Jorge Grünberg: "No puede ser que gente que tomó las armas tema a las corporaciones"

"El coraje moral es diferente al coraje físico", dijo el rector de la universidad ORT, que pidió romper con el igualitarismo en la educación para practicar la equidad
El rector de la universidad ORT, Jorge Grünberg, cree que la ausencia de políticas en materia educativa se debe a una falta de "coraje moral" por parte de la dirigencia política. El doctor en Ingeniería dijo que hay que terminar con la igualdad en el terreno educativo en aras de la equidad y que para ello es necesario invertir cinco veces más en un alumno pobre que en uno que no lo es.

Hace ya ocho años usted definía la situación educativa como la tormenta perfecta, ¿sigue siendo así y por qué?

La metáfora era por una película que daban en esa época, pero alude al sistema educativo disfuncional que tenemos. Es un sistema que no es funcional a las necesidades del país. El país para progresar necesita transformarse en un productor de conocimiento, no en productor de materias primas. El mundo está generando una división geopolítica de los países que generan conocimiento y propiedad intelectual y el resto que generara servicios sin valor agregado. Si uno quiere para Uruguay un destino próspero de sueldos altos, empleo y demás, tiene que pensar en producir conocimiento y para eso necesita un sistema educativo acorde. Hoy tenemos un sistema educativo que podemos evaluar en cobertura, cuántos uruguayos se educan. Pero no se puede confundir acceso a culminación. Hoy hay un problemas de calidad, los que culminan saben poco, y de equidad, porque solo terminan los más ricos. Entonces, se educa a pocos, se educa mal y se educa sin equidad. Esas son tres dimensiones que forman la tormenta perfecta.

¿El problema es qué cosas se enseñan?

La mejora educativa no es un problema técnico. En el mundo se encuentran muchos ejemplos de países que estaban peor que Uruguay y en poco tiempo pasaron a estar mucho mejor. Lo técnico son las políticas públicas, su financiación, organización y ejecución. El conocimiento en el mundo sobre cómo mejorar está ampliamente estudiado. El problema es de voluntad política. Todo el mundo sabe qué hay que hacer, pero las medidas que hay que adoptar, los intereses que hay que afectar, los tabúes que hay que enfrentar son de tal magnitud que no hay voluntad política para hacerlo.

Siendo tan evidente lo que nos pasa, ¿será que hay un interés no declarado por mantener así a determinados sectores?

No creo que sea un problema partidario, sino que hay una cultura, unos principios que gobiernan la educación que no se adecuaron al cambio. Cuando (José Pedro) Varela hizo su reforma, fue radical, revolucionario. Planteó que todos se educaran y que el Estado lo financiara. Necesitamos romper con el pasado como lo hizo Varela. Él vio el futuro y hoy tenemos que hacer un quiebre porque las necesidades de conocimiento son distintas a las del pasado. A los efectos prácticos, cuando logramos que el 100% asistiera a primaria, nos congelamos en eso, algo que el país necesitaba en la primera mitad del siglo XX.

Hoy día parece que para que los estudiantes se adecúen al mercado de trabajo, si no estudian ciencias duras, van a ser unos desocupados. ¿Es así?

El mercado de trabajo no puede estar fuera del radar de una universidad, pero acá estamos hablando de secundaria. El sistema actual es tan rígido que el estudiante que tiene sensibilidad para la bioquímica, el que la tiene para el teatro o el ajedrez, todos deben pasar por los mismos docentes y cursos. En una secundaria moderna uno tiene que crear un entorno enriquecido en el que los jóvenes tienen posibilidades de desarrollarse.

¿Qué se requiere?

No es un inventario que podamos hacer acá. Hay una base sin la cual el estudiante no tiene autonomía intelectual y tenemos que dotarlo de esa autonomía, porque la persona va a cambiar 30 veces de ocupación. Hoy tenemos estudiantes de Ingenieros en ANTEL, y se dan cuenta que les gusta la psicología y cambian. Autonomía intelectual y sensibilidad moral, para que se den cuenta que deben interactuar con el resto y que tienen los mismos derechos de los demás. La vida media del conocimiento se ha achicado. La mitad de lo que enseñamos en Ingeniería en primero, en cinco estará obsoleto. Cada vez el conocimiento dura menos.

¿Fuimos un país de verdad culto?

