Inusual reconocimiento de errores

En medio de la renuencia de los gobiernos a reconocer errores, Bonomi admitió una omisión en materia de seguridad pública
En medio de la renuencia habitual de todos los gobiernos a reconocer errores, que han mantenido también las tres administraciones del Frente Amplio, es una saludable excepción el señalamiento por el ministro del Interior, Eduardo Bonomi, de una omisión y un desvío de la alianza de izquierda en materia de seguridad pública. En una mesa redonda organizada por el PIT-CNT, con intervención de altos funcionarios y la cúpula sindical, Bonomi admitió que el tema de la seguridad "no lo ha tomado la izquierda". Dijo que el Frente Amplio diseñó su programa de gobierno "sobre la base de contenidos sociales, económicos, políticos, pero la seguridad no estaba". Al focalizar esa omisión, agregó que "a lo sumo se planteaba que las políticas sociales iban a disminuir la pobreza" y que, como consecuencia, "iban a conducir a una reducción de la delincuencia".

Y fue contundente al afirmar sobre este desvío conceptual que "yo creo que eso es de una ingenuidad galopante".

La cotidiana inseguridad en que viven los uruguayos, especialmente en los principales centros urbanos, le da la razón al ministro. La pobreza se redujo drásticamente en los últimos 10 años, de más del 30% a menos del 10% según las evaluaciones oficiales, pero la delincuencia no ha decaído. Al contrario, es noticia diaria la violencia de las rapiñas, los copamientos, los asaltos a personas y comercios y otros delitos que a veces terminan en asesinatos y que mantienen a tanta gente en un clima de temerosa incertidumbre. Ni siquiera el enrejado de las viviendas, triste cambio en el panorama urbano, les da seguridad a residentes que optan por encerrarse en sus hogares.

Bonomi destacó también que no se le puede pedir a su ministerio que desarrolle políticas sociales para combatir la delincuencia, porque es una tarea que le corresponde a todo el gobierno y a otros actores pero no a su cartera, cuya tarea está centrada en la prevención, disuasión y represión. Pero la acertada evaluación del ministro no atenúa la percepción de los ciudadanos que viven en carne propia un diario asedio creciente de los ataques de malhechores de todo tipo. Las estadísticas del Ministerio del Interior aseguran lo contrario.

Pero la disminución de delitos que anuncian no se corresponde con la realidad que viven las personas que todos los días son rapiñadas en las calles, las que son atacadas dentro de sus propios hogares y las estaciones de servicio y otros comercios que son asaltados a diario.

Debe dársele crédito a Bonomi por haber mejorado el cuerpo policial. Sus efectivos han aumentado, se los prepara mejor, se los provee de elementos técnicos que hasta hace pocos años no existían y se extirpa los elementos corruptos, que están siendo individualizados y castigados con más diligencia que antes. Sin embargo algunos éxitos no han bastado hasta ahora para reprimir de manera palpable una delincuencia que hasta incluye niños y desata niveles extremos de violencia.

Está bien que Bonomi reconozca que el Frente Amplio se equivocó al omitir en su programa una política efectiva de seguridad y al descansar en la ilusión de abatir la delincuencia con programas sociales que han fracasado rotundamente en ese objetivo. Pero las admisiones del ministro sobre claudicaciones de su fuerza política exigen el complemento esencial de resultados en abatir la delincuencia, meta en la que el gobierno sigue corriendo de atrás.

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