Heridos y salvados por el enemigo

Historias de heridos sirios que fueron tratados en hospitales israelíes pese a que sus países están enemistados
Por Ana Jerozolimski (Especial desde Safed, Israel)

El médico sirio Abu Hamza estuvo 15 veces en riesgo de morir. El azar o el milagro determinaron que no había llegado su momento a pesar de los proyectiles y bombas que le cayeron cerca, mientras atendía heridos en un hospital de campaña. Lo que nunca había imaginado era que volvería a salvarse en un hospital de Israel.

"El enemigo está solamente en la mente de Bachar al Assad", dice con una amarga sonrisa, al preguntársele en el Hospital Ziv de la ciudad de Safed, cómo se siente al ser atendido en el país que el régimen sirio siempre presentó como "el enemigo". "Aquí me dan el mejor tratamiento y yo contaré todo esto cuando vuelva a mi país".

En la cama del al lado Fares, un agricultor de 24 años de la zona de Al-Kaswe -un área rural aledaña a Damasco- admite que al principio se sentía "raro" sabiendo que lo llevaban a Israel. Pisó una bomba que no había estallado antes y eso le provocó serias heridas. Quienes presenciaron los hechos y corrieron a intentar ayudarle, decidieron de inmediato llevarlo a la frontera, donde lo recogería una patrulla del ejército israelí y le daría tratamiento.
Como en tantas otras ocasiones en los últimos años, la frontera entre Israel y Siria, símbolo de hostilidad y peligro, pasó a ser símbolo de esperanza.

El ejército israelí no revela por qué puntos exactos se concretan estos pasajes bastante surrealistas. "Queremos poder seguir ayudando y, si damos los detalles, puede haber alguien que se ocupe de arruinar todo", dice el Teniente Coronel Peter Lerner , portavoz de las Fuerzas de Defensa de Israel, mientras muestra desde el estratégico monte Bental, del lado israelí, la cercanía con la vecina Siria. "Nuestra única consideración es humanitaria y aunque somos conscientes de que lo que podemos hacer es una gota en el mar de sufrimiento de la población civil siria en los últimos cinco años, sabemos que en algo ayuda".

Israel ha maniobrado estos últimos cinco años en medio de una compleja contradicción. Por un lado, su política oficial es de no involucramiento en una guerra que no considera suya, con la salvedad de que se reserva la libertad de actuar cuando ocurren hechos que "alteran el equilibrio estratégico", como ser el envío desde Siria de armamentos a la milicia pro iraní Hezbolá, uno de sus peores enemigos. Por otro lado, Israel tomó la decisión de prestar ayuda humanitaria en la medida de sus posibilidades, aprovechando la inmediatez geográfica entre ambos países.

El hospital israelí más cercano a la frontera es el Ziv de Safed, donde en estos momentos, además de Fares y el Dr. Abu Hamza, hay otros cinco sirios internados. El primero llegó hace tres años y desde entonces han sido 600 los sirios tratados en el Ziv, de un total de unos 2.100 que fueron trasladados al territorio de Israel. Muchos más fueron tratados en un hospital instalado por las Fuerzas de Defensa de Israel cerca de la frontera, y otros cientos en el hospital de Naharia, sobre la costa del mediterráneo.

Quien ha vivido de cerca esta situación tan singular, entre otros médicos, ha sido el profesor Alexander Lerner, israelí oriundo de la Bielorrusia soviética, que encabeza el Departamento Ortopédico en el hospital Ziv.

Lerner da ejemplos de distintos procedimientos ortopédicos , algunos de los cuales parecen casi ciencia ficción. Explica detalles médicos, pero destaca la parte humana. "Al principio, tal vez pensábamos en lo extraño de estar atendiendo sirios, debido al estado de guerra entre nuestros dos países", explica. "Pero rápidamente lo primordial pasó a ser la necesidad de parar un sangrado y salvar un miembro herido. No importa el origen del paciente en absoluto".
Este médico israelí, un hombre grande y de voz fuerte, no tiene problemas en expresar emociones. Es evidente que las siente al contar su esperanza de que "los tratamientos hagan un pequeño aporte a la construcción de la paz en la región".

Pero difícilmente pueda igualar lo que sintió cuando una niña siria de ocho años, que había llegado con las dos piernas casi destrozadas, pudo tras dos meses y medio de intenso tratamiento salir a caminar sola por el corredor con las prótesis especiales que recibió, donadas por ciudadanos israelíes. "De todas las habitaciones salieron al pasillo a aplaudirla", cuenta Lerner feliz.

Y agrega su broche de oro personal: "Antes de volver a Siria, me escribió unas palabras muy especiales: ´Doctor, lo quiero mucho y le deseo que Dios lo proteja´. Lo que sentí cuando me lo tradujeron del árabe, es imposible de describir".


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