Juristas: femicidio ya está penado y tipificarlo no es la solución

"Mayor punición no va a menguar esa conducta criminal", afirma experto
Matar a una persona con la intención de hacerlo tiene un castigo mínimo de 20 meses de prisión. Esos casi dos años pueden transformarse en 12 de penitenciaría y, a partir de ahí, la pena puede seguir aumentando hasta 24 por diferentes agravantes. El artículo 311 del Código Penal indica que uno de los "agravantes especiales" es que el homicida sea padre, hijo, cónyuge, concubino o que tenga una relación de afinidad con la víctima.

En el caso de que el homicidio se haya cometido "con impulso de brutal ferocidad", por ejemplo, la pena puede llegar a los 30 años porque se considera que es "muy especialmente agravado", según establece el artículo 312. Esa es la pena máxima a la que quiere llegar el oficialismo para los casos en los que la asesinada sea una mujer, por "motivos de odio y menosprecio" a su condición, a través de la creación del delito de femicidio, que actualmente no existe en el Código Penal. La bancada de senadores del Frente Amplio aprobó el lunes 20 presentar un proyecto, independiente del integral sobre violencia de género, que solo contemple la creación del femicidio como figura penal.

A pesar de que la iniciativa parece tener apoyo a nivel parlamentario, genera resistencia en expertos en derecho, que consideran que la figura como tal no debe existir porque ya están contempladas penas para esos casos –como establece el artículo 311- y no es una garantía de que la violencia de género en su peor expresión descienda.

Para el penalista Germán Aller, presidente de la Comisión de Derecho Penal del Colegio de Abogados, "no hay necesidad ninguna" de que la figura exista porque se debe "proteger a todas las personas vulnerables, sean niños, mujeres, ancianos". "Tenemos nomenclatura jurídica suficiente para contemplar esa y cualquier otra situación" y aclaró que "eso no va en detrimento de la preocupación por parte de grupos sociales que pretenden encontrar una solución en lo penal". Aller destacó que no existe a nivel jurídico un caso en el que "por mayor punición o creando una figura específica para algo que ya está previsto, vaya a menguar o disminuir esa conducta criminal".

"La conducta criminal de matar a una mujer por ser mujer es aberrante y repugnante pero sin perjuicio de eso también lo es asesinar a un niño, a un anciano o a una persona fuerte y musculosa. Quitar la vida es un mal. Sea que se cree un tipo penal específico o un agravante -que es un matiz de lo mismo-, es establecer una diferenciación absolutamente innecesaria", subrayó.

En una línea similar, el penalista Mario Spangenberg sostuvo entrevistado en el programa Las cosas en su sitio de radio Sarandí que crear la figura del femicidio implica "un mensaje simbólico pero no un criterio operativo". "Estamos llegando tarde ahí. Ya tenemos a una mujer muerta", dijo y apuntó a mejorar la prevención de ese delito con la mejora de una ley de violencia doméstica.

La directora del Instituto Nacional de las Mujeres del Ministerio de Desarrollo Social, Mariella Mazzotti, remarcó que tipificar el homicidio de mujeres como especialmente agravado implica dar "un mensaje en términos educativos y culturales". "Que el parlamento, votando democráticamente, considere que el homicido por razones de odio y menosprecio son delitos especialmente agravados es un mensaje no solo a los hombres sino a la sociedad en su conjunto", sostuvo.

Más allá del mensaje que se quiera dar, a nivel judicial insisten con "trabajar en mecanismos de prevención". El presidente de la Suprema Corte de Justicia, Jorge Chediak, dijo entrevistado en el programa Arriba Gente de Canal 10 que el agravamiento de la pena como "efecto disuasivo" para cometer un delito "juega en mucho menor manera" cuando se trata de homicidios de mujeres que en otros delitos. "Es muy difícil prevenir determinadas situaciones y, en este tipo concreto, el aumento de la pena no debería evitar prevenir determinadas situaciones", manifestó el magistrado.


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