Juan Wauters: rap del exilio

El neoyorquino uruguayo que mejor nos representa en el indie anglosajón abre la cancha y le sale bien. "Who me?" es el nombre de un segundo disco que prueba que nada de lo suyo es un accidente

Si el hip hop encarna como ningún otro género la narrativa de jugar el juego de la industria, triunfar y reivindicar a la raza, la música indie parece preferir las historias de gente que no está obsesionada por “pegarla”. O que al menos no espera que eso suceda. Y quizá esa es apenas una de las razones por las que el uru-neoyorquino Juan Wauters conquistó a parte de la escena musical alternativa de la Gran Manzana hace dos años, cuando sus primeras canciones se abrían paso entre lo más selecto de los radares del periodismo musical de ese país (la pretenciosa pero influyente Pitchfork, por ejemplo).

Hace un año su primer disco, N.A.P. North American Poetry, mostraba al cantautor montevideano que vive en Queens desde 2002 –se fue allí para trabajar con su padre- cruzando aparentes obsesiones con la etapa pre mística de los Beatles con otros ilustres simpáticos del rock (los Mockers, Daniel Johnston) y un dejo a Eduardo Mateo con raíz singular: el año pasado Wauters contó a la periodista Kristel Latecki que recién se encontró con la música del mítico compositor uruguayo hace apenas unos años, en una plaza de Manhattan. De algún modo todo esto está condensado en canciones que por lo general son de guitarra y voz y cuyos versos por momentos también parecen compuestos por alguien que escuchó mucho tiempo a los (también neoyorquinos) The Ramones.

En 2011 tuve la chance de ver en vivo a su banda The Beets, cuando la carrera solista de Wauters todavía no existía. Tocaban en una pequeña y húmeda sala que estaba entre grandes galpones en lo profundo de Brooklyn llamada -irónicamente y a la vez como declaración de amor al desaparecido estadio del equipo de béisbol de la zona, los Mets- Shea Stadium. Era un entorno tan solitario como las propias canciones del Wauters solista. Los Beets, que en ese entonces estaban a punto de salir de gira por Estados Unidos en una camioneta, ya ostentaban ese estilo de canción rock simpática y a la vez incómoda, noise; y en vivo parecían mutar a un espacio anárquico marcado por el rock en el que parecía que cualquier músico podía sumarse a tocar. De hecho, en esa fiesta todo -la música, el ambiente- era rústico y poco pulido. Es lo que precisamente daba parte del encanto a esa noche, más allá de la música de la banda.

 

De algún modo, en N.A.P. las canciones de Wauters mantienen algo de ese ánimo. Lo que sucede ahora es que tras su alejamiento del formato banda queda un esqueleto de canciones en no más de dos o tres acordes en las que el paquete de influencias emerge pero apenas para condimentar un estilo muy personal. De arranque, parte de lo “personal” radica en que Wauters no tiene obsesiones con la entonación perfecta a lo concurso musical de TV y que por momentos su voz es disonante, como si estuviera intentando algo de lo que no está no muy convencido. Algo de eso de no creerse lo que está sucediendo parece reflejarse en el propio título de su segundo trabajo: Who me?, que podríamos traducir en español como "Quien, ¿yo?".

El disco empieza con En mí, una canción que remite inevitablemente a Mateo, pero también desde el arranque –sucederá en muchas otras canciones de este trabajo- hay algo de Wauters que recuerda mucho al Transa del Caetano Veloso sumergido en la Londres de los años 70. ¿Será la guitarra, la entonación particular del inglés, la experiencia del exilio, la calma solitaria que transmite cada canción? ¿O todo eso junto? Aunque punk, las canciones de Wauters siguen haciendo referencia, en todo o en parte, a cierto estado solitario de la vida. 

Avanzando en el disco aparece Todo terminó, que en sí es una canción de corte más beatlero básico y sube un poquito más el tempo. Es imposible hablar de “hits” ante un disco tan particular, pero sí podría decirse que este es el tema más “pop” del disco. Todo terminó es además una preciosa canción para el otoño montevideano y además, si el concepto de earworm acuñado por los científicos del sonido es real, podría decirse que esta canción es un auténtico gusano de cerebros que se prende hasta que uno se cante el estribillo. Es interesante enterarse ahora de que Wauters también puede hacer este tipo de canciones.  

Pero en Who me? Wauters no es solo eso que se ve en esas dos primeras canciones. Sin ir más lejos, Through that red es una canción mucho más armónica y con un trabajo de voz bastante más acabado sobre el que más que sus adorados Beatles de la primera época lo que parece sobrevolar es el espíritu de Brian Wilson en la etapa más baladera de los Beach Boys. Algo de eso también hay en This is I, sobre el final del disco. Estas canciones son la prueba prueba de que esas disonancias en la voz de Wauters no son tanto limitaciones sino más bien discurso estético.

Y una cosa más: sobre el final del disco, Wauters se reserva el track número 14 para una canción que navega del hasta entonces inédito fraseo rapero acomodado en unos sonidos de sintetizadores. En El Show de los Muertos esas bases electrónicas apoyan a un cantante que va de un registro más oscuro a otro más juguetón que (¿quizá por la referencia neoyorquina?), puede incluso llegar a recordar a los Beastie Boys. Conviene recordar aquí que las referencias no son etiquetas y repetir que en esa combinación Wauters logra un estilo propio que no solo suena simpatico sino además auténtico, lo cual es mucho para una música indie que cada vez se ha vuelto más y más un cliché de sí misma, un interminable loop de cantautores rodados de buenos directores de video y diseñadores gráficos y poca música relevante.

¿Será este último tema una pista de por dónde pueden venir sus próximas canciones? Quizá, pero más que nada lo interesante de esta canción es que es un buen ejercicio de versatilidad de un músico que se anima a sumar texturas y colores diferentes y que seguramente siga en ese camino. Sí, aunque a él lo tome un poco por sorpresa, desde 2014 Juan Wauters está llamado a tener una prometedora carrera musical y este disco es otro paso hacia ese futuro quizá no tan previsible.


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