(Albert) Einstein vino a Uruguay y quería conocer a (Eduardo) Vaz Ferreira. Tuvimos una tradición de emprendedurismo privado, de innovación y de producción intelectual de primer nivel mundial. Hoy no está ni lo básico, que es un buen manejo del idioma. ¿Cómo se va a relacionar con el mundo si no maneja su idioma? Las pruebas Pisa en idioma son inaceptables para un país que tuvo en primer nivel en esa rama. Hoy la mayoría de los estudiantes no entienden lo que leen.

Usted dijo tiempo atrás que los centros públicos y privados tienen los mismos niveles educativos si se toman los de la misma zona, que a la vez son distintos a los de barrios más deprimidos. ¿No estamos obviando que hay problemas que trascienden lo educativo y que aquejan a poblaciones que carecen de la subsistencia básica?

Uno de los principios que impide la mejora en la educación es confundir igualdad con equidad. La educación promueve la igualdad a través de la gratuidad. La escuela pública de avenida Brasil no cobra arancel y la de Casavalle tampoco. Al hijo de una familia de clase media baja que vive en avenida Brasil le alcanza con que no le cobren arancel, porque en la casa hay uno o dos padres que fueron al liceo, hay abuelos con historia, hay libros. En Casavalle, a la familia del último quintil, no le cobran arancel, pero eso no le alcanza porque no tiene para libros, para clases particulares, porque no tiene dinero para internet y para otras cosas. El principio de igualdad se confundió con el de equidad, que es darle a cada uno lo que necesita. En Uruguay no hay indigencia ni miseria que justifique el problema educativo actual. La miseria no es definitiva, se puede salir. Pero en Casavalle, en una familia con necesidades insatisfechas, la gratuidad no le sirve para nada. Hay que ir a esos jóvenes con apoyo psicológico, con clases particulares, alimentación, con trabajadores sociales. Un joven carenciado necesita cuatro veces más apoyo que el de una familia de clase media. Fui a Finlandia y allí hay poca igualdad pero mucha equidad. El alumno que no asistía y tenía un padre alcohólico, golpeador, provocaba que se disparara un sistema en el que el director del liceo contactaba al estudiante, se le daban clases particulares y otros apoyos. El costo por estudiante debe ser cinco veces superior al que tiene recursos. Para lograr la equidad hay que romper la igualdad. Hoy la educación es deficitaria en todos los niveles sociales. Los alumnos de las familias más ricas de Uruguay rindieron en las pruebas Pisa por debajo de las familias más pobres de Corea. Aquí de los más pobres accede a la universidad el 2%. Entre los más ricos el 90%. Es como Bélgica. Un sector vive como Europa y otro como África. Y ya no es que haya una elite al nivel de Harvard, nos quedamos sin elite.

¿Usted cree que vamos hacia el fin de las elites intelectuales?

El problema es a la velocidad en que se amplía la brecha. A Corea le compramos camionetas, teléfonos de última generación, tecnología de punta y le vendemos arroz, vacas, que no tiene nada de malo, pero ahí se podría agregar valor y no lo estamos haciendo. Corea del Sur, Singapur, Israel, eran menos educados que Uruguay y hoy nos pasaron.

¿Cuándo arrancó esta crisis?

No soy historiador y soy poco crisisólogo. No veo una crisis porque no te ayuda a ver la solución. Pienso en términos de oportunidad. Corea estaba ocupada por Japón con analfabetismo; Singapur quedó a la marchanta y tiene un PIB per cápita por encima de Estados Unidos.

Pero son distintos, no son uruguayos...

No creo en eso. Las Coreas tienen culturas de origen similares, pero hay diferencia de enfoques en una y otra. Acá somos tres millones, sin problemas étnicos, sin divisiones religiosas, tenemos todo eso a favor.

Usted ha sido crítico con los políticos que se preocupan por su sector más que por el interés común.

Hay otras cosas que me ha generado críticas desde el sector político, como decir que para tener un sistema educativo hace falta multiplicar el gasto por estudiante. El dinero no es suficiente pero es necesario. La sociedad tiene que gastar más por estudiante si queremos que alumnos del último quintil tengan las mismas posibilidades que nuestros hijos. Hacen falta profesores de apoyo, psicólogos, tratamientos antidrogas, policías comunitarios, sociólogos. Hay que gastar el doble o el triple, y no solo gasto público. En Finlandia hay escuelas públicas y privadas y no hacen diferencia.

Aquí se suele hablar solo del gasto público en educación.

Es un error técnico. Sumando el gasto público y el privado hoy se llega fácil al 6% del PIB.

