Incentivo para mejora educativa

El informe de Ineed debe inducir a salir de una crisis que no solo amenaza el futuro de la juventud, sino también el desarrollo del país

Inédito reconocimiento oficial de una realidad crítica que debe incentivar su mejoramiento. En ambos aspectos radica la significación del informe del Instituto Nacional de Evaluación Educativa (Ineed) que, por primera vez desde el ámbito del Estado, desnuda con crudeza las claudicaciones de la actual estructura de la enseñanza. El estudio sobre los dos últimos años que acaba de presentar el organismo, creado por la Ley de educación en 2008, señala estancamiento en las metas fijadas por la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) de universalizar 14 años de escolaridad y egreso del 75% de bachillerato de jóvenes para 2020.

Lo confirma su conclusión de que apenas el 40% de los alumnos logran concluir bachillerato y, además, seis años más tarde de la edad que corresponde.

Por otra parte empeora la desigualdad social, contradiciendo los planes oficiales de que todos completen sus estudios. Mientras el 95% de los estudiantes de las familias de mayores recursos termina el bachillerato antes de los 19 años, el porcentaje cae a la mitad en los hogares más pobres. Ineed enfatizó que, pese a una posición relativamente buena entre los países de América Latina, “tanto en primaria como en media existe un serio problema en el desarrollo de competencias básicas”.

Al presentar el informe, el director ejecutivo del Ineed, Mariano Palamidessi, señaló que “una parte importante de los estudiantes encuentran dificultades para desarrollar competencias básicas”, flaqueza que “ya se empieza a expresar en los primeros grados de primaria”. Esta carencia ya había sido comprobada en las últimas pruebas internacionales PISA, que mostraron que un 52% de los adolescentes carece del mínimo nivel exigible en matemáticas, en tanto un 40% está en igual situación en lectura y ciencias.

El gobierno y las autoridades de la educación han hecho oídos sordos desde hace muchos años al señalamiento de las claudicaciones educativas por instituciones y técnicos privados, así como por los partidos opositores. Pero mal pueden ignorar un informe de su propia órbita estatal que evidencia el fracaso de los tres gobiernos del Frente Amplio. A la imperfecta y cuestionada Ley de educación del primer período presidencial de Tabaré Vázquez siguió la inoperancia de su sucesor José Mujica, que acordó con todo el sistema político adecuadas reformas básicas que fueron rápidamente archivadas.

Y Vázquez inició su segunda presidencia prometiendo un cambio del ADN de la educación para sacarla del atraso. Pero dio marcha atrás por oposición del presidente de ANEP, Wilson Netto, incluyendo la desaparición de los jerarcas que había puesto en el ministerio de Educación para llevar adelante las reformas.

El informe de Ineed debe inducir a salir de una crisis que no solo amenaza el futuro de la juventud. Hipoteca además el desarrollo de un país que necesita la mano de obra calificada que hasta ahora virtualmente no produce y que es indispensable ante la creciente tecnificación mundial en todo tipo de trabajos. Las autoridades de la educación estuvieron ausentes de la presentación del estudio de Ineed para no dar la cara a la prueba de sus ineficiencias.

Quizá haya llegado el momento de que Vázquez nombre jerarcas competentes si realmente quiere sacar a la educación del marasmo en que se debate.


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El Observador

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