Huir de la línea de fuego

El éxodo de Mosul, la ciudad iraquí tomada por el Estado Islámico y ahora bombardeada por el gobierno, en fotos de The New York Times

Por Sergey Ponomarev y Tim Arango

New York Times News Service

Cada día, docenas de familias eligen partir, algunas portando banderas blancas aún cuando son blanco del fuego de morteros o de francotiradores del Estado Islámico. Las nubes negras de los pozos petroleros incendiados por los militantes ofrecen un telón de fondo distópico a las escenas de huida; la situación es tan mala al sur de Mosul que las ovejas ahí han empezado a volverse negras.

La campaña de los militares para retomar Mosul, la segunda ciudad más grande de Irak, está empantanada en una lucha agotadora. Buscando escapar de los combates, más civiles que nunca están corriendo el riesgo de la evacuación, con la esperanza de encontrar ayuda si pueden pasar el rango de tiro de los militantes.

Las cifras cuentan una historia: casi 70.000 personas han sido desplazadas hasta ahora, aproximadamente la mitad de ellas niños, según Naciones Unidas. Pero el éxodo realmente solo acaba de empezar. Podría haber un millón más de personas aún en Mosul, la mayoría enclaustradas en el oeste del río Tigris, donde los combates no han llegado.


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