Iris Apfel: en defensa del Maximalismo

Hay gente con personalidad, con estilo, con certezas...y está Iris Apfel. Confieso que vi hace muchos años un editorial suyo en una revista de actualidad y quede prendada de ese personaje.
A mi criterio a sus 90 años tiene toda una biblioteca de lecciones para aprender de ella en pleno siglo XXI de varios temas que condensa en una amplísima trayectoria profesional y activa vida social y personal. 
 
Asi como los libros hablan de la gente que los lee, su forma de vestir dice mucho de ella, en cada outfit, en varias capas  de lecturas y conceptos.
 
Algunas de sus máximas: "Envejecer con estilo no se trata de maquillaje pesado: nada hace a una mujer tan mayor como tratar desesperadamente de  parecer jóven".
 
Socialité, ïcono fashion y diseñadora de interiores, nacio en Queens, New York en 1921, de madre rusa, propietaria de una boutique de moda. Estudió Historia del Arte y trabajó para Womens Wear Daily, fue asistente del ilustrador Robert Goodman, y participó en proyectos de decoración para la Casa Blanca, durante nueve presidencias incluyendo Kennedy, Nixon, Carter, reagan y Clinton.
 
En 1948 se casó con Carl Apfel con quien lanzó su marca de diseño textil para decoración: Old World Weavers que se especializaba en reproducciones de telas antiguas. La iniciaron cuando Iris estaba en la búsqueda de una tela que no podía conseguir, y que al final terminó mandándola a hacer a partir de un antiguo modelo (si no existe , invéntalo). Creaban patterns a partir de referencias de viejos libros, archivos, mercados de pulgas, museos, etc.  Trabajaron así para Greta Garbo, Estée Lauder, Jacqueline Onassis, lo cual fue in crescendo su presencia singular en eventos sociales.Mucho más tarde, vendieron la firma a la empresa de decoración Stark Carpet Company. 
 
Sus viajes contribuían a alimentar esa cantera de orginalidades todo lo cual resulta en increíble presencia y estilo para vestirse: uniendo piezas de marca y diseñadores reconocidos con otras traídas de viajes o encontradas en mercados de pulgas o segunda mano. Todo llevado a conjuntos, de ésos que parece que se tiraron todo encima y uno lo prueba solo para fiestas de disfraces pero en ella resultan geniales. Y así es como debería ser la vida, la decoración, la gente: tomar un poco de todos lados, alimentarse de gente que tiene cosas para decir o mostrar, descubrir lugares nuevos, hacer la propia búsqueda geográfica o espiritual que lleve a un estilo propio con el cual nos sintamos cómodos y nos represente. 
 
Hoy día que todo el mundo sigue modas, que los referentes están vacíos de contenidos y cuando lo tienen, transan en lo que se asume le gusta a otros y no lo que queremos, en que las cirugías desdibujan personalidades y unifican masas, Iris es un ejemplo de fidelidad a sí misma y  así y todo, para el tráfico en el buen sentido.  
 
Se la reconoce por sus lentes XXL o sus accesorios rescatados de varias partes del mundo, pero esa fina línea entre lo ridículo y lo genial sólo es posible con un afinado bagaje conceptual y cultural. No es una fashionista sin contenido ni filosofía ni por deporte, lo suyo es una búsqueda, un viaje de curiosidades alrededor del mundo y de la gente que va conociendo, alguien que tiene mucho para decir...y mostrar!
 
A sus 90 años se ríe de su fama y estatus de culto, por algo que según ella viene cultivando desde hace 70 años. Hace un tiempo estaba en lo suyo cuando el Costume Institute le pidió prestadas algunas prendas para ponerlas en contexto en una muestra. Le gustó la idea y les preguntó qué querían...y abrió la caja de pandora, su vestidor, con tantos tesoros que decidieron que eso merecía una muestra exclusiva, y la llamaron "Iris Apfel: Rare bird of fashion".
 
Desde su casa de Park avenue, diseña para la  firma de cosméticos MAC y hace poco la firma One Kings Lane la convenció de desprenderse de "algunas " cosas... Para ser más exactos: ¡de 800! e hizo una subasta de un seleccionado repertorio de su guardarropas.
 
Cada combinación es perfecta, cromáticamente avasallante y conceptualmente desafiante, como ella misma, algo único, interesante. ¡Brillante!

