Isaac Rabin: De ingeniero a héroe pacifista

“La paz triunfará sobre todos sus enemigos, porque la alternativa es peor para todos nosotros y hemos de prevalecer”

Por Lucía Cohen

El 4 de noviembre de 1995 políticos y artistas se reunieron en la entonces llamada Plaza de los Reyes en Tel Aviv para promover la paz. Al menos uno de los presentes planeaba lo contrario. El extremista Yigal Amir disparó dos balazos en la espalda del primer ministro Isaac Rabin cuando el mandatario se retiraba del acto. Cuarenta minutos más tarde el plomo le había quitado la vida. Su desaparición física reforzó la imagen de héroe de la paz y lo erigió como el líder inigualable y necesario del Estado judío para poner fin al conflicto palestino-israelí.

Fortaleza, determinación y visión de un futuro de entendimiento, además de compromiso y paz, son valores con los que se suele vincular a Rabin, un hombre que a pesar de haber luchado contra los palestinos es considerado por muchos como el único agente de pacificación real entre los pueblos. Esto se debe, al menos en parte, al hecho de haber aceptado lo que al final de la campaña electoral de 2015 Benjamín Netanyahu afirmó que no sucedería bajo su gobierno: una Palestina independiente.

Hijo de una líder sionista relevante, Rabin, nacido el 1o de marzo de 1922 en Jerusalén, explicó al recibir el premio Nobel de la Paz, en diciembre de 1994, que hubiera querido ser ingeniero hidráulico, pero debió seguir su deber y tomar las armas. Todavía en la adolescencia inició una carrera militar que le daría la frialdad y mentalidad calculadora para triunfar en las trincheras y en la política.

En 1940 comenzó a formar parte de una unidad de élite de la Haganá, el Palmaj, y se mantendría en las fuerzas de defensa israelíes hasta 1968, luego de llegar a general con solo 32 años –siendo el más joven en la historia de su pueblo en conquistar dicho cargo– y de liderarlas en la guerra de los Seis Días.

La experiencia militar dio paso a la diplomacia. Su primer destino fue Estados Unidos, donde tampoco pasó inadvertido tras mejorar el vínculo con su país, al que volvió en 1973. Entonces se desempeñó en la política en el Partido Laborista y en 1974 se convirtió en el ministro de Trabajo del gobierno de Golda Meir. Tras su renuncia, se transformó en el líder del gobierno.

Como tal, firmó acuerdos con Egipto, Siria y Estados Unidos. Además, organizó el rescate de los rehenes de un avión de Air France secuestrado por terroristas árabes, fue miembro del Comité de Asuntos Extranjeros y ministro de Defensa de 1984 a 1990. Instó a los militares a abandonar el Líbano. Y con el fin de promover la paz en los asentamientos al norte del país, procuró que se generara una zona de seguridad. Luchó por mejorar la situación social, económica y el estado de las Fuerzas Armadas.

Hizo historia al obtener el poder en 1992 y conducir al Partido Laborista a su primera victoria en dos décadas. Le ganó a Shimon Peres, a quien erigió como ministro de Asuntos Exteriores. Con 70 años retomó el liderazgo de la nación al tiempo que continuó vinculado estrechamente al Ministerio de Defensa.

Obtuvo el premio Nobel "por sus esfuerzos para alcanzar la paz en Medio Oriente" junto a Peres y Yasser Arafat, con quien también compartió el galardón Príncipe de Asturias de la Concordia.

Participó en los Acuerdos de Oslo de setiembre de 1993 y firmó la paz con Jordania en 1994. El rey Hussein de ese país, el presidente egipcio Hosni Mubarak, y el de Estados Unidos, Bill Clinton, entre otros, presenciaron su entierro. Y con su muerte, llegó el fin de una paz posible, realista y cercana.

Esta nota forma parte de la publicación especial de El Observador por sus 25 años.