", el aislamiento social, no ver amigos, desligarte de los vínculos.

Pero está lleno de casos de gente que se suicida y sus amigos o familia dicen que no advirtieron nada extraño.

AC: En general siempre se encuentran elementos. Las señales a veces son mínimas, pero en un análisis exhaustivo se empiezan a encontrar cosas. Por ejemplo, está demostrado que quien se suicidó visitó antes a su médico. Es curioso. El médico puede decir que no notó nada, pero una consulta sin motivo puede ser una señal y no las tenemos registradas como tal aunque tenemos que empezar a incorporarlas.

¿Cuál es la situación en los niños?

AC: Cada vez se da más, de 7, 8 años. Crecen los intentos. Los estudios principales se han hecho en el Pereira Rossell, donde asisten a determinados sectores. Allí aparece la violencia familiar como un factor importante, pero no está claro en otros sectores porque no se estudian tanto.

CL: También está a nivel mundial el bullying, y sobre todo últimamente a través de las redes sociales, aunque en Uruguay no sea un problema muy visible aún.

¿Cómo pesa esa idea de que la uruguaya es una sociedad depresiva y triste?

PH: También se dice que nos suicidamos más en invierno porque somos como Suiza y eso es un disparate. Uno mira las épocas del año en que hay más suicidios y son diciembre y enero, quizá porque hay que levantar la copa para brindar y hay quien no tiene con quién brindar. Son meses en que los adolescentes terminan las clases y están presionados por las notas...

AC: Yo que viví en el exterior puedo decir que la sociedad uruguaya tiene una cosa de pesimismo que aplasta. Además, esta es una sociedad muy crítica socialmente. Hicimos encuentros en todo el país con representantes de la sociedad civil y preguntábamos su percepción sobre las causas del suicidio y en general lo que salía es que había un alto juicio social, la culpa, el fracaso. Eso junto con el aislamiento social de determinados sectores en zonas rurales se percibe como muy relevante.

¿Cuánto juega la presencia de un arma en poder del suicida?

AC: Hasta el 2000 era la primera causa de muerte, pero ahora es el ahorcamiento, lo cual hace más difícil la prevención porque el arma puede controlarse más, pero andá a controlar todo lo demás.

PH: Azambuya, de la Policía Científica, dice que ahorcarse es el método más letal.

Quienes lo intentan, ¿vuelven a intentarlo muchas veces?

AC: Menos de la mitad intenta de nuevo, pero a medida que aumenta la frecuencia aumenta la probabilidad. Si tuviste cinco intentos, en el sexto hay más chances de que lo logres. No subestimemos el hecho de que haya muchos intentos.

CL: Entrevistamos en las puertas de emergencia y en 211 mil expedientes llegamos a ver casos de adolescentes que tenían siete consultas en un mes, el caso más extremo, 42 en un año. Vimos que había registros que decían intento de autoeliminación y se lo mandó para la casa sin enviarlo a un psiquiatra.

¿Esta negación y ausencia de políticas firmes se debe a un desprecio del tema, a temor a la muerte?

CL: Diría miedo a la muerte y ocultamiento.

AC: Y también la sensación de que es más fácil invertir en una campaña de vacunas que prevenir el suicidio, porque no sé cuánta eficiencia voy a tener.

PH: Así como hace años no se hablaba de sexo o de drogas, siento que la muerte es el próximo tema que va a salir.


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