Josep Collell, el ceramista que conmovió a Serrat

Cuando uno observa los trabajos de Collell advertirá calidad y sensibilidad. Joan Manuel Serrat lo descubrió aquí en Montevideo. Y no se olvidó más.

Por Linng Cardozo

El barro a punto de “cuero”, lijar con papel fino, pintado con “engobe”, eventualmente “esgrafiado” con el dibujo que uno quiera, mojar ligeramente, bruñir con una piedra y después al horno. Cuando sale la pieza del horno, hay que pasarle cera de piso. Cepillo y listo. Esta descripción de principiante, básica, es la que aplicó Josep Collel, un catalán que se formó aquí desde los años 50 en la Escuela del Sur y que en la pasada jornada del Patrimonio fue
redescubierto cuando su casa –ahora taller y museo- se abrió para observar el mundo Collell y su profundidad y detalle como artista ceramista.

LA MANO TORRESGARCIANA. Collell nació en Cataluña. Con 30 años de edad –en 1950- llegó a Montevideo huyendo de la dictadura franquista junto a su señora, Carmen Cano. Joaquín Torres García había fallecido unos meses antes. La cerámica no era un elemento de destaque en el taller de Torres García, sin embargo algunos de sus discípulos –Julio Alpuy, Horacio Torres, Manuel Pailós, Antonio Pezzino, Manuel Otero y José Gurvich- incursionaron con solvencia en esta disciplina. (Gurvich tuvo en la expresión ceramista una de sus más altos niveles de simbolismo universal).

A ese grupo se sumó Collell. La visión primitiva, el tono precolombino, los colores “atierrados” y la abstracción geométrica de las vanguardias europeas se fueron instalando entre los artistas. Los viajes a Perú y Bolivia de algunos integrantes de ese taller les permitieron incorporar técnicas y texturas, miradas y simbolismos precolombinos. El horno de pan que tenía Gonzalo Fonseca en su
casa del Cerro –allá donde fue Gurvich y algunos de sus alumnos como Adolfo y Jorge Nigro, que le pagaban las clases con barro que juntaban del Pantanoso- permitió a Collell explorar fijaciones de colores. Collell, al igual de Gurvich, Antonio Pezzino, Carlos Martínez y Rodolfo Visca, comenzaron a hacer bruñidos con el barro de la falda del Cerro. Pero eran piezas “débiles” pues la temperatura de horno de pan llega 400 grados a lo sumo; la cerámica funciona con temperaturas mayores a los 1.000 grados. Con 400 grados se logran colores que con mayores temperaturas no se alcanzan. Esa, quizás, fue una de las experimentaciones de Collell.

LA MANO CATALANA. En Cataluña, Collel estudió pintura y dibujo en la escuela municipal de un tío político suyo, Llucià Costa, un muralista próximo al movimiento artístico catalán del Noucentisme. En esta corriente artística de signo clasicista, Torres García jugó un importante papel. La afición de Collell a la pintura, compartida por otros jóvenes pintores, les llevó a la creación, en 1948, del grupo de “Els 8” que, en un contexto academizante, suponía un intento de establecer lazos con los referentes artísticos de la modernidad anteriores a la guerra civil. En el libro “Rescate de la memoria cerámica en el Uruguay”, -editado en Montevideo en 2009, por Mercedes González y otras dos ceramistas- se habla de la permanente experimentación de Collell que tiene su punto fuerte cuando crea, en l955, su propio taller de cerámica.


“Su anhelo era conseguir un tipo de cerámica que pudiera emparentarse estrechamente con la pintura, con su capacidad de dar con el color exacto y poder lograr no sólo una paleta cromática de riqueza similar sino una parecida justeza en el matiz y tonalidad”, dice el citado libro.

Las piezas observadas en la Casa Collel parten de una geometría simple, con un dibujo también austero y un color de tono cálidos.

Entre 1955 y 1985 el Taller Collell enseñará a ceramistas y pintores por igual y constituirá un referente indispensable en el panorama artístico de Uruguay. Se sucederán a lo largo de estos años las clases en el taller y las exposiciones individuales y colectivas, primero y hasta 1960 en el contexto del Taller Torres García y posteriormente en muestras individuales o con sus propios alumnos en Montevideo y en otros puntos del país.

En l982 realiza tres murales cerámicos para la Embajada de Uruguay en Buenos Aires. Estas composiciones marcan una paulatina y ya anunciada vuelta a la pintura sobre lienzo que se hará formalmente efectiva con el cierre del taller, el día de fin de año de 1985. Dos exposiciones de pintura, una en Vic (Cataluña), en 1994 y la otra en Barcelona en 1996, junto con la última en Montevideo en 2001, subrayan el retorno definitivo a su vocación primera.

Cuentan que su viaje a Europa en 1970, le permite un conocimiento directo de la pintura mural italiana. También se reencuentra con el arte románico catalán a raíz de su estancia en Cataluña. A ello se añade su creciente admiración por la pintura de Picasso y el diálogo artístico con su amigo, el pintor fallecido Guillermo Fernández. Mercedes González, destacada ceramista y docente –que fuera alumna de Collell por 10 años- cuenta a Retazo de los Cielos que su maestro era “riguroso y meticuloso”, con orden en el trabajo hasta en la limpieza de las herramientas antes de concluir las clases.

LA SOLIDARIDAD DE JOAN MANUEL SERRAT. En una de sus visitas a Montevideo, Joan Manuel Serrat se enteró de la existencia de este ceramista catalán. Serrat fue a la misma austera casa de los Collel en Durazno y Yaro. Cayó de sorpresa. Estuvieron horas conversando Serrat, Collell y su señora. Al final el cantautor catalán se fue con dos cosas: una pieza del propio Collell y la convicción de que iba a ayudar a estos veteranos catalanes que habían recalado en Montevideo. Tras esa visita, le sucedieron otras, cada vez que Serrat llegaba a Montevideo.

EL MUSEO. El Taller Collell primero funcionó en el mismo Taller Torres García. En 1962 se trasladó a una casa de la calle Juan Paullier y luego a Durazno 1767. Hasta su cierre en 1985, acudieron a ese taller pintores y ceramistas. En 1985 cerró su taller y se dedicó enteramente a la pintura hasta su fallecimiento en 2011. Ahora en su casa de Durazno y Yaro funciona un taller, dirigido por Josefina Pezzino, hija de aquel discípulo de Torres García, y el museo que agrupa parte de la obra de Collell. Las visitas al museo deben ser coordinadas con Josefina.


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