¿Por qué se obvia el gasto privado?

Porque hay una sacralización de lo público y el Estado vino a suplantar la religión. En el mundo se le da fondos al estudiante para que decida adónde irá, pero aquí hay una sacralización del Estado. El Estado es un instrumento, no nos tiene que importar cuál es público y cuál privado, sino cuál es bueno y cuál no. Debería haber una agencia de control de calidad que supervise a todos los liceos, públicos y privados. Esa agencia debería supervisar a todos, vería los problemas y, al estilo del Fonasa, destinar a donde están los problemas. La cantidad de dinero por alumno que reciben los barrios marginales sería tres veces superior a otros barrios.

¿Está a favor de que se cobre matrícula universitaria?

Yo estoy de acuerdo en que puedan estudiar los que no pueden. Tengo una hija que estudia acá (en la ORT) y otra en la Universidad pública. Mi hija de la Udelar no me cuesta cero, tiene clases particulares, libros costosos, fotocopias, equipos porque estudia medicina, transporte. Para que un estudiante pobre pueda hacer una carrera no le alcanza con que el arancel sea gratuito, necesita apoyo, materiales educativos. Por eso decía que el dinero es necesario pero no suficiente. Debería hacerse un gran acuerdo que sería: vamos a establecer un gasto adicional que tendrá su reflejo impositivo, pero haremos un contrato social y diremos cómo se va a gastar esa plata. La gente se queja de que le suben impuestos porque no tiene claro adónde va la plata. Yo quiero que mis hijos tengan mejor educación, pero sé que si también la tienen los hijos de Casavalle, me beneficiará a mí. No van a alcanzar las cárceles si seguimos así.

Y va a afectar la democracia.

El Latinobarómetro por primera vez en mucho tiempo dio que bajó el aprecio por la democracia. Yo interpreto que esto se debe a que la cultura se ha visto socavada por el bajo nivel educativo. Cuando tenés resultados de jóvenes que no pueden entender textos, es que no pueden dialogar, intercambiar ideas, y eso es la democracia. Entonces, se sigue al que grita más fuerte y ahí entra el populismo o el totalitarismo.

¿La clase política no reacciona por ignorancia o por intereses?

Cambiar requiere más energía que seguir igual. Para bien o para mal, Uruguay aún tiene un porcentaje de gente que vive bien haciendo muy poco y sin responsabilidades. Y quiere defender esos privilegios. Hay gente que no quiere vivir mejor, quiere mantenerse. Esto no es partidario. Hay muchos que se quedaron con la imagen de los años 60 o 70. Acá hace falta coraje moral, que es diferente al coraje físico. Acá hubo gente que tomó las armas, que anduvo a los balazos, que sufrió la cárcel, y uno piensa que no le pueden tener miedo a nada, no puede ser que tengan temor de mover a las corporaciones. Pero no lo han hecho porque el coraje moral es diferente al coraje físico.

Si empezamos hoy a cambiar, ¿cuánto nos llevaría mejorar?

Mucho más rápido de lo que la gente piensa. Decir que llevará décadas es una cortina de humo. Si hoy la sociedad ve un esfuerzo con chance de éxito, el propio efecto de eso cambia la moral. No hay noción de misión y tiene que haberla.

La escuela en el gueto

"Hace un tiempo nos mandaron de Londres la historia de la escuela de ORT que funcionaba en el gueto de Varsovia, donde los nazis pusieron a los judíos, hacinados, no podían trabajar. Adentro había una escuela de ORT que estaba autorizada por los alemanes porque formaban técnicos que eran utilizados por ellos. Mientras tenías un carné de estudiante no te destinaban a (el campo de concentración de) Auschwitz y era importante tenerlo. En determinado momento los alemanes la prohibieron, pero la escuela de ORT siguió funcionando en la clandestinidad y en medio de las deportaciones y los bombardeos la escuela funcionó hasta el último día, hasta que todos los profesores fueron asesinados. Pero la escuela no dejó de funcionar un solo día. Una de las cosas que deberíamos acordar los uruguayos es que los días de clase no se tocan, son sagrados", contó Grünberg.

¿Por qué lo entrevistamos?

Lidera en Uruguay una de las universidades privadas más reconocidas a nivel mundial. A la hora de hablar de educación no ha tenido dudas en cuestionar el statu quo, no solo el educativo sino también el político, al que le atribuye buena parte del estado de la enseñanza


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