Reproducimos una entrevista de ella para el diario El Mundo (España) 
 
¿Cómo surgió su interés por el arte y el estilo?
Siempre lo tuve. Mi madre era una mujer muy bien vestida y teníamos una casa bellísima. Y mi padre trabajaba en el negocio de la importación y traía cosas hermosas de todo el mundo. Una de sus hermanas, a quien yo admiraba mucho, estaba en la escuela de Arte y después se convirtió en diseñadora, así que crecí con ese interés.
 
Siempre habla de su madre y los consejos que le dio para ir bien vestida pese a los tiempos difíciles que les tocó vivir.
Soy una niña de La Gran Depresión, no teníamos mucho dinero. Nadie lo tenía. Y cuando conseguías un poco, aprendías a gastarlo sabiamente. Yo he estado comprándome mi propio vestuario desde que tengo 11 años, porque mi madre trabajaba y no tenía tiempo para ir de compras conmigo. El primer año que lo hice fue porque se aproximaba la Pascua y pensé: «Dios mío, no tengo un nuevo modelo para la ocasión». Entonces todo el mundo se compraba algo para estrenar ese día y lo lucía por la Quinta avenida. Lo llamaban el Desfile de Pascua. Era precioso. Así que mi madre me dijo: «Lo siento, Iris. Si quieres un vestido nuevo, tendrás que encontrarlo tú sola». Y me dio la magnífica suma de 25 dólares, que era un montón de dinero para la época. Me lancé a una tienda de descuento que había en el downtown donde encontré una prenda de la que me enamoré. De pronto pensé: «No, recuerda que tu madre siempre dice que tienes que comparar. No puedes comprar lo primero que ves, porque tienes que estar segura del valor que tiene». Lo dejé, me subí al metro y me fui a la calle 34, donde había una decena de tiendas maravillosas. Todo lo que vi valía tres veces más que el otro vestido, así que regresé a por él. Lo compré por 12,95 dólares junto con un sombrero que costaba 3 dólares. Luego fui a una tienda de calzado cuyo dueño se convirtió en mi cliente años después y cuyo hijo es ahora un gran diseñador de zapatos, Stuart Weitzman. Por 25 dólares lo tenía todo y me quedó dinero para almorzar y volver a casa. Recuerdo que todo el mundo alabó mis compras. Mi madre siempre me dijo que tenía muy buen gusto y mi padre, que era buena economista. Ese ha sido el secreto.
 
La joyería y los accesorios son otros de sus fuertes.
Sí, también adquirí mi primera pieza de joyería a esa edad, y desde entonces la he estado coleccionando. Es algo que aprendes con la práctica. Puedes cometer algunos errores, pero debes tener cierto coraje e interés para ir a los lugares y ver, ver, ver. En tiendas, museos, libros. Debes afinar tu ojo. No es algo que viene por naturaleza. Todo lo que vale la pena en la vida tiene un precio que hay que pagar. Mi madre siempre decía que los accesorios son lo más importante si posees algunas prendas básicas. Le encantaba la ropa arquitectónica, bien cortada, con buenas telas y muy simple. Y a mí también. Me gustan los trajes que yo pueda embellecer. Con unos complementos puedes convertir tu look de día a uno de noche. Y de todos ellos, la joyería es lo más, porque cuando la cambias transformas todo tu estado de ánimo. Puedes verte seria, divertida, sexy… ¡Lo que quieras! Los zapatos también son importantes. En ocasiones hago demostraciones en los museos de cómo es posible que las personas modificar su aspecto con mínimos detalles.
 
Estoy segura de que a menudo la gente le pregunta qué tiene que hacer para encontrar su propio estilo.
Siempre. Y lo que respondo es que tienen que trabajar en él. Es diferente para cada persona. No hay una fórmula. Para mí, estilo es sobre todo actitud. No tiene nada que ver con la cantidad de dinero que posees. Conozco a muchas personas con toneladas de dinero que no tienen estilo y personas sin dinero que van increíbles. Es la forma de pensar sobre ti. Tener curiosidad acerca de uno mismo. Lleva tiempo. Debes conocerte y saber que no importa lo bella que sea una prenda. Si no te sientes cómoda en ella, parecerá que la has tomado prestada. Tratar de copiar el look de alguien es una tontería.
 
