Impuestos y desarrollo

Columna de opinión de Luis Romero Alvarez publicada en El Observador Agropecuario
Por Luis Romero Alvarez
Especial para El Observador


El gobierno, presionado por la tóxica ala ultraizquierda, no para de hablar de impuestos como si fuera un mantra que los hace sentir bien.

No importa que el Estado esté gastando más que nunca en la historia del país; no importa que tengamos un fuerte déficit fiscal luego de un período de bonanza como nunca antes se vio, no importa que la inflación se haya mantenido siempre por encima de las metas, nada importa, nada.

Sólo cuenta el disfrute envidioso y revanchista de hacerle doler a los ricos, a cualquier costo. Los que así piensan y actúan no son personas interesadas en el bien común, no tienen talla de estadistas, no saben nada de economía y están en el polo opuesto de las personas bien educadas y con don de gentes.

Pero una coyuntura histórico política les dio poder y visibilidad para mal de este pobre país. Imagino que los frentistas serios y bien intencionados estarán desolados al ver y oír los descalabros de gestión y las propuestas de atacar al capital por que el capital debe ser atacado.

Los antídotos de todos los venenos se hacen con el mismo veneno, así que el propio Frente Amplio deberá desde su ala moderada y seria, neutralizar a su ultraizquierda tóxica si quiere seguir siendo opción de gobierno a futuro. Porque la fórmula de subir y subir impuestos para despilfarrar la plata de todos finalmente afecta al pueblo entero: como sin querer se le cobran pesados impuestos hasta a los sueldos bajos y el capital desensilla hasta que aclare, lo que implica que no invierte, manda gente al seguro de paro o la despide, no crea nuevos puestos de trabajo, no importa equipos, produce menos o directamente cierra y así paga menos impuestos.

Al dueño del capital así se le termina haciendo un favor: no tiene que lidiar más con sindicalistas agresivos y desubicados, no debe luchar más contra regulaciones kafkianas, no debe batirse contra costos altísimos en comparación internacional; con su capital invierte en otro país y vive bien y tranquilo.

Pero lamentablemente el Frente Amplio (FA) no ha perdido una oportunidad de subir impuestos y parece que lo va a seguir haciendo. Y eso nos está haciendo daño a todos.

Para muestra de lo que sucede cuando se suben impuestos al capital más y más, basta el ejemplo del sector agropecuario. Si se suben impuestos ciegos se extensifica la producción, es una respuesta racional a una acción del gobierno irracional. Una producción más extensiva implica menor inversión, menor productividad, menor generación de puestos de trabajo, menores exportaciones y menor recaudación de los impuestos buenos, los que nacen de la renta obtenida.

Impuestos altos al capital son una mala idea, solo defendible por quienes no han estudiado economía y política tributaria; hasta el propio FA en su reforma del 2006 le puso una tasa máxima de 25% al trabajo y de 12% al retorno del capital.

Pero de allí en adelante, y en especial con la tierra, las ansias de cobrar más y más no han parado. Hay que entender que el capital rinde entre 3% y 4% en cualquier rubro y cualquier parte; se puede consultar el libro de Picketty sobre este tema que trae series de retornos del capital de tres y cuatro siglos. Ese es el retorno que rinde la tierra como capital (sin trabajo ni inversión adicional productiva); entonces hay que medir los impuestos a la tierra no contra el valor de la tierra –porque no se pagan impuestos vendiendo campo– sino contra ese 3% o 4% de renta anual. Y entonces se ve que la carga tributaria contra esa renta es altísima, lo que conduce directamente a lo que nadie quiere: la extensificación y el estancamiento del agro. Esa película ya la vimos, lamentablemente. Que nadie ponga cara de sorprendido ahora que se estrena de nuevo.