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07

2012

"Guapo el japonesito" (Un cuento de Luis Lacalle Pou)

El “Cabeza de Palangana” como llamaban a Yangvan, hijo de padre japonés y madre criolla había tenido un altercado en el patio con el “Oreja” Caruso, el más malo del grado

Caminante

Desde la primera a la última letra, este cuento le pertenece al diputado Luis Lacalle Pou. Cuando me enteré de la existencia del relato, que fue escrito hace más de cuatro años, le propuse al diputado publicarlo en “Historias mínimas”. Lacalle Pou dijo que sí enseguida. La calidad del cuento será juzgada por los lectores. Esta invitación responde, sencillamente, a que son escasos los parlamentarios que dedican parte de su tiempo a redactar otra cosa que no sean discursos o proyectos de ley. Por eso, en estos tiempos en los que se lee poco y se escribe menos, la ficción creada por Lacalle Pou no deja de ser una buena noticia.

“Una cosa es un problema, una discusión con un compañero y otra es partirle la nariz muchacho, no me deja otra alternativa”.  Juan Enrique Yangvan escuchaba su sentencia en aquella oscura sala del director en el Liceo Brause.

   
El “Cabeza de Palangana” como llamaban a Yangvan, hijo de padre japonés y madre criolla había tenido un altercado en el patio con el “Oreja” Caruso, el más malo del grado.  Con habilidad por todos sus compañeros desconocida y garroneando por unas milésimas de segundo, el “Cabeza de Palangana” sacó un corto fulminante que terminó con el “Oreja” y su fama en el suelo, y su tabique nasal partido.
   
Jamás lo volverían a  alquilar así como jamás volvería a pisar el Brause. Entró como el “Cabeza de Palangana” y ese frío mediodía de agosto se despedía del liceo con el apodo de “Rompeñata”.
   
Los días,  los meses venideros el derrotero fue muy jorobado, todas las esquinas de Pando conocieron su desdicha camuflada  por varias “Patricias” de a litro que compraba en el boliche de Carlos Martulo.
    Un día de febrero, cuando cantaba la chicharra a media tarde en la ruta 74 casi llegando a  Suàrez, el  Rompeñata se sacaba las ganas contra una bolsa improvisada que colgaba de un viejo pino en la casa de su amigo Robert  Delgado.
  
 A esa hora, el Churrinche Fleitas regresaba de una comilona con sus alumnos pugilistas.  El Churrinche que iba de acompañante en aquel viejo Indio, miraba las largas extensiones de lechuga, tomates, zanahorias mientras rememoraba sus años mozos como sparring de Monzón, durante los años dorados del pugilato en la vecina orilla.
   
Su intercambio imaginario de guantes se cortó abruptamente cuando vio a aquel japonecito sacudiendo la bolsa con un gancho impresionante.
    “El gurí tiene mano pesada” pensó el Churrinche mientras le pedía al Tito, quien iba al volante, que se tirara a la banquina. Los saludos fueron escuetos. El Churrinche casi no podía hacerse entender después de aquel cross en la traquea recibido hacía más de una década. Y “Rompeñatas” Yangvan habló poco de puro desconfiado no más.
   
Recién esbozo una sonrisa cuando el Churrinche lanzó una combinación de doce golpes contra la ya maltrecha bolsa.
    “¿Te gusta el Boxeo nene?” le pregunto sin mirarlo, en medio de la golpiza, el Churrinche al ya boquiabierto japonecito.  “Más o menos”, respondió éste. Durante algunos días Freitas relojeó al muchacho, hasta que, convencido de su ojo clínico, invitó al futuro alumno a su rancho allá en la Tumba del Negro, cerca de Suárez.
 
  El asado se estaba terminando y los ojos de aquel asiático criollo brillaban escuchando los cuentos del Churrinche algo exagerados debido al rosado con coca.
    Churrinche hablaba y acariciaba a su majestuoso gran danés que inmóvil se entregaba a las brutas caricias de su amo.
    “¿Y te animas a extrenarme?” No sé botija, hay que aflojarle a la noche y a la birra, mirá que en esto no alcanza con ser guapo, hay que entrenar duro.
    Por primera vez en la vida Juan Enrique, el antiguo “cabeza de palangana”, tomó algo en serio y a conciencia.
    Antes de hora, ya estaba poniéndose las vendas usadas que le había regalado un jugador del Cinco Esquinas; siempre ansioso por aprender.  Su locura era el punching ball; con asco pero con esfuerzo hizo los abdominales.
  
