José Mujica: Llegó, pero por otra vía

“Los hombres, que somos conservadores, solemos quedarnos con fotos y nos cuesta ver la película completa. Pero mis compatriotas no se quedaron con el estereotipo del guerrillero”

En 1989, el MLN-Tupamaros ingresó al Frente Amplio (FA) y allí se creó el Movimiento de Participación Popular (MPP), una máquina de conseguir votos y ganar posiciones siempre que tuvo a José Mujica a la cabeza.

Los primeros pasos fueron sin él como figura. De hecho, los tupamaros ni siquiera presentaron candidatos propios a las elecciones de ese año. Allí el MPP logró dos diputados: Hugo Cores y Helios Sarthou, y sacó 44.500 votos.

En las siguientes elecciones Mujica ya apareció como candidato. El crecimiento en votos del sector fue casi nulo (obtuvo 53 mil sufragios), pero su ingreso al Parlamento fue la plataforma perfecta para no parar de crecer en popularidad.

¿En qué momento Pepe Mujica comenzó a transformarse en uno de los políticos de más peso de la historia reciente y con más apoyo popular? Según sus más allegados, el quiebre se dio en 1998.

Mujica empezó a promover allí la idea de ampliar las fronteras de la izquierda y –en particular– del MPP. Así como Raúl Sendic había impulsado el Frente Grande, Mujica se la jugó por sumar a sectores blancos y colorados al movimiento de los tupamaros.

Y lo logró. No solo por ampliar las bases del MPP, sino por transformarse en su líder. De no estar ni entre los 10 primeros dirigentes del MLN a comienzos de la década, Mujica pasó a ser el número uno de su sector en las elecciones de 1999. Y así el MPP duplicó por primera vez su votación: llegó a 129 mil sufragios. Pero solo con contar ese proceso no alcanza para explicar el fenómeno Mujica. La otra pata es, tal vez, la más importante.

A finales de los años 1990 Mujica comenzó a forjarse como un coloso comunicacional, primero, y mediático, después. En las particulares mateadas. En el mano a mano o en pequeños actos. En la calle, haciendo de "hombre sándwich" con carteles. Arriba de ómnibus, llevando su mensaje político. Con un estilo desprolijo. Así fue cultivando sus dotes comunicacionales. Hasta que llegó a los medios. Primero a los nacionales y luego, cuando fuera presidente, con una explosión mediática global.

Su estilo de declarar con frases originales, en un lenguaje popular, le permitió llegar a un público mucho más amplio. Además, por esa forma de ser, ni las contradicciones flagrantes en su discurso que ningún político podría soportar ni las salidas de tono habituales hicieron mella en su popularidad.

Y así fue creciendo electoralmente cada cinco años.

Cuando Tabaré Vázquez ganó la presidencia en las elecciones de 2004, el MPP más que duplicó sus votos nuevamente: tuvo 328 mil sufragios y se transformó en la principal fuerza de la izquierda, algo que no ha perdido hasta el momento.

Para ese entonces Mujica ya no era un político más. Su poder creció tanto que en el primer gobierno del FA –además de ser ministro de Ganadería– se transformó en un zurcidor clave de todas las diferencias internas que pudieran surgir.

Pero, además de zurcir, de a poco también empezó a ejercer influencia sobre las decisiones del gobierno para llevar agua a su molino. Y así ganó algunas batallas internas.

Al principio del mandato de Vázquez nadie lo veía como candidato. Además, él lo negaba cada vez que le preguntaban. Pero al final lo fue y ganó con claridad la interna ante Danilo Astori, y luego fue electo presidente en un balotaje en el que compitió con Luis Alberto Lacalle Herrera.

Si se mira la película completa de estos 25 años, se puede concluir que el MPP acercó a la izquierda dos tipos de votantes que no acompañaban al Frente Amplio: los pobres de la periferia de Montevideo y la gente del interior. Y todo fue a impulso de Mujica, que de esa manera se convirtió en una figura clave para la victoria y permanencia de la coalición en el gobierno desde 2005 en adelante.

Su gobierno (2010-2015) cosechó más fracasos que logros. Dejó por la mitad o desechó un montón de ideas y tuvo varios problemas que no pudo solucionar. Aun así, su gestión dio nacimiento a otro Pepe: la estrella pop global. Al que los canales de televisión internacional entrevistaron decenas de veces y le dieron una exposición tal que lo hizo fantasear con el Premio Nobel de la Paz.

Pero la historia de Mujica no parece estar terminada. Sin relevos claros a los viejos liderazgos de izquierda, si "la biología" lo permite, la sombra de una nueva candidatura en 2019 seguirá presente, pese a que para ese entonces tendrá una avanzada edad.

Esta nota forma parte de la publicación especial de El Observador por sus 25 años.


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