Jorge Batlle y el batllismo

Aparece como un desafiante de los íconos de los sucesivos batllismos
El batllismo no es fácil de definir, mucho más cuando hay varios batllismos, de diversas épocas y diferentes interpretaciones (1). Cuando hoy se piensa en el batllismo se mira una concepción socialdemócrata, cuyos elementos centrales son la fuerte participación del Estado en la regulación de la economía y en la gestión parcial de renglones económicos básicos, la fuerte protección social que desemboque en un exitoso welfare state y una nítida adhesión al liberalismo político.

Aunque hoy no se asocie con tanta relevancia, el batllismo como la socialdemocracia implican una concepción de Estado laico, en la acepción más dura, la concepción laica uruguayista, a la que Rodó calificó de "jacobinismo" y no liberalismo. Sin embargo, esa imagen del batllismo no es parte de todas las épocas batllistas ni se reconocen hoy de manera significativa en el Partido Colorado.


Hay una primera etapa de José Batlle y Ordóñez, su primera presidencia, que puede considerarse protobatllista. Esa presidencia tuvo un objetivo esencialmente político: la unificación territorial del país, la extensión del poder del Estado a todo el territorio de la República. Cabe recordar que al despuntar el siglo XX, 6 de los 19 departamentos contaban con jefes Políticos y de Policía –lo que equivale al ejercicio pleno del poder y de la fuerza– designados por el Partido Nacional. De hecho, el país contaba con una capital en Montevideo y otra capital en El Cordobés, la estancia de Aparicio Saravia. Cuando Batlle estaciona el ejército en Rivera –departamento de dominio blanco– y enciende la chispa de la última de las guerras civiles, el Partido Nacional lo consideró un casus bellis, la invasión de su territorio por parte del gobierno de Montevideo. La unificación del territorio y la imposición del poder estatal sobre todo el país, sumó la imposición de la hegemonía colorada y las bases para la modernización del Estado.

Es en la segunda presidencia de Batlle y Ordóñez en que comienza "el batllismo": el ejercicio directo del Estado en el dominio comercial e industrial (la Usina Eléctrica de Montevideo, el Banco de Seguros del Estado, como paradigmas) y los atisbos de una protección social (ley de 8 horas, jubilaciones para el personal civil del Estado). Se completa con la modernización de la arquitectura jurídico-política con la Constitución de 1918 y las leyes madre cívico-electorales de 1924 y 1925. Pero gran parte de la obra de este "batllismo" fue en conjunto, o en transacciones, o en acuerdo, de todo el sistema político.

A partir de Batlle, durante todo el primer colegiado e incluso (en parte) durante el período de Terra, se da una gran continuidad a la expansión del dominio del Estado (creación de ANCAP, por ejemplo), consagración de muchos derechos sociales (Constitución de 1934). Pero es en la época de Luis Batlle, o a partir del posterrismo, que se desarrolla la gran expansión del Estado social y del papel regulatorio del Estado en la economía. Es el batllismo de Luis Batlle el que se asemeja más al imaginario actual de lo que es el batllismo. Hay un punto común a todos estos batllismos, los dos períodos de don Pepe y el de Luis: el liberalismo político.

Y es el punto en que también coincide plenamente, en la prédica y en la praxis, Jorge Batlle.
Aparece como un desafiante de los íconos del batllismo. Asegura y refuerza el batllismo en cuanto al liberalismo político, que en Uruguay nunca fue patrimonio exclusivo del batllismo.

Pero desafía el papel del Estado en la gestión industrial y comercial, en la regulación de la economía y en muchas regulaciones sociales. Jorge Batlle deviene un fuerte liberal en lo económico, un firme partidario del libremercadismo (o librecambismo, en la terminología de hace un par de siglos), salta las dos generaciones precedentes de su dinastía y levanta como ícono a Prudencio Vázquez y Vega.

Cuando se lo tildó de "neoliberal", contestó: no soy neoliberal, soy un viejo liberal. Sin embargo, en puridad, el liberalismo económico –como lo predicó a partir de los años ochenta y con el que hoy claramente se lo identifica– no está plenamente en los orígenes de su liderazgo político. En las elecciones de 1966 aparece como un abanderado del entonces dominante pensamiento desarrollista, elaborado fundamentalmente en torno a la CEPAL (y la figura de Raúl Prebisch) y sostenido en Uruguay por Enrique Iglesias en el plano técnico-doctrinario (la labor de la CIDE), Washington Beltrán en el Partido Nacional y Jorge Batlle en su candidatura y liderazgo de 1966. En Argentina el desarrollismo tuvo su estandarte en Arturo Frondizi.

El expresidente argentino fue un político con el cual aparecen algunos rasgos similares a los de Jorge Batlle: transgresor al ideario histórico de su partido político, el radicalismo; desafiante de los diversos pensamientos dominantes en la época; de liderazgo de tipo profético y no estratégico, es decir, de aquellos que miran muy hacia adelante con el riesgo comprobado la mar de las veces de no ser seguidos ni comprendidos por el grueso de la gente, y en tanto proféticos, rodeado de un círculo de incondicionales de alto peso intelectual, a quienes deslumbra su profetismo y su inteligencia.

Es importante señalar que a partir de la restauración institiucional, con mayor exactitud a partir de 1988, el batllismo como fracción política gira por al menos dos décadas en la confrontación entre Jorge Batlle y Julio Ma. Sanguinetti. Confrontación que tiene sí mucho de personal, de cuentas a cobrar y de disputas por el liderazgo. Pero que en esencia y más allá de lo anecdótico, fue una disputa de alto contenido ideológico, en que el papel desafiante de Jorge –especialmente al último batllismo, el de su padre– fue un componente esencial de las divergencias.

Fue un desafiante también a la concepción de laicidad dura de los batllismos y, por ende, otro de los elementos básicos de esa confrontación.


(1) Hoy día debía publicarse la segunda nota sobre Voto en el Exterior. Se difiere para el próximo sábado ante la muerte del expresidente de la República

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