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06

2012

No se olviden de Barbosa

Ahora que Ghiggia la pelea desde una cama de hospital, conviene no olvidarse del hombre al que, sin querer, condenó a un especial infierno

Fruto de la desilusión y de la niñez perdida, el cortometraje que mejora esta crónica trata sobre un hincha brasileño que viaja en el tiempo con el único fin de avisarle al arquero Moacyr Barbosa que el tiro de Alcides Ghiggia en la final de 1950 se le colará viboreando contra el palo izquierdo.

Más allá de la resolución de esta película que parece salida de un capítulo de la Dimensión Desconocida, la fascinación de la aventura nos pone a dudar acerca de si, para felicidad de la mayoría, no hubiese convenido que al final de aquella carrera de Ghiggia por el lateral derecho de la cancha de Maracaná, Barbosa hubiera ganado el mano a mano.

Primero porque la demografía indica que aquel 2 a 1  lo disfrutaron menos de tres millones de personas y lo padecieron casi 50 millones. Además, aquel triunfo celeste sumió al fútbol uruguayo en una larga siesta donde la modorra y el triunfalismo se mezclaron desvalorizando futuros festejos y tornando dramática toda derrota.

Pero, más allá del futbol, no está mal que uno llegue a desear que aquel viajero del tiempo arribe a tiempo aunque más no sea para salvar a Barbosa de su destino.
Porque lo más probable es que la vida de Ghiggia no hubiera sido muy diferente si Uruguay perdía aquella final.
Poco dados a los reconocimientos, los uruguayos le otorgaron alguna que otra medalla y algún que otro homenaje callejero y el puntero se quedó con la gloria de haber callado a doscientos mil torcedores brasileros.

Sin embargo, es dudoso que su felicidad o su tristeza hayan dependido del resultado de aquel partido. Sin embargo, después de la final del campeonato del mundo de 1950, la vida de Barbosa –el primer arquero negro de la selección verdeamarelha y uno de los mejores de la historia del Brasil- fue un infierno.

La gente lo marcó como único culpable de aquella derrota y le escapaba como se escapa de la peste. “Ves aquel hombre? Ese es el que hizo llorar a todo Brasil”, escuchó un día de boca de una madre que lo señalaba furiosa para que un niño lo identificara. El alcohol –que bebió solo en bares en donde la gente se levantaba en cuanto él se acodaba en la barra- no le alcanzó para olvidarse de la condena.

Ni siquiera pudo exorcizar el demonio cuando se llevó para su casa los palos del arco maldito y los quemó ante la mirada de los pocos amigos que le quedaban.
“Quema los palos, Barbosa, del arco de Brasil, la condena de Maracaná se paga hasta morir”, recuerda una canción del uruguayísimo Tabaré Cardozo

Más de una vez Barbosa quiso visitar la concentración de alguna victoriosa selección brasilera, pero los jugadores se negaron a recibir a ese talismán de la mala suerte. “En Brasil, la pena mayor que establece la ley por matar a alguien es de treinta años. Hace casi cincuenta años que yo pago por un crimen que no cometí. Sigo encarcelado”, se quejó el golero ya retirado.

Durante miles de noches Barbosa se tiró en sueños para tratar de impedir que aquella pelota envenenada se le colara en el arco. Miles de tardes repasó la jugada fatal: “Ghiggia avanza. En el centro del área esperan tres jugadores uruguayos y ningún defensa nuestro. Si hace el centro es gol seguro, y yo me quedo esperando a que lo haga. Doy un paso adelante y Ghiggia chuta con el empeine del pie. Yo toco la pelota y creo haberla mandado al córner. Cuando sentí el estadio en silencio total, me armé de coraje y miré para atrás. Y vi la bola de cuero marrón allí dentro”.
Barbosa murió el 7 de abril de 2000 a los 79 años. Murió pobre, solo, olvidado o, lo que es peor, malamente recordado.

Ahora que Ghiggia la pelea en una sala de hospital, son miles los uruguayos que piden por su recuperación. También son miles los brasileros que mandan saludos solidarios a través de las redes sociales. Es inevitable preguntarse qué actitud asumiríamos los uruguayos si el que estuviera en la mala fuera un brasilero que nos hubiera arruinado tamaña fiesta.
En estas horas en las que Ghiggia anda amenazando con entrar en su propio túnel del tiempo, no cuesta nada un recuerdo para aquel golero negro que vivió tratando, vanamente, de quemar el recuerdo de aquella tarde en la que un tiro rasante lo mató por primera vez.