¿Qué significa la moda para usted?
Es un producto muy serio. A veces puede verse como algo muy tonto. Pero si realmente la estudias, te das cuenta de que es una reflexión de la política, de la vida social, de la economía, de la atmósfera. Es decir, de nuestra forma de vida. Si comparas los trajes de diferentes periodos, verás que la gente vestía de una manera por una razón. Cuando las mujeres eran más rígidas, se aflojaron los corsés. Las cosas no solo suceden sin más, ¡todo ocurre por algo!
 
¿Qué cree que refleja la moda actualmente?
Caos total, aturdimiento, confusión, ningún sentido de dirección ni disciplina. Lamentablemente, la mayoría de los diseñadores jóvenes no quieren trabajar duro. Hay algunos, ¡gracias a Dios! Pero hay muchos que acaban por convertirse en fanáticos de los medios de comunicación. Muchos son jóvenes atractivos que solamente saben hacer una cosa: conseguir un montón de prensa y conquistar a los editores. Pero para hacer algo realmente de calidad hay que saber cómo cortar, coser y dibujar. No solo hacer bosquejos. La mayoría de los diseñadores actuales dependen de otras personas para hacerlo.
 
¿Quiénes son sus amigos en esta industria? ¿Sus diseñadores favoritos?
No tengo muchas amistades porque nunca he estado en el negocio de la moda, sino en el de la decoración. Pero siempre me ha encantado. Así que viajaba mucho a Europa y mis visitas siempre coincidían con las pasarelas. Después de los desfiles iba a las firmas y preguntaba si había alguna cosa de la que quisieran deshacerse, y la compraba. Nunca pude adquirir nada en Valentino porque él corta para chicas muy pequeñas. Pero a las prendas de casas como Dior o Nina Ricci no tenía que hacerle nada, quizá un dobladillo. Me hice con cosas maravillosas porque estaban deseando deshacerse de ellas. También en aquella época algunas marcas tenían tiendas donde vendían las muestras. Siempre me ha gustado la moda poco convencional que, por suerte, no se vendía tan bien y era más barata. Así fue como construí una hermosa colección gastando poco dinero.
 
Esa fue la que se pudo ver en el Museo de Arte Metropolitano.
Sí, fue increíble y ya ha estado en un montón de museos.
 
Usted trabajó para nueve presidentes en la Casa Blanca, ¿cómo fue esa experiencia?
Fue un trabajo hermoso y muy emocionante porque pude conocerlos a todos, pero con la única mujer con la que realmente trabajé mucho fue con la señora Nixon ya que le apasionaba la casa. Pero lo primero que aprendes es que ni los presidentes ni sus esposas tienen nada que ver con la decoración. Ni siquiera Jackie. Hay una comisión de Bellas Artes cuyo trabajo es asegurarse de que cualquier cambio que se realice sea lo más parecido posible al diseño original. Es más una labor de restauración. Eso sí, en la planta de arriba, que es donde están sus aposentos, los presidentes y sus mujeres pueden hacer todos los cambios que quieran.
 
Siempre ha dicho que usted es un espíritu libre y que eso fue lo que la llevó a dejar su trabajo en Women’s Wear Daily.
Absolutamente. Si te cierras a una sola cosa, no aprendes nada. Diana Vreeland dijo que tener «demasiado buen gusto puede ser aburrido». Hay personas que copian todo. Pero hay que mezclar y combinar para lucir con personalidad. Creo que debes ser tú misma.
 
¿Qué ha aprendido de sus viajes por el mundo?
Todo. Vivir es la mejor inspiración. Y esta te llega de la gente, al leer libros, visitar museos, caminar por la calle, ver una obra de teatro, escuchar una canción. Nunca sabes realmente por dónde va a venir. Pero si algo está claro es que siempre tienes que moverte.
 
¿Cree que la moda tiene edad?
No. De hecho no me gusta lo moderno. Las tendencias vienen y van. Me gusta la ropa atemporal, lo simple, lo que puedas llevar mucho tiempo, aunque actualmente todo es de usar y tirar.
 
Por todo lo anterior, Iris es la prueba viviente de que saber lo que uno quiere, encontrar un estilo con el cual estar cómodos para transitar la vida y saber diferenciarse desde el contenido y la forma son los mejores tratamientos de belleza, en todos los tiempos.
 

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