Jorge Denevi: "No creo que ningún político tenga conciencia de lo que significa cultura"

El actor y director habló sobre su año, los proyectos venideros y el apoyo estatal al teatro
En la casa de Jorge Denevi todo remite al arte, desde un cuadro con sus compañeros de elenco en Telecataplúm hasta la enorme biblioteca de la sala. En ese ambiente, respirando teatro y mientras una obra de Alan Ayckbourn descansa en la mesita ratona, el prestigioso actor y director conversó con El Observador sobre el año que pasó, sus próximos proyectos y las políticas culturales.

Después de ganar varios premios en su carrera, ¿qué significó el último Florencio por Viaje de un largo día hacia la noche?

El problema con los premios es que general yo no me siento en competencia, no me incluyo dentro de la carrera por ganarlo. Por ello, no creo que pueda ser comparable mi trabajo con el de otro director u otro espectáculo. De todas maneras, no estoy en una actitud de no recibirlos, porque la gente que los da lo hace con la mejor intención, es promoción del teatro, son buena gente, son amigos; pero nunca me sentí incluido en esa carrera. Igual les agradezco mucho.

En marzo estrena La Travesía, del español Josep María Miró ¿Conocía al escritor?

Lo conocí a través de la obra El principio de Arquímedes, que me gustó muchísimo, me pareció muy bien escrita, muy bien delineados los personajes. Mario Ferreira (director de la Comedia Nacional) ya me había invitado a dirigir este año, y cuando estaba armando la programación para el año tenía esta obra. Me la propuso, y cuando la leí me gustó mucho. Es un estreno mundial, porque la van a hacer en Alemania en mayo, pero primero la hacemos acá. Tiene mucho que ver con el tema de los refugiados. No está tratado porque sí, aunque aparentemente a Josep María Miró le gusta mucho este tipo de temas sociales, sino porque él trabajó en campos de refugiados. Estuvo un año allí y conoce de primera mano el tema.

¿Es necesario que se aborden estos temas en el teatro nacional?

Qué es lo que hay que hacer o decir no está dentro de mis posibilidades de pensamiento. Yo voy y cumplo la función que creo que debo cumplir sin demasiado razonamiento. Da la impresión que sí, que todo tema humano cabe dentro del teatro. Pero no agarro las obras como una responsabilidad de carácter político, sino que a mí me tiene que impactar. Si soy un ser político, si me importa lo que pasa en la humanidad, la obra me llega de una manera particular y entonces debo hacerla. Eso es así con todos los temas. A mí me gusta decir que la obra me cae a las manos, que me busca. Volviendo a La Travesía, cualquier obra como esta tiene que aportar al razonamiento de la gente. Debería, al menos.

Y es una obra muy diferente a Farsa en el dormitorio, que usted estrena el 23 de enero en El Galpón.

Claro. De su autor, (Alan) Ayckbourn, llevo ya como diez obras dirigidas. Es un autor que si vos rascás un poco todas sus obras vas a parar al mismo lugar, que es la forma en que todos vivimos, y en por qué vivimos así. Ayckbourn es un autor que escribe comedias, pero es enormemente pesimista. Ninguna de sus obras tiene salida, su relación con el mundo es muy mala. Pero escribe comedias y ahí no hay ningún contrasentido: la comedia no está escrita por autores optimistas necesariamente. En Ayckbourn todas las relaciones humanas funcionan mal. Las relaciones de las instituciones impuestas a la gente como el matrimonio, la fidelidad, todo ese tipo de cosas no están en el lugar adecuado. A pesar de todo, en sus comedias la gente se ríe. Esa es su forma de ver las cosas y es su lenguaje, y todo eso está provocado por determinados hechos sociales que generan que la gente no viva como debería vivir. Si vamos a la otra punta, y sin traerlo de los pelos, nos damos cuenta que la crisis espiritual que va a padecer el personaje protagónico de La Travesía, que es una monja, tiene raíces similares, raíces de una sociedad que ha expulsado determinada gente y que ella no sabe cómo resolver. Entonces, tenemos dos obras que parecen absolutamente distantes y sin embargo convergen en un punto.

