Hipotecando el TLC con China

El presidente de la República, al recibir Dilma Rousseff, fortaleció previos gestos del FA que dificultan las relaciones con Brasil
En una actitud difícil de entender, el presidente de la República, al recibir con un efusivo abrazo a Dilma Rousseff, fortaleció previos gestos del Frente Amplio y del intendente de Montevideo que dificultan las relaciones con el actual gobierno de Brasil y, por ende, un eventual tratado de libre comercio con China.

El propio Tabaré Vázquez había anunciado, hasta con optimista pronta fecha de firma, la conclusión del TLC como resultado de su reciente visita a esa nación, que abría perspectivas de mayores exportaciones a nuestro principal cliente comercial y de inversiones para mejorar la maltrecha infraestructura. Este horizonte empezó a ensombrecerse cuando la destituida presidenta de Brasil fue recibida con los brazos abiertos por las máximas autoridades del FA, encabezadas por su presidente Javier Miranda, y declarada ciudadana ilustre de Montevideo por el intendente Daniel Martínez.

El presidente y sus ministros más cercanos, empeñados en sacar adelante el complejo TLC, se marginaron inicialmente con prudencia de la visita por una poderosa razón práctica. Para que la negociación del TLC avance, Uruguay necesita que Argentina y Brasil se lo permitan mediante la flexibilización de la restrictiva resolución 32 del Mercosur, que prohíbe a sus miembros cerrar acuerdos de ese tipo en forma individual y por fuera del bloque. El presidente Mauricio Macri ha dado un preliminar visto bueno, aún pendiente de confirmación formal.

Pero su colega brasileño Michel Temer, cuya luz verde es decisiva, no ha abierto la boca.
Nuestro gobierno presumiblemente estará embarcado en estos momentos en delicadas gestiones diplomáticas para que Brasil no nos cierre el camino. Es una empresa en la que toda la estructura del oficialismo tiene forzosamente que estar embarcada ¿Qué sucedió en cambio? El partido de gobierno y el intendente capitalino recibieron con bombos y platillos a Rousseff. Y como si fuera poco, la visita culminó con un inesperado encuentro afectuoso con Vázquez, generado presumiblemente por amistad personal pero claramente inoportuno y perjudicial para los intereses del país.

Lo ocurrido es una forma segura de hipotecar la buena voluntad del gobierno brasileño, sin la cual el TLC con China será imposible. Si Temer no muestra una tolerancia de la cual hasta ahora no hay señales, el precio a pagar por la bienvenida frenteamplista a Rousseff puede ser enorme. Es difícil imaginar con qué cara el canciller Rodolfo Nin Novoa o el ministro de Economía, Danilo Astori, puedan intentar explicarle al gobierno brasileño la dicotomía que existe en el oficialismo uruguayo.

Lo que Temer y sus ministros percibirán es que una presidenta destituida en Brasil bajo cargos de manejo irregular de fondos fiscales, en medio de una ola pavorosa de corrupción durante su administración, es recibida en Uruguay por nuestro jefe de gobierno y altas figuras del FA como paladín impoluto de la democracia y víctima de lo que ella denuncia como un golpe de Estado parlamentario.

Muy pronto se verá qué efecto ha tenido la desubicada recepción frenteamplista a Rousseff. Pero lo que desde ya puede asegurarse es que las chances de que los socios mayores del Mercosur le permitan a Uruguay negociar un TLC con China acaban de tropezar con un serio obstáculo, levantado por figuras de primer plano del oficialismo que anteponen sus impulsivas simpatías ideológicas a la necesidad de que la economía levante cabeza y los uruguayos encuentren mejores horizontes.

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El Observador

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