¿Hizo bien el Partido Colorado en echar a Francisco Sanabria?

Al menos no hizo una caravana, pero ciertas sanciones tienen sus bemoles

Puede parecer algo obvio o elogiable que un partido político expulse de sus filas a uno de sus dirigentes que fue procesado por la Justicia por el delito de apropiación indebida, como ocurrió con el exdiputado suplente por el Partido Colorado Francisco Sanabria.

Pero una cosa es lo que parece cortando grueso y otra la que puede parecer si nos detenemos en algunos detalles.

Por ejemplo, la afirmación contenida en el primer párrafo de esta nota no es del todo correcta.

Sanabria fue expulsado o suspendido en sus derechos o como se le quiera llamar, en la tarde del sábado, y Sanabria fue procesado el domingo de madrugada. O sea que el partido lo sancionó antes de que la Justicia le abriera una causa, porque técnicamente el procesamiento no es sentencia de culpabilidad sino el inicio de una investigación para ver si será sancionado penalmente. Esto, que para algunos es un detalle porque, dicen, Sanabria ya reconoció sus actos, no lo es, y sino, recordemos a los llamados "enfermeros asesinos", uno de los cuales llegó a autoinculparse, pero luego la Justicia los halló inocentes.

En segundo lugar, Sanabria ya había renunciado el 23 de febrero a su suplencia en Diputados y a los cargos que ocupaba en el Partido Colorado. Al parecer no había renunciado a su pertenencia a esta colectividad política. Obvio que esta era una buena oportunidad para los colorados de dar una señal de transparencia, porque esto es política y en política casi todo vale. Al final, se puede decir y no sin un poco de razón: "palo cuando bogas y cuando no también".

Pero eso no obsta para analizar algunos aspectos que pueden trascender este caso u otros que están en el corazón mismo del episodio Cambio Nelson. Por un lado, Sanabria fue procesado por un asunto entre privados. No es en modo alguno comparable con otros procesos judiciales a dirigentes políticos por su labor en un cargo público. Si hiciésemos un repaso en la vida privada de todos los dirigentes, ¿con cuántas causas judiciales nos encontraremos?

Lo ético es una cosa y lo jurídico otra, se argumenta. Es cierto. Pero cuando la falta de ética se vincula directamente a un asunto cuestionado jurídicamente hay que ser muy fino a la hora de manifestarse. Una cosa es un gobernante que hace un gasto abusivo con dineros públicos y si bien puede no ser delito algunos lo pueden considerar anti ético. Pero no es el caso. Aquí la falta de ética está directamente y únicamente relacionada con la acusación por su acción en el Cambio Nelson. Y este asunto del Cambio Nelson involucra al Partido Colorado desde hace tiempo. Su fundador, el extinto Wilson Sanabria, fue miembro de la comisión de finanzas del Foro Batllista y Francisco fue el principal financista de la campaña de Germán Cardoso en Maldonado. ¿Cabe o no destacar el hecho de que ni siquiera los dirigentes más allegados a Sanabria padre primero, y a Sanabria hijo después, se dieron cuenta de que algo no funcionaba bien. Y que en definitiva, seguro que sin quererlo, parte de la campaña se financió con dinero mal habido. Ya que el daño se considera lo suficientemente grave como para enviar al exilio político a un dirigente, ¿se indagará en la interna colorada si alguien sabía y aún así aceptó la plata de Sanabria para financiar campañas? Sí, la ética es una cosa y lo jurídico otra. Pero aquí se accionó recién cuando el caso Cambio Nelson estalló jurídicamente.

Lo que le pasa a los colorados no le es exclusivo ni nuevo: como ocurre con casi todos los procesados (entre otras cosas porque en este país se hizo cultura procesar con prisión), Sanabria es responsable antes de que se demuestre fehacientemente que lo sea. Abundan los casos, en la política y fuera de ella, de personas incineradas en el altar de la Justicia que luego resultaron inocentes; y que vayan a aclarar luego. El procesamiento va en tapa, la absolución en página 6. No hay en esta columna una posición a favor o en contra de lo que hizo el Partido Colorado. En todo caso, es más discutible hacer una caravana para apoyar a dirigentes indagados por acciones en cumplimiento, en ese caso sí, de una función pública. Ese fue el efecto inverso: festejaban su inocencia antes de que la Justicia se pronunciara en tal sentido. Estas son apenas algunas dudas y preguntas. Como, por ejemplo, ¿una vez que Sanabria pague jurídicamente sus deudas con la sociedad, el Partido lo admitiría de nuevo? Si la cuestión es ética y no tiene nada que ver con lo jurídico, ¿en qué caso el partido lo volvería a admitir? ¿Nunca? ¿O sea que los errores éticos no caducan? ¿Son imperdonables por los siglos de los siglos? O como dijo alguna vez con descarnado realismo el expresidente Julio Sanguinetti: "En este país no hay muertos políticos, apenas heridos de consideración".

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