Inspirada despedida de Obama

Su adiós lo mostró en una estatura de estadista que ni sus mayores críticos pueden negarle

La despedida pública de Barack Obama fue un inspirado discurso que trascendió los avances y las dificultades en sus ocho años como presidente de la potencia mundial dominante y se enfocó en los desafíos del futuro. Enfatizó la necesidad de “reconstruir nuestras instituciones democráticas” a través de la vigencia de la ley y el compromiso de cada ciudadano con la igualdad de todos por encima de las divisiones sociales, económicas o raciales y de la resistencia a los inmigrantes. “La democracia no requiere uniformidad –recalcó– pero requiere un sentido básico de solidaridad” porque, a pesar de las diferencias, “estamos juntos en esto, nos levantamos o caemos como uno”, previniendo que “las desigualdades corroen la democracia”.

Después de mencionar a Rusia y China, advirtió sobre la necesidad de defender y aplicar los principios fundacionales de Estados Unidos hace 240 años para evitar el peligro de “convertirnos en solo otra nación grande que se impone a sus vecinos más pequeños”. Interrumpido frecuentemente por aplausos y gritos de aprobación de las 20 mil personas que asistieron a escucharlo en Chicago, donde empezó su carrera política hace 25 años, recordó que “después de mi elección” como el primer presidente de raza negra se habló de “una América pos-racial”. Pero el sueño no se ha cumplido porque, pese a los avances en las últimas décadas, los conflictos raciales siguen siendo “una potente y frecuentemente divisiva fuerza en nuestra sociedad”.

Obama focalizó otros aspectos de su alocución en la aceitada transferencia del poder a Donald Trump el 20 de enero, la recuperación de la economía y el aumento del empleo luego de la catastrófica crisis financiera de 2008 y la caída en recesión, el compromiso estadounidense con la defensa contra el cambio climático mundial y el combate al terrorismo islámico. Prometió que el Estado Islámico será derrotado y destacó los logros de la coalición que lucha para erradicarlo, incluyendo que “ninguna organización terrorista externa ha planificado exitosamente o ejecutado un ataque en nuestro territorio en los últimos ocho años”.

Destacó el acercamiento con Cuba después de casi 60 años de enemistad, el cierre del programa de armas nucleares de Irán “sin disparar un solo tiro”, y la creación de seguros de salud para 20 millones de personas a través del Obamacare, acciones todas en las que Trump ha prometido dar marcha atrás. Pero el impacto principal de su discurso estuvo en su insistencia en avanzar en la defensa de valores democráticos como base del orden mundial, “un orden basado no solo en el poderío militar sino construido sobre principios, el imperio de la ley, los derechos humanos, de libertad religiosa, de expresión y de reunión y una prensa independiente”.

Al convocar a que cada persona se involucre en el fortalecimiento de la democracia y en un comentario aplicable también a otros países, incluyendo Uruguay, fustigó a quienes se limitan “a culpar a los gobernantes que elegimos, sin examinar nuestra propia responsabilidad en elegirlos”. Obama deja la presidencia de la primera potencia mundial con cuestionamientos en sectores de su país, pese a logros que son evidentes en muchos campos. Pero su despedida, mezcla de análisis realista, defensa de valores y convocatoria a las responsabilidades individuales, lo mostró en una estatura de estadista que ni sus críticos más acérrimos pueden negarle.


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El Observador

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