Isla inmune por ahora

En una región atribulada por crisis institucionales, corrupción masiva, desórdenes graves y desastres climáticos, Uruguay está en calma

Uruguay puede gratificarse por ser una isla comparativamente calma en medio de una región atribulada por crisis institucionales, corrupción masiva, desórdenes graves y desastres climáticos. Pese a las angustias fiscales y los embates sindicales y de sectores del Frente Amplio por empeorarlas, la economía tiende a repuntar. Las disputas políticas no traspasan el límite permisible en una democracia multipartidaria. Ha caído la pobreza, mejorando las condiciones de vida. Son relativamente menores los casos de corrupción, tanto los de generación autóctona como los coletazos de los cuantiosos trasiegos de fondos ilícitos desde nuestros vecinos. Y nuestras periódicas inundaciones y vendavales están lejos de los pavorosos desastres naturales recientes en Perú, Colombia y Argentina.

Los problemas uruguayos son menores que los que castigan a otras naciones sudamericanas. Encabeza la lista el descalabro de Venezuela, sumida en la miseria y el autoritarismo dictatorial por el funesto régimen de Nicolás Maduro. Los otros miembros fundadores del Mercosur enfrentan crisis serias. En Paraguay, el presidente Horacio Cartes tuvo que dar marcha atrás en su intento de restablecer la reelección, después que turbas opositoras invadieron e incendiaron el edificio del Congreso en medio de violentos choques con la Policía que dejaron un muerto. Bajo presión del Parlamento y de un pedido del papa Francisco, Cartes aceptó una mesa de diálogo con la Iglesia, los tres poderes del Estado y los principales partidos. La reelección fue eliminada de la Constitución hace muchos años, después de las décadas cuando el dictador Alfredo Stroessner ganaba una elección tras otra, siempre con una pintoresca mayoría de más del 90%.

El presidente brasileño Michel Temer, junto con su destituida predecesora Dilma Rousseff, enfrenta un juicio bajo cargos de corrupción que podría sacarlo de la presidencia. Lo debilitan además constantes disturbios callejeros en distintas ciudades en protesta por los duros ajustes con que Temer trata de sacar a Brasil de dos años de recesión. Dado que su programa es el único camino para equilibrar la economía, poco se ganaría con la salida de Temer ya que la casi totalidad de la dirigencia política está igualmente salpicada por gigantescos niveles de corrupción. En Argentina, pese a las masivas demostraciones callejeras de respaldo indirecto el sábado pasado, el presidente Mauricio Macri enfrenta, en un año electoral, sucesión de protestas callejeras por la demora en abatir la pobreza y reparar el desastre económico y social heredado del kirchnerismo. Se agrega el impacto que pueda tener el procesamiento de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner y de sus hijos por lavado de activos y otros delitos.

Ecuador vive horas de incertidumbre por la impugnación, por presunto fraude, del candidato presidencial opositor Guillermo Lasso al triunfo del oficialista Lenín Moreno. Este dirigente se presenta como más moderado que el autoritario presidente “bolivariano” Rafael Correa, pero el rumbo de su gobierno es un misterio. Otro “bolivariano”, el boliviano Evo Morales, enfrenta creciente rechazo popular por denuncias de corrupción, reflejado además en el fracaso de su intento reeleccionista. En este azaroso panorama regional Uruguay se mantiene relativamente inmune por ahora. Pero debe extremar el cuidado para evitar que se infiltren males que están a la puerta.


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El Observador

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