¿Qué le atrae de Ayckbourn?

La comedia, y particularmente la de Ayckbourn, es el lenguaje que siento más cercano. Por algo hice diez de sus obras. Siento que la manera de expresar ese lenguaje, esa temática, esa problemática, es la adecuada a mi gusto. La sutileza y el grado de comicidad con la que encara a las familias y a las parejas que no funcionan es fantástico.
¿Es riesgoso estrenar una obra en enero, dado que mucha gente está fuera de la ciudad?

En los últimos treinta años, a excepción de dos, he trabajado todos los veranos y, según mi experiencia, es la mejor época del año para hacer teatro. Es cuando hay más público. No quiero avivar giles, pero les recomiendo que hagan teatro en esta época. Es más, el mejor momento de todo el verano es cuando empieza el Carnaval. Hay muchísima gente que no le gusta el Carnaval, y hay muchísima gente que no le gusta ir a sentarse al aire libre en el Teatro de Verano para ver un conjunto.

¿Cómo ve el apoyo al teatro por parte del gobierno?

Es muy malo, y pasa con la cultura en general. No creo que ningún político, de ningún partido, ni de ninguna corriente, tenga la menor conciencia de lo que significa la palabra "cultura". Soy absolutamente negativo con los aportes, con las formas, pero sobre todo con la profundidad de qué significa el arte. El verdadero significado de cultura como agente transformador de la realidad, como forma real de transformación, no existe acá. Nadie tiene conciencia. Nunca vi a nadie preocupado o tomando las determinaciones que hay que tomar. Por ejemplo, se habla muchísimo en este país sobre el tema educación. Estoy harto de escucharlo. Parecería que educación es entrar en esta cosa de las pruebas Pisa. Aquí lo que hay que enseñar es qué significa el arte. El arte es el verdadero modificador de los pueblos, está clarísimo a través de la historia. Pero eso nadie quiere hacerlo. Solo quieren rendir en las pruebas.

Actuar en cine y la experiencia "rarísima" de que el público no esté ahí

Entre sus trabajos de 2016, Jorge Denvi protagonizó la película Las toninas van al este, estrenada en agosto y dirigida por Gonzalo Delgado y Verónica Perrota. "Tuve mucha suerte de encontrar grupos de profesionales increíblemente serios. Muy concentrados, muy dedicados, fue bárbaro. Claro que el trabajo es distinto que en el teatro: se ensaya menos, hay otros tiempos, otro método. El actor se prepara de otra manera en el cine que en el teatro y yo extraño un poco ese aspecto. Nosotros en el teatro repetimos, repetimos y repetimos, algo que en el cine se hace al momento de filmar", explicó el actor y director. Además del cambio de método, Denevi se refirió también a la extrañeza que le genera a un actor de teatro no sentir el contacto con el público, algo que quienes han pasado por las tablas resaltan como un pilar de la experiencia teatral. "Me parece rarísimo también que la película se dé y uno no esté presente, y es por la formación del actor de teatro. Me gustaría estar ahí a ver qué pasa con público. Creo que hay que olvidarlo y bueno, hacerse una idea de lo que pasa. Es raro estar en tu casa mientras una película tuya se está dando en diez cines".

Perfil

Jorge Denevi es uno de los directores de teatro más importantes de la actualidad, con una larga trayectoria a sus espaldas en las tablas y en televisión, donde formó parte de los elencos de programas icónicos como Telecataplúm y Plop. Además, ha participado en dos películas: El ingeniero (2012) y Las toninas van al este (2016). En el primer semestre de 2017, Denevi estrenará dos obras: Farsa en el dormitorio, a partir del 23 de enero en el teatro El Galpón, y La Travesía, el 11 de marzo en la Sala Verdi.

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