Hilado de un acuerdo complejo

El gobierno busca en Alemania y Finlandia otras opciones inversoras que aseguren la segunda planta de celulosa de UPM

Pese a disponer ya de una propuesta concreta para construir las vitales obras de infraestructura, el gobierno busca en Alemania y Finlandia otras opciones inversoras que aseguren la segunda planta de celulosa de UPM. Es correcto que el presidente Tabaré Vázquez y sus ministros centren su actual gira europea en abrir el abanico de interesados firmes. Pero no puede dilatarse mucho tiempo una decisión de la que parece depender que la empresa finlandesa confirme la radicación en Uruguay de su nueva planta, con una inversión de US$ 4.000 millones que sería la mayor en la historia del país y que daría impulso adicional al crecimiento de la economía.

Las giras presidenciales de promoción inversora no han dado hasta ahora muchos frutos. Es posible pero dista de ser seguro que el resultado cambie y se logren, por el lado alemán o finlandés, los capitales que el gobierno necesita para revivir el mortecino sistema ferroviario, mejorar carreteras y ampliar el puerto de Montevideo. Entre tanto y por primera vez se ha confirmado la disposición de un consorcio internacional a asumir las obras.

El presidente de la Cámara de Comercio y corredor de bolsa, Carlos Perera, reveló a El Observador que un grupo de capitales de Argentina, Gran Bretaña y España formalizó su propuesta de construir las nuevas vías desde la proyectada planta al norte del río Negro hasta el puerto para la exportación de la pasta de celulosa, así como los trabajos de acceso a través de ciudades en la ruta y la necesaria ampliación portuaria.

El consorcio también quiere hacerse cargo de la gestión de la nueva infraestructura, punto que puede convertirse en un escollo. No solo supondría relegar a AFE sino que UPM había indicado previamente su intención de asumir la gestión. Y al no existir peajes como en las carreteras, con los que el inversor se resarce financieramente, no está claro cómo el consorcio recuperaría su inversión y obtendría beneficios. Los términos financieros están en el centro del problema. Perera señaló la realidad de que “en este tipo de cosas no existen filántropos” y que cuando “los inversores vienen es porque buscan hacer negocios”. Otro punto poco claro es que el paquete inversor propuesto es por US$ 500 millones, suma inferior a la que se manejaba hasta ahora para todos los trabajos. Perera, quien actúa como vínculo entre las partes, señaló en Berlín durante la gira gubernamental que la propuesta de ese consorcio está en manos del gobierno uruguayo desde hace dos meses.

Todo el complejo hilado de la planta de UPM está en período de negociación. Un resultado exitoso depende de que el gobierno le asegure a la empresa finlandesa que podrá cumplir su parte de crear una costosa infraestructura que hoy no existe y que, de concretarse, servirá no solo para UPM sino también para todo el sistema de transporte y otras áreas de actividad. Se negocian además el canon que UPM pagaría al gobierno y hasta garantías de paz laboral. Las obras podrán hacerse eventualmente con el consorcio anunciado a este diario por Perera o con otros inversores europeos, dependiendo de que la administración Vázquez pueda ofrecerle al que finalmente escoja las condiciones contractuales y financieras que aseguren funcionamiento sin contratiempos y las ganancias que, en el mundo entero, determinan si cuantiosos capitales externos llegan a un país o buscan otros destinos más redituables.


Acerca del autor

El Observador

El Observador