 Una tarde el Churrinche, viendo que su pupilo mejoraba, lo invitó al  L'Avenir donde decenas de muchachos de su edad entrenaban día y noche.  Durante las primeras dos semanas, aunque “Rompeñata” insistía, no lo dejó subir al ring.
  
 Llegó el día en que el “Queso” Abon, un negro grandote de más de ciento díez kilos, cuyo momento de éxito habían sido tres rounds en Salto, necesitó un sparring.
Esta vez sí, más rápido que ligero el  japonecito saltó el ring.  Fueron  rounds de hacha y tiza; los tuvieron que separar con tenazas.
 
  Despuntaba el año 98 cuando “Rompeñata” pechó por primera vez contra un gurí de Montevideo apodado la “Vieja” (por su extraña forma de trotar encorbado). El pleito duró unos segundos. Aquel gancho que tiraba en la bolsa casera impacto fuerte en el mentón de su oponente y el “Rompeñata” obtenía el primero de sus triunfos.
 
  Una docena de combates pusieron a nuestro personaje en la pelea por el titulo Uruguayo de peso mediano. Era tal el fanatismo que había despertado en Pando, que el espectáculo se desarrollo en la explanada frente a Yerba Canarias, entrada gratis, imagínense, de arriba igual un rayo. Para quienes pudieran o quisieran, unos veteranos vendían unos bonos colaboradores para la Asociación  de jubilados de la Ciudad Agro Industrial y Comercial.
  
 El combate de fondo, por todos esperados empezó a la hora programada. A las 9 de aquella noche abierta, llena de estrellas, subió al ring el locatario, nunca tan ovacionado, Juan Enrique “ Rompeñata” Yangvan y un muchacho de la capital, Rafael Leopoldo “ Panza de Piedra” Pérez, famoso por cansar a sus adversarios a base de clinch.
    Corto va, gancho viene, cross va, recto viene, durisimo. El Churrinche no paraba de animar a su pupilo, en vano, ya que su escasez de voz y el rugir de la popular no dejaban a “ Rompeñata” escuchar nada.
 
  En el décimo asalto, Yangvan  tenía a “Panza de Piedra” contra las cuerdas, el entrenador vacilaba con la toalla en su mano. Un buen golpe mas y Pando tenia a su campeón. Pero la historia  esta hecha de momentos, de minutos, de segundos y el que vamos a relatar fue uno de esos cruciales.
  
 Se preparaba Yangvan a sacar un cross de zurda, y justo en ese instante, desde la tribuna, ¿ cuando no? a un “vivo”, se le ocurrió gritar: “¡Vamo arriba cabeza de palangana!”
    La mente  de nuestro púgil retrocedió a aquellas horrendas jornadas donde era el hazme reír del Liceo. Y así como quien no quiere la cosa, bajo la guardia.
    A “Panza de Piedra” se le podía dar cualquier cosa menos medio metro para sacar su golpe preferido, dicho sea de paso, nada ortodoxo.
    Aquella panadera lo durmió, se le apagaron los ojos, se le taparon los oídos a Yangvan.

Las luces de Pando se apagaban y la poca gente aun despierta masticaba su furia y desazón en las casas. Dos siluetas se alejaban cruzando el puente sobre el arroyo Burro Muerto rumbo al Talar. Uno de ellos era aquel director del Liceo que tuvo que expulsar a Juan Enrique Yangvan y ahora era su  fan numero uno. Con los dientes apretados se alejaba despacio mientras murmuraba:  “era guapo el japonesito”.

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7 Comentarios

  • alberto rodriguez - 22.07.2012 - 11:35 hs

    panza de piedra???? "panza e piedra" en todo caso, cuando vio un canario poner un seudonimo con todas la letras??? como era que le decian "vieja" o "la vieja" porque quedo el la fuera del nombrete? se lo decien porqu tortaban "encorbado" asi caminaba con faltas de ortografia? porque hasta donde yo se es encorvado... estas se las dejo, asi cortitas para que vayan "valorando" este hermosos cuento........rompeñata??? pero a quien se le ocurre? a un pibe de carrasco que nuca camino por un andurrial y se quiere hacer el coso con la gente... por favor un poco mas de respeto...

