Herrera habla desde el fondo de los tiempos

Hoy se presenta una investigación de la historiadora uruguaya Laura Reali sobre el mítico caudillo blanco
Cuatro años después de haber peleado en la revolución de 1904 junto a su admirado Aparicio Saravia con su energía volcánica característica, Luis Alberto de Herrera se encuentra en París. Es grande la distancia que media entre Masoller y Champs Elysees, pero con su cintura, su poder de adaptación y su bagaje intelectual, Herrera se amolda a las circunstancias. Entre el fin de la revolución saravista y su arribo a Europa, Herrera había promovido la paz civil en Uruguay, había sido elegido diputado, había propuesto junto a su compañero Carlos Roxlo un original proyecto de legislación laboral, había fundado un diario y había recibido la censura y la presión del gobierno de José Batlle y Ordóñez.

París era la capital cultural del mundo occidental. Allí Herrera se dedicó a escribir y a reflexionar sobre la historia de su país y de su continente. En París publica en 1910, con la editorial Gasset, uno de los libros fundamentales de su extensa producción: La revolución francesa y Sudamérica. Solo para tomar dimensión de esa editorial, vale recordar que poco después publicó el primer tomo de En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust.

En aquella obra, Herrera maneja algunas de las ideas más importantes de toda su producción histórica y política, como la incidencia negativa de la revolución francesa en América, que legó a las jóvenes repúblicas un sentido jacobino alejado del liberalismo clásico de corte anglosajón. Su intención siempre fue dar una explicación a las realidades de su patria. En Uruguay este jacobinismo estaba representado, por supuesto, por su rival de todas las horas: don Pepe Batlle, entonces a punto de volver a ser presidente de la República.

Herrera regresó a Uruguay en 1912. Ese año se publicó en París una versión en francés de su ensayo. Por algún tiempo mantuvo contacto en Montevideo y París, con el Atlántico de por medio. Una feliz casualidad hace que la historiadora uruguaya Laura Reali, que vive desde algunos años en la capital francesa, publique en 2016 un libro Herrera y enfoca buena parte de su análisis en esa obra fermental del llamado "jefe civil" del Partido Nacional.

Herrera, la revolución del orden es un libro con un océano en medio, escrito entre Uruguay y Francia. La obra de 250 páginas, editada por Banda Oriental, se presenta hoy a partir de las 19 horas, en la Fundación Fucac, con la presencia del ex presidente Luis Alberto Lacalle y del historiador Gerardo Caetano.

El valor del pasado


"Herrera creía que el pensamiento radical de la revolución francesa había tenido una influencia determinante y perniciosa en las doctrinas y las prácticas políticas de los nuevos Estados surgidos de la ruptura del vínculo colonial con España", dijo Reali a El Observador desde París.

Alejados tanto del liberalismo inglés y estadounidense como de la tradición castiza del imperio español, los preceptos de Rousseau y otros padres de la revolución habían barrido buena parte de las creencias de la organización de la sociedad y de los individuos. Las buenas intenciones habían desembocado en el terror y la guillotina había dado ríos de sangre. Ese cimbronazo había repercutido y sacudido a toda América y el resultado ante sus ojos era nefasto.

"Herrera creía que las comunidades humanas estaban fuertemente marcadas por su pasado y que toda transformación debía tener en cuenta ese factor y partir del estado actual del medio social. Todo cambio "desde arriba" que no tuviera en cuenta este punto de partida le parecía voluntarista y poco eficaz o incluso nocivo", agrega la historiadora.

Revolución sí, ¿pero en qué sentido?


Organizado en cuatro partes (sobre la cuestión nacional, La revolución francesa y Sudamérica, las guerras civiles uruguayas en la construcción de una tradición política y la recuperación de figuras como Artigas, Rosas y Oribe), el libro de Reali plantea desde el subtítulo una aproximación al ángulo que pretende su ensayo: La revolución del orden, que a priori parece tener un dejo progresista y a la vez conservador.

Para la autora es importante la polisemia del término "revolución", que bien se ha utilizado a lo largo de la historia como movimiento para que caiga un régimen como para la restauración de otro. De todos modos, el resultado final siempre impondrá un nuevo orden en la situación dada. Por un lado, según Reali, el sentido de las dos revoluciones blancas de 1897 y de 1904, en las que participó Herrera, era, además de reclamar voto secreto y mejor representación política, restaurar la legalidad perdida con la caída de Bernardo Berro en 1865.

Pero por otro lado, el "orden" estaba en la defensa de lo que Reali llama un "orden social rural y paternalista", resumido en la figura de Aparicio. Un orden antiguo de larga raigambre que la modernidad parida con la revolución francesa había barrido. Cuando Herrera estuvo en París había escuchado la intervención de un legislador francés, Jules Roche, que había defendido "una revolución del orden" frente a los atropellos de una libertad que se confundía, en su visión, con un libertinaje decadente e inmoral.

Esa bandera es la que Herrera agita en el Río de la Plata. Para Reali, su batería de ideas y proyectos choca con las doctrinas y las prácticas políticas de Batlle y el batllismo, con su forma de concebir la dicotomía campo-ciudad y el valor del pasado en la construcción de la identidad.

"Batlle no entronca con el pasado. Su plan es proyectar su época al porvenir. Herrera lleva el pasado consigo; por eso es tiempo. Batlle recibe hecho lo que quiere cambiar. Herrera recibe deshecho lo que cree que debe recuperar", escribió Eduardo Víctor Haedo en su libro sobre Herrera, en 1969. El libro de Reali entronca hoy con esta intuición de Haedo y con otras investigaciones posteriores. Si la prosa de Luis Alberto de Herrera, a más sesenta años de su muerte, todavía tiene algo para decir sobre el Uruguay del presente es porque el pasado que veneró, y sobre el que vuelve con lucidez la investigación de Reali, mantiene su plena vigencia.


Licenciada, magíster y doctora

María Laura Reali, autora de Herrera, la revolución del orden. Discursos y prácticas políticas (1897-1929), se licenció en 1999 en la Facultad de Humanidades, donde fue docente entre 1996 y 2004. Realizó un máster y un doctorado en la Ecole de Hautes Etudes en Sciences Sociales. Fue docente de historia latinoamericana en la Universidad París Diderot. Actualmente es maestra de conferencias en la Universidad París 7. Desde hace dos décadas, el pensamiento y acción de Herrera y el revisionismo histórico del Río de la Plata constituyen temas centrales de sus investigaciones.

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