Internet de las cosas: tres innovaciones para mejorar las ciudades en 2016

En 2016 las ciudades de América Latina podrían aprovechar el incremento en el uso de Internet y de smartphones para implementar apps para mejorar la viabilidad del ambiente urbano

Cada vez son más las ciudades que están avanzando hacia una mayor eficiencia y optimización de recursos gracias al empleo de Internet de las cosas (IoT, por sus siglas en inglés). Pero, ¿qué significa IoT? Si bien no hay una única definición, los especialistas se refieren a ella como la conexión entre objetos físicos y sistemas informáticos, que por medio de sensores, software y otros dispositivos conforman una red. Así, desde GPS, escáneres o a través de la tecnología inalámbrica bluetooth, puede tenerse una conexión móvil, virtual e instantánea que produce grandes volúmenes de datos que mejoran la gestión urbana.

En 2016 las ciudades de América Latina y el Caribe podrían aprovechar el incremento en el uso de Internet y de teléfonos inteligentes para implementar applicaciones, o apps como se las conoce en inglés, para mejorar la viabilidad del ambiente urbano.

MOVILIDAD Y GESTIÓN VEHICULAR

Las ciudades de la región han construido ciclovías y comienzan a implementar sistemas públicos de bicicletas. Sin embargo, para los ciclistas puede ser un verdadero rompecabezas el saber en qué estación hay bicis disponibles o un lugar para aparcar. Algunas ciudades comenzaron a generar apps para teléfonos inteligentes para facilitar esta información. Otra iniciativa de sistema de estacionamiento guiado se ha desarrollado para autos, informando a las personas dónde encontrar rápidamente estacionamiento. Esto significa una notable ventaja dado que se estima que el 30% del tráfico es causado por automovilistas buscando dónde estacionar.

La congestión en “horas pico” es un problema que aqueja, sobre todo, a las grandes urbes. Esto ha motivado a reemplazar los semáforos tradicionales por inteligentes que, mediante sensores, dan prioridad a los tramos de vehículos que llevan mayor retraso. En Aarhus (Dinamarca) se implementaron señales de tránsito que, guiadas por las conductas de los automovilistas, indican tiempos de demora y sugieren caminos más rápidos.

EFICIENCIA ENERGÉTICA

Otro ejemplo es el alumbrado público inteligente. Las ciudades comenzaron a programar el encendido y apagado de luces y a ajustar los niveles de iluminación acorde a la demanda. Así, se reduce un promedio de 30% de la demanda energética total, aunque Oslo disminuyó su consumo en un 62% gracias a esta solución.

GESTIÓN DE RESIDUOS SÓLIDOS URBANOS

También los gobiernos han comenzado a monitorear la producción de basura. Mediante sensores y una cámara, en Shangai se estima el peso, volumen y tipo de residuos además de la temperatura y el nivel de líquidos al interior del contenedor. Además cuentan con alertas que detectan desechos potencialmente peligrosos – ladrillos y otros materiales de construcción – para las plantas de incineración.

El alumbrado público, la gestión del tránsito y transporte público o el manejo de residuos constituyen claros ejemplos de cómo IoT está permitiendo a los gobiernos mejorar la eficiencia energética, reducir la emisión de gases, ahorrar tiempo y costos, entre otras ventajas.

En la tercera edición del concurso Gobernarte, el BID otorgó el Premio “Eduardo Campos” a municipios  innovadores en el uso y análisis de IoT. Por ejemplo, la ciudad de Rio de Janeiro ha logrado conocer mejor la movilidad de los ciclistas y peatones, combinando la información obtenida del sistema BikeRio y de las cuentas de Twitter. De este modo, puede planificar y optimizar los recursos para la construcción de ciclovías, en función de la demanda de los ciudadanos.

¿Conoces en la región otras experiencias que emplee Internet de las cosas para mejorar el ambiente urbano?

Este artículo fue publicado originalmente en el blog del BID Urbe&Orbe

*El autor es consultor en la división de Gestión Fiscal y Municipal del BID. Anteriormente, trabajó en temas de monitoreo y evaluación en la Organización de Estados Americanos (OEA) y en salud pública en el Programa SUMAR, financiado por el Banco Mundial en Argentina.

 


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