Hombres tejedores: nuevas masculinidades en construcción

Un grupo de tejido en Santiago de Chile reivindica la igualdad de géneros
Claudio Castillo Malebrán, de 27 años, es el profesor y quien dirige el grupo denominado Hombres Tejedores, de Santiago de Chile. Un grupo que supo romper con prejuicios sociales, encarando un oficio que tras varias generaciones no pudo verse de otra forma que femenino en un 100%. "El tejer se asocia a la mujer porque es una actividad vinculada a las labores domésticas y porque requiere de motricidad fina, coordinación y paciencia. Además es una actividad que no requiere fuerza física, sino delicadeza y creatividad", afirma Castillo.

Claudio es nuevo en el tema. Comenzó en enero de 2016. El grupo lo integran doce hombres permanentes, además de los alumnos que asisten a los talleres. "De a poco se ha ido formando un grupo entretenido. Los chicos tienen entre 25 y 55 años, de profesiones nutricionistas, kinesiólogos, diseñadores, periodistas, informáticos, bailarines y actores. La mayoría solteros, un par casados con y sin hijos. Y ahora, además de dar clases, nos juntamos para disfrutar del tejer, conversar y compartir", comenta Castillo, quien, además, se dedica al circo y a la danza.

Antes de comunicarme con Claudio, me pareció importante la opinión de Cecilia Lalanne, diseñadora de Manos del Uruguay. Le pregunté si tenía conocimiento de algún grupo de hombres que tejiera en Uruguay. Según Lalanne, dentro de la comunidad de Manos hay solo un hombre, y se dedica a teñir la lana. Ante mi pregunta de: "¿Por qué?", me contestó: "Es una cuestión de tiempo. Cuando éramos chicas, nuestras madres, nuestras abuelas, tejían. Era una cuestión muy femenina. Después llegó un momento que murió un poco el tema de la manualidad en general, y entre ellas el tejido. Hoy ha habido un renacer de todo lo que los americanos llaman los crafts, que son el coser, el tejer, el bordar, el pintar, hacer tapices. Una tendencia muy fuerte que se está dando sobre todo en los jóvenes. Y acá en Uruguay, se ve en hombres que estudian diseño o que estén relacionados con alguien fanático del arte del tejer; recién está empezando esta tendencia que valoriza lo hecho a mano. Acá todo es de a poco."
Volviendo al chileno Claudio Castillo, le hice unas cuántas preguntas para sacarme todas las intrigas, de un grupo que no solo está siendo mirado y admirado por el resto de Chile, sino observado con lupa por el resto del mundo. Es que Castillo va a marcar un antes y un después en un mundo donde el feminismo está a boca de jarro.

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¿Cuándo aprendiste a tejer?
Hace seis años, cuando entré a la Universidad. Vi a unas amigas tejiendo y les pedí que me enseñaran. Mi formación en el arte textil ha sido principalmente autodidacta, a través de tutoriales, revistas, libros y experimentación. Hoy en día manejo técnicas como palillos, crochet, telar decorativo, telar maya, telar cuadrado y fieltro. Lo último que estoy aprendiendo es telar mapuche, una de las técnicas que más me ha gustado por su dificultad técnica y su profundidad simbólica.

¿Qué te motivó a formar un grupo de tejedores y que solo fueran hombres?
Partió por mi motivación personal de compartir lo que había aprendido. Y además poder darle la posibilidad a otros hombres de incursionar en esta actividad tan bella. Darnos la posibilidad de entrar en aquellas actividades vinculadas socialmente a la mujer, y de ese modo cuestionar la construcción de nuestras masculinidades y, por consiguiente, generar nuevas masculinidades: más amables, más tiernas, sensibles y fraternas. En este sentido y considerando el feminismo como un movimiento que busca la igualdad de derecho y deberes entre géneros, sí, Hombres Tejedores se puede ver como una propuesta feminista.

¿Qué significa para vos el tejer?
Para mí es una herramienta de creación. Puedo volcar toda mi creatividad y amor en él, para crear cosas, desde materias primas sencillas y nobles. Para mí tejer es un arte como cualquier otro. Es una técnica que permite crear y expresarse.

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¿En algún momento se sintieron discriminados?
Sí. Muchos chicos pidieron cuando pequeños a sus madres o abuelas que les enseñaran a tejer, pero ellas se negaron a hacerlo porque consideraban que no era una actividad para hombres. Además, la mayoría de los hombres aún no se atreven a tejer en espacios públicos, por miedo a la burla, los prejuicios y la posible violencia verbal, física o simbólica a la cual pueden verse sometidos. Así me lo manifiestan muchos seguidores de países latinoamericanos como México, Argentina, Colombia, entre otros. Se asombran que esto esté pasando en Chile y añoran que en sus países se generen iniciativas similares. En ese sentido, creo que aún queda mucho trabajo por hacer y esta iniciativa busca en parte contribuir en esa causa.

¿Creés que es una tendencia en alza?
Sí. Sobre todo acá en Latinoamérica se está sembrando una semilla que de seguro germinará en los próximos años. Creo que es una tendencia del aiglo XXI que los hombres empiecen a incursionar en actividades asociadas a lo femenino, y de esa forma construir nuevas masculinidades.


Fuente: Dolores de Arteaga - www.lacitadina.com.uy