Inferno no logra levantar la temperatura del cine

La adaptación más reciente de Dan Brown es confusa
Por Michael O'Sullivan, The Washington Post

Luego de El Código Da Vinci y Ángeles y demonios, ¿alguien esperaba que Inferno, la adaptación más reciente de la serie de thrillers del novelista Dan Brown sobre el simbologista trotamundos de Harvard Robert Langdon, no fuera esquemática, tonta y un poco caótica?

En esas películas, vimos a Langdon (Tom Hanks) correr de un monumento famoso a otro, tratando de resolver enigmas que han sido dejados para él en sitios relacionados con la historia del arte, convirtiendo la experiencia de ir al cine en una versión de alguna forma más cerebral e indirecta de una cacería del tesoro urbana.

Inferno, basada en el cuarto y más reciente de los libros sobre Langdon creados por Brown, nos lleva desde Florencia hasta Venecia y Estambul, mientras nuestro héroe sigue un rastro de migas de pan que los llevan a saltar muros en los jardines Boboli, inspeccionar los caballos de bronce de la Basílica de San Marcos y saltar hacia las aguas de la cisterna del "palacio hundido" debajo de la Hagia Sofia.

Es todo lo que uno puede esperar de una aventura de Langdon: predecible, absurda y algo confusa. Pero lo imperdonable es que también es trabajosa, sin brillo, y al nivel narrativo y visual de un documental de viajes.

El director Ron Howard vuelve a la franquicia, pero no adquiere ningún beneficio de los pintorescos entornos del relato, convirtiéndolos en una proyección del las imágenes de las vacaciones europeas de alguien más.

Solo las visiones post-apocalípticas que surgen de la afiebrada imaginación de Langdon – luego de lo cual se despierta en un hospital de Florencia sufriendo un trauma craneal que lo ha dejado alucinando y amnésico durante 48 horas – son al menos mirables. Y el guionista David Koepp, quien también adaptó Ángeles y demonios, falla en encontrar un lugar en el guión para el ingenio, a pesar de algunos golpes autoconscientes a la reputación de Langdon como un charlatán con suerte.

"Hablas demasiado", le dice un antiguo interés romántico (interpretado por Sidse Babett Knudsen), de forma acertada.

En otro momento, la joven doctora (Felicity Jones) que rescata a Langdon luego de que una asesina (Ana Ularu) comienza a dispararle en su cama de hospital hace chistes sobre sus anticuados métodos de investigación. "¿Una copia del libro?", le dice, luego de que Langdon sugiere buscar un ejemplar de la Divina Comedia de Dante para resolver una pista dejada por un colega. "Que original. Yo uso Google", responde.

Más allá de eso, Inferno se toma a sí misma demasiado en serio, incluso para tratarse de una película en la que el contrapunto es una bomba de tiempo en forma de virus que, una vez liberado, matará a la mitad de la población del planeta.

Se pueden decir varias cosas sobre los libros de Dan Brown. Puede ser que, como han notado, estén mal escritos, sean formulaicos y pretenciosos.

Pero al menos logran mantener la atención del lector, en formas que esta excursión – tan soporífera y rígidamente predecible como un viaje en tren – no lo hace.

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