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3 Comentarios

  • rafael vega - 22.06.2012 - 01:14 hs

    La Historia, Pereyra. Leete los libros de historia y podrás entender porqué muchos uruguayos quedamos satisfechos con la victoria del 50 aunque nos dé tristeza lo del golero porque no fue el único responsable. Más que satisfechos, quedamos pipones. Preferimos que festejen 3 millones de uruguayos que 100 millones de brasileros. Sobre todo cuando la cosa es entre ellos y nosotros. Si comprendiste la magnitud y la grandeza de José Artigas, comprenderás como se portaron y qué sintieron los brasileros cuando lo destrozaron en aquellos tiempos. Estoy seguro que no derramaron ninguna lágrima por nuestro Prócer. Le quebraron la Liga Federal, se confabularon en su contra; lo traicionaron, realizaron cobardes hechos contra su figura y sus ideales. Y finalmente prácticamente lo obligaron al autodestierro luego de la batalla de Tacuarembo. Pero en 1820 aquellos eran otros brasileros; los de 1950 eran otros brasileros y los de ahora son otros brasileros. Dale, Pereyra, ponete la celeste y salí con nosotros a festejar la gran victoria de Macaraná. ¿ No te gusta tomar a Maracaná como la revancha en nombre del Prócer que más luchó por la Libertad en América, con menos medios que ninguno ? Qué querés, Pereyra, una de cal y otra de arena. Dale, que la celeste está reverberando. Los brasileros, lamentablemente, seguirán llorando por los tiempos de los tiempos. Y que la vida le dé 100 años más al gran Alcides Ghiggia, uno de los héroes de Maracaná. Vamo, Pereyra, vamo arriba la celeste.

  • Federico Altuna - 19.06.2012 - 23:27 hs

    Me encantó el post por la connotación. El fútbol es un juego y nada más, y los rivales son personas iguales a nosotros. Barbosa cargó con la culpa injustamente, es verdad, y murió pobre y olvidado, pero viejo, al menos. Hoy en día hay jugadores de fútbol amenazados por los propios hinchas de su equipo, muertes de hinchas y grafittis reivindicando las muertes y las que ocurrirán. Si bien son niveles de violencia diferentes en diferentes momentos de nuestra historia contemporánea, ninguno resiste el más mínimo análisis: nos estamos equivocando como sociedad, lo hacemos hace mucho tiempo, y vamos de mal en peor. Mi viejo me cuenta de cuando no se separaban las hinchadas, y lo añoro sin haberlo vivido, y tengo un grupo de amigos que, manyas y bolsos, miramos juntos los clásicos, o la final o el partido de copa de turno, reuniéndonos y disfrutando del momento y el después. El fútbol es solo un juego, que solo sirve para divertirse. Por eso aplaudo este post. Cuando alguien como Ghiggia se encuentra en una sitación así, recordamos a su antihéroe, o cohérohe. Estaría bueno que siempre fuera así. Y que, por mas estúpido que parezca mi punto de vista, podamos convivir con quien nos gana, o con a quien le hemos ganado. Y en vez de pelearnos, nos demos un abrazo, nos felicitemos o no, nos hagamos las burlas de rigor, y nos comamos un buen asado, de camisetas mezcladas

  • Jose Antonio Diaz - 19.06.2012 - 20:05 hs

    A veces los hinchas brasileños son muy ingratos con sus futbolistas que lo dieron todo por su selección. Lo mismo ocurrió con el goleador Ademir Menezes. En Brasil quedó lapidado como el eterno sub-campeón del mundo.. y eso que fue campeón con Brasil de la Copa América y ganó junto con Barbosa el primer campeonato de clubes de Sudamérica con el Vasco da Gama. Lamentablemente ésto ocurre en Brasil porque la rivalidad entre los equipos del medio es muy fuerte y los fanáticos de los otros equipos a veces no reconocen o lapidan a jugadores que o no ganan, o simplemente no son los ídolos de sus clubes. Mientras que nosotros los hinchas del Vasco consideramos a Barbosa el mejor arquero de la historia del Vasco y de la selección brasileña, y a Ademir como uno de nuestros dos mayores ídolos junto con Carlos Roberto de Oliveira, los hinchas de otros equipos miran a estos dos ex-futbolistas por encima del hombro. Es más, Ademir Menezes comenzó y terminó su carrera en el Sport de Recife, y muchos de los hinchas de ese equipo ni siquiera saben quién es él... Mientras que entre los hinchas del Vasco da Gama él goza de una enorme idolatría que ni el mismo Romário goza.

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