Inteligencia militar espió al semanario Brecha

La publicación reveló cómo fue infiltrada por una persona que reportaba a militares bajo el seudónimo de "El Bicho"

El semanario Brecha informó este viernes que en 1988, durante el primer gobierno de Julio María Sanguinetti (1985-1990), el medio fue espiado por los servicios de inteligencia militar que llegaron a tener hasta el plano de la redacción.

El informante identificado como "El Bicho", una persona "petisa" -según la redacción del autor del artículo, Samuel Blixen- logró infiltrarse en Brecha y pasar cierta información, que no se especifica, según surgió de los expedientes encontrados en el domicilio del fallecido coronel Elmar Castiglioni.

Las actividades de espionaje que alcanzaron a partidos políticos, dirigentes, jueces, fiscales, periodistas y organizaciones sociales, continuaron hasta el año 2009, según ha venido publicando Brecha.

Algunos medios de comunicación también fueron espiados. Ocurrió con Mate Amargo, una publicación tupamara donde el infiltrado fue un fotógrafo. Además, se infiltró sin éxito en el diario La Hora, vinculado al Partido Comunista, y la misma persona se ofreció para colaborar con la agencia cubana de noticias Prensa Latina. También los servicios lograron penetrar la publicación partidaria Los Orientales, vinculada al Movimiento Revolucionario Oriental.

En el caso de Brecha, la vigilancia ilegal estuvo a cargo de una persona identificada en los documentos de Inteligencia militar como "El Bicho", quien a través de contactos con periodistas iba informando a "Mauro", seudónimo del oficial de inteligencia que manipulaba al agente 35-G (Bicho), de quien desconfiaba.

Las fotos, usadas como "catálogos" dice Brecha para identificar personas, incluía la de cuatro periodistas vinculados a Prensa Latina: el corresponsal Luis Arce y los uruguayos Carlos Núñez (también de Brecha y Mate Amargo), Ángel Ruocco y Mónica Bottero, quien trabajó en Brecha y es la actual directora de la revista Galería del semanario Búsqueda.

Los militares solicitaban a sus contactos planos de las redacciones de los diarios y semanarios.

Brecha publicó en su artículo de este viernes el documento entregado a los militares con el plano dibujado de la planta superior de su redacción, dónde además del despacho del director se especificó el lugar donde estaba el escritorio de Samuel Blixen. En ese plano solo se menciona la ubicación de ese cronista.

Los infiltrados también tenían la orden de estrechar relaciones con periodistas como Nelson Caula, Alberto Silva y Roger Rodríguez (periodista de Brecha y La República).

Para ser contratado por inteligencia militar, "El Bicho" presentó como parte de su currículum haber trabajado en UTE y en la Jefatura de Policía de Montevideo, aunque seguramente incidió su vínculo de la infancia con Juan Green, un uruguayo esposo de la entonces embajadora sandinista de Nicaragua en Uruguay, Bertha Marenco.

"El Bicho", de acuerdo a Brecha, se acercó a Green y le ofreció la posibilidad de entregarle información sobre los "contras" –grupo financiado por Estados Unidos para oponerse a la revolución en Nicaragua- que podía obtener gracias a sus relaciones con militares y políticos.

Green accedió y propuso a Nicaragua que contraten a "El Bicho" como informante por US$ 500 mensuales, por lo que pasó a ser una especie de doble agente.

"El Bicho" ofreció también informar sobre otros temas: sobre marxistas infiltrados en la Policía, información sobre grupos nacionalistas anticomunistas, su vinculación con Juan Green (el esposo de la diplomática nicaragüense), contactos con Alberto Silva y Nelson Caula, marxistas en partidos tradicionales, actividades de Stella Maris Zaffaroni Piñón de Blixen, esposa de Samuel Blixen, contactos con marxistas palestinos y sobre la campaña de desprestigio contra oficiales en actividad y en retiro por parte de un capitán retirado. En el documento escrito a mano se lee también "consultar coronel Ruggiero".

Personal de inteligencia militar contaba además con carné de organismos públicos (UTE, ANTEL, OSE, la Corte Electoral o la Intendencia de Montevideo), que les permitía tener acceso a viviendas u otros locales haciéndose pasar por empleados.

Con un carné de ANTEL pudieron inspeccionar apartamentos de Pocitos y Villa Biarritz, lo que permitió a los servicios acceder a los bornes telefónicos con el objetivo de interceptar llamadas en domicilios de diplomáticos.

Desde la intendencia los servicios pudieron acceder a planos de edificios que facilitarían el ingreso a ciertas residencias.

La bancada del Frente Amplio decidió impulsar en la Cámara de Diputados una comisión investigadora sobre el espionaje militar a raíz de los documentos incautados a Castiglioni.


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