Jorge Sanguinetti Sáenz

Durante su gestión al frente del Ministerio de Obras Públicas se concluyeron los accesos a Montevideo, se inició la reconstrucción de ruta 1, entre otras obras

Por Lucio Cáceres*

El 5 de enero nos dejó Jorge Sanguinetti Sáenz, un amigo, un realizador, un innovador, un hombre político, un empresario, un referente para todos.

Como realizador pudimos verlo en el Arrozal 33 en un tiempo en que el arroz comenzaba a emerger en la economía nacional, más tarde en Fanapel donde en una tarea de ingenio desmontó una planta de celulosa en Noruega y la montó nuevamente en Juan Lacaze, 50 años antes que llegaran los finlandeses.

Un realizador como ministro de Obras Públicas, durante cuya gestión se concluyeron los accesos a Montevideo, se inició la reconstrucción de la ruta 1, se construyó el acceso a Montevideo por R8 y se mejoró toda la red vial del país, consolidó un transporte de pasajeros por ómnibus, diversificado, resolviendo la saga de la ONDA y el absurdo del ferrocarril de pasajeros.

Participó activamente junto con Ricardo Zerbino en la formulación de la ley forestal del año 1987 que determinó una nueva vocación para el país. Desde las empresas de Argentina que le tocó gerenciar realizó una revolución enderezando un barco escorado.

Desde la Hidrovía, un invento del cual si no fue el padre fue el padrino de bautismo, transformando el transporte de la región y el protagonismo del puerto de Nueva Palmira.

Volvió al país a ocupar su cargo de senador, pero era un hombre de acción y se puso al frente de ANCAP para un proceso de transformación, que si no pudo ser mayor fue por la contra política que no pudo superar y el temor al cambio de los agentes políticos y la corporación gremial que nos limita en lograr nuestro mejor destino.

Un espíritu abierto, un liberal espiritualista, como buen batllista, que reconocía que lo importante en una persona era su calidad humana y su inteligencia, y que lo demás se adquiría.

Y lo demostraba en acción, como lo hizo cuando integró su gabinete ministerial rodeándose de gente que no conocía, muchos jóvenes, de los que alguna referencia tenía y a la que seleccionó después de unas entrevistas, que hoy llamaríamos un “casting”. ¡Qué moderno y qué diferente!

Integró así su gabinete inicial con Alejandro Atchugarry como subsecretario, Mirtha Costa de Robatto como directora general, Lucio Cáceres como director de Vialidad, Edi Juri como director de Hidrografía, Conrado Serrentino como director de Transporte y Humberto Baldomir como director de Arquitectura. Un equipo que era una familia y que lo siguió siendo en el tiempo posterior.

Esa familia hoy llora su pérdida y se regocija de haber gozado de su amistad y ejemplo, de haberlo acompañado en recorridas infinitas por el territorio, haber disfrutado de su buen humor y de su visión de país, haber visto cómo, mucho antes del internet, el Negro, ya hablaba y controlaba el ministerio, la fábrica y su tambo, desde la radio en el auto en movimiento o pilotando una avioneta. Y habernos contagiado de la energía que irradiaba, de la que nadie que estuviera cerca podía quedar libre.

¡Qué suerte haberlo conocido y haber gozado de su amistad! Su ejemplo nos compromete.

* Ministro de Transporte y Obras Públicas de 1995 a 2004.