"Juana la virgen" vuelve a la televisión con un nuevo giro

Adaptada con éxito para el público estadounidense, Juana la virgen llega a las pantallas locales refrescando una premisa conocida
A inicios de la década del 2000, dos personajes llamados Jade y Lucas eran la pareja perfecta de la televisión pública. La historia de amor entre ambos, que enlazaba los paisajes de Marruecos con los de Brasil, desbordaba los ratings de la televisión uruguaya bajo el nombre El clon, al tiempo que se escabullía sin pudor en las conversaciones diarias.

Sin embargo, su trama, con una mezcla original entre drama y ciencia, no era lo único que acaparaba la atención y la agenda del público local, que también se hacía un espacio para un producto levemente más tradicional llamado Juana la virgen, un "culebrón" venezolano que explotaba las cualidades y atractivos de sus congéneres, introduciendo, no obstante, un elemento innovador.

Con solo 17 años, Juana Pérez descubría que estaba embarazada y veía su futuro cambiar ante sus ojos. Sin embargo, como el nombre del programa lo indica, su gravidez se alejaba de cualquier otro embarazo adolescente normal: durante lo que iba a ser una simple revisión ginecológica, su médico confundió su expediente con el de otra paciente y le practicó una inseminación artificial sin que se diera cuenta.

A lo largo de 153 capítulos (transmitidos en 2002 debido al formato casi diario de la telenovela), Juana debe lidiar con el cuestionamiento, desprecio y fanatismo religioso de su entorno, al tiempo que desarrolla una complicada relación amorosa con el padre de su hijo. Exportado para la televisión polaca (Majka) y la mexicana (La virgen de la calle), la serie exploró caminos y registros similares, pero cuando la traducción fue para el mercado estadounidense, en 2014, el resultado fue radicalmente distinto.

Juana la virgen - Trailer

Jane The Virgin (CW), a estrenarse hoy a las 20:30 horas en Monte Carlo TV como Juana la virgen, apela a más a la tradición de otra reversión estadounidense, Ugly Betty (2006-2010, inspirada en la colombiana Yo soy Betty, la fea), que a la de su antecesora.

Como una joven trabajadora de orígenes venezolanos que vive con su madre y su abuela en Miami, Jane Villanueva (Gina Rodríguez) no tiene 17 años, sino 23, y sus planes futuros y motivaciones para mantenerse virgen son distintos a los de la Juana Pérez venezolana, pese a que su embarazo tenga la misma raíz fantasiosa y sorpresiva.

Aunque está comprometida con Michael, un detective de la Policía de Miami, Jane prometió a su abuela que conservaría la virginidad hasta el matrimonio, a diferencia de su madre, Xiomara, que quedó embarazada de ella a los 16 años. Al igual que Juana, Jane es inseminada artificialmente en una consulta ginecológica, pero su vínculo con el padre biológico de su bebé es otro: mientras que Juana desconocía a Mauricio (Ricardo Álamo), Jane trabaja para Rafael (Justin Baldoni), e incluso fue él quien le dio su primer beso.

Entre lo nuevo y lo viejo

Más allá de las diferencias y similitudes que mantenga con la trama de la telenovela, lo que distingue a la serie es de la cadena estadounidense CW es su enfoque, que oscila entre el melodrama y la parodia. "Me gusta describirlo como Ugly Betty mezclado con Gilmore Girls", sostuvo la creadora y guionista de la serie, Jennie Snyder Urman, que actualmente se encuentra desarrollando la tercera temporada.

Con una paleta colorida y brillante, Juana la Virgen opta por una fotografía más cinematográfica que la que suele ser utilizada en las telenovelas, y suma esto a elementos metatelevisivos que contribuyen a su humor irónico. Así, sus capítulos cuentan con intertextos cómicos y la voz narradora de una tercera persona omnisciente que, con acento latino, recopila los episodios anteriores, bromea, revela los pensamientos de los personajes e incluso realiza comentarios con la misma incredulidad que puede despertarse en los espectadores ante los giros inesperados de la trama.


Más allá de lo metatelevisivo, la serie recurre a ciertas estrategias clásicas de las telenovelas, como la sobreactuación, los triángulos románticos, los villanos, las frases de dramatismo memorable y los cliffhangers o finales con suspenso, sin que sus sentimientos o planteos dejen de ser genuinos.
En ese registro ecléctico, Juana la virgen demuestra ser consciente de sus orígenes, reivindicando sus instrumentos y sus relatos al tiempo que reconoce sus excesos y los usa como su propio aliado cómico.

Por excéntrico, el resultado no ha dejado de ser exitoso. En 2015, Rodríguez logró obtener un Globo de Oro como Mejor actriz de comedia o musical y tanto ella como la serie han logrado llamar la atención de la crítica especializada de Estados Unidos, casi tan cautivada con el programa como los aficionados a las telenovelas circa 2002. La aparición de invitados especiales como Paulina Rubio, Juanes e incluso Britney Spears suman al encanto del programa, que se ríe de sí mismo al tiempo que toma momentos para hablar en serio.

En la televisión estadounidense, en la que los zombies, vampiros y demás monstruos apócrifos logran más representatividad que las comunidades minoritarias, el éxito de Juana la virgen es casi tan milagroso como el embarazo de su protagonista.

Pese a presentarse en el contexto de una pseudo-telenovela, Juana la virgen logra recuperar algunos de los estereotipos de la comunidad latina y burlarse de ellos, mostrando, en el proceso, la amplitud que yace debajo de pieles y orígenes. Sobre el escenario de los Globos de Oro, Rodríguez lo tuvo perfectamente claro. "Este premio es mucho más que solo yo. Representa a una cultura de personas que se quieren ver a sí mismas como héroes".

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