  • alberto rodriguez - 22.07.2012 - 11:29 hs

    Señor Gonzales. siento mucho que ud no pueda hacer un comentario literario sobre algo y sin evitar defender y comentar sobre mi comentario. Como puede leer mi comentario fue breve y personal, ni siquiera me importo lo que lo demas opinan. hasta que se menten conmigo. Ud es uno de los incapaces que no puede evitar salir adefender un penoso escritor que es publicado solo per ser quein es.animarse a decir lo que uno piesa sobre el valor literario de este escrito sin temos a que lo califiquen de opositor partidario es mucho mas dificil que elogiar este espantoso cuento, que solo le puede gustar a alguein que nunca haya leido nada importante. Ud se dice apolitico y ademas es un iletrado que nunca entendio absolutamente nada de redaccion y literatura, le puede gustar todo lo que quiera esta bazofia, pero lo unico que no puede hacer es pretender que los demas compartan sus gustos y encima que se callen la boca al respecto. Solo los sobrenommbres usados en este cuento son tan irrelaes que , solo eso , hacen del cuento una estupidez, propia de un adolecente, cn mucho tiempo para escribir pelotudeces.... eso no esta mal, tampoco esta mal que lo haya escrito el diputado, lo que es ridiculo es que esto sea valorado por lo que es porque es una porqueria impresionante y si esto lo hubiese escrito cualquier otra persona se mantendria en el total desconocimiento del publico... Lamento que no haya podido desarrollar el gusto por la buena literatura, el columnista tenia que rellenar un espacio que no saia como llenar, de paso le chupo las medias a un amigo.... todos los demas, se las chupan gratis....ud otro mas, de los chupamedias que pululan por el foro... no extraña tampoco que hubiese podido dejar su opinion si calificar la mia,. porque porque el cuento es una pena y ud no sabe que coño decir al respecto...

  • Jorge Gonzalez - 22.07.2012 - 10:22 hs

    Me gustó el cuento. está muy bien gracias por compartir Señor rodriguez. me cuesta creer que no pueda leer unas lineas sin dejas entrever su inclinación política. La verdad que pienso, después de haber leído su comentario que el que da mucha pena es usted. yo soy apolítico por suerte y puedo leer un cuento tan entretenido como este sin que me salga cianuro por la boca... Saludos a todos

  • alberto rodriguez - 19.07.2012 - 16:49 hs

    que se puede esperar de una persona que no sabe o no puede o no quiere poner su nombre en el casillero correspondiente, nada. un pobre señor que compara a este muchacho que esta donde esta porque su apellido lo puso alli, con zorrila de san martin o carlos roxlo, cuando lo unico que se necesita para darse cuenta de las diferencias como literato, es haber terminado la primaria....pero si para morrel es dificil poner el nombre para que le aparezca en el casillero corespondiente, es una obra de ingenieria, que se puede esperar de sus expresiones. no mucho...pobre lacallito, el intenta pegar (sin talento, claramente), lamentablemente la gente se da cuenta y no lo vota... ahora, que el pseudo periodista de esta columna se vea oblgado a publicarlo por genuflexion ideologico empresarial , dado que queda fenomeno con su patron , vaya y pase, el hombre defiende su puestito de trabajo, pero que morell incapaz de llenar un casillero salga a defender esta, a toda vista, espantosa obra literaria, simplemnte, por alchueteria ideologica... da mucha pena.... bue se sabe de donde viene y las capacidades que lo adornan. es simplemente coherente con ellas...Este muchacho se quiere hacer el polpular y ni siquiera se le ocurren nombretes o spbrenombres medianamente creibles... parece una redaccion de tercero de liceo...

  • - 18.07.2012 - 00:02 hs

    Al resentido Rodriguez le digo,porque seguro no sabe y si sabe repase, que Carlos Roxlo, Juan Zorrilla de San Martin, Jose Enrique Rodo, Acevedo Diaz entre otros, fueron parlamentarios y por ende politicos siendo de los mejores escritores del uruguay. Pero las cosas hay que tomarlas de quien vienen, asi que arriba luisito , pegueles con talento que a ellos les duele. firma antonio morell

  • Juan Eduardo Arrarte - 17.07.2012 - 18:25 hs

    Ya hace algunos años que no vivo por allí, pero por la descripción de los lugares deja bien en claro que es un conocedor de toda esa zona de Canelones.

  • alberto rodriguez - 17.07.2012 - 15:54 hs

    ahora se comprende porque se dedico a la politica, era inevitable.

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