Inaplicable ejemplo del riel

A la Unión Ferroviaria le ha dado poco trabajo hacer fracasar la división de AFE en dos empresas.

"Todo anda sobre rieles” es un dicho que toma al ferrocarril como sinónimo de buen funcionamiento aceitado en cualquier área de actividad. La expresión es pertinente en casi todo el mundo pero no en Uruguay, donde la incompetencia gubernamental ante el atraso obstruccionista de un sindicato minúsculo ha convertido al riel en ejemplo de lo que funciona mal. A la Unión Ferroviaria (UF), que congrega a unos 500 afiliados, le ha dado poco trabajo hacer fracasar la división de AFE en dos empresas. Ambas son estatales pero una opera bajo el derecho privado, rechazada a rajatabla por el sindicato para no perder el privilegio de los funcionarios públicos de tener seguro de empleo de por vida, así trabajen bien o no.

Este ilusorio plan oficial para restablecer un modesto servicio ferroviario ha resultado en el derrumbe sostenido de las pocas cargas que transportan los trenes por vías defectuosas y a paso de tortuga. En el primer semestre de operación del sistema bicéfalo, en la segunda mitad del año pasado, las cargas cayeron 21,69% con respecto al transporte de mercaderías en igual período de 2014, cuando ya se habían derrumbado al nivel más bajo de la historia. El ministro de Transporte y Obras Públicas, Víctor Rossi, informó el año pasado que el subsidio gubernamental a AFE rondaba los US$ 20 millones anuales. Esta suma, al igual que los déficits de ANCAP, los dispendios del Fondes o el mal manejo del cierre de Pluna, sale del bolsillo de todos los uruguayos que pagan impuestos.

La debacle ferroviaria viene desde hace décadas, cuando sucesivos gobiernos miopes dejaron caer el servicio para priorizar un sistema carretero que hoy se ha deteriorado agudamente por el exceso de tránsito de cargas pesadas en camiones. Pero la crisis empeoró por la inercia gubernamental desde que el Frente Amplio llegó al poder. En su primera presidencia, Tabaré Vázquez estaba a punto de cerrar un acuerdo con un consorcio privado para recuperar el ferrocarril. Pero la UF dijo no y ahí se abandonó el proyecto. Su sucesor, José Mujica, anunció como seguro que empresas chinas iban a reconstruir el ferrocarril, utilizando su propio personal en tareas especializadas. El sindicato volvió a quebrarle la mano al gobierno, ante lo cual la administración anterior pergeñó dividir AFE en dos, manteniendo al ente bajo el sistema público y a Servicios Logísticos Ferroviarios (SLF) bajo el derecho privado, para asumir el transporte de cargas.

Nadie tuvo en cuenta la previsible negativa de la UF a operar bajo el derecho privado, en el que mantener un empleo depende del rendimiento del trabajador. Pese a que el cambio no implicaba pérdida de puestos de trabajo, solo unos pocos afiliados al sindicato aceptaron pasar a SLF, lo que ha obligado a contratar y tratar de entrenar a funcionarios sin experiencia en un trabajo especializado y ha conducido a agudizar el derrumbe de las cargas transportadas por riel. El fardo, uno de los muchos transferidos por el segundo gobierno frenteamplista al tercero, tiene una única solución. Depende de que el gobierno acepte que un pequeño sindicato atrasado no puede frenar un servicio que es esencial para el trasiego de mercaderías en todo el país y actúe con la visión y energía que han faltado. Pero los antecedentes apuntan a que es esperar más de lo que el gobierno es capaz de hacer, al menos hasta ahora.


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