Juventud sin educación ni empleo

Informes plantean la persistencia crítica de que casi la quinta parte de la juventud uruguaya ni estudia ni trabaja

Informes del Banco Mundial (BM) y del Instituto Nacional de Estadística (INE) plantean la persistencia crítica de que casi la quinta parte de la juventud uruguaya ni estudia ni trabaja. El irresuelto problema social de los “ninis” es atribuible solo en parte al desinterés de los jóvenes. Incide agudamente la fatídica combinación de la pobreza educativa en secundaria y la falta de programas gubernamentales que los alienten a una vida de trabajo. El resultado es la degradación de las condiciones de vida de muchos uruguayos y hasta la inducción al delito juvenil, como alternativa fácil al crecimiento desesperanzado, sin horizontes de rectitud.

Los ninis no son solo una vergüenza autóctona. Un estudio del BM señaló que hay 260 millones de jóvenes en esas condiciones en todo el mundo. Más de 20 millones están en América Latina y una buena cantidad de ellos, el 18% de los habitantes de entre 15 y 24 años, en Uruguay. El informe destacó que el porcentaje de ninis en el país se mantuvo virtualmente incambiado entre 1992 y 2013, lo que en realidad representa un aumento al tomarse en cuenta el incremento de población entre esos años. Descarta, como elemento esencial a tomar en cuenta, que los ninis sean “jóvenes sin motivación, cuya indiferencia los sume en la pobreza y la desesperanza”, y reclama responsabilidad de la sociedad para ayudarlos a desarrollar su potencial.

Las flaquezas educativas fueron señaladas por el organismo multilateral como causa básica en la alta deserción en el nivel secundario, que conduce al ocasional trabajo informal y la desocupación por carencia de formación para ocupar empleos estables. Además de mejorar la enseñanza para hacerla más atrayente, el informe recomienda, entre varios cursos, que los gobiernos impulsen a los jóvenes a emplearse en el sector privado mediante subsidios a los salarios. Pero el punto crucial está en el nivel educativo medio. Según el Ministerio de Educación y Cultura, el problema no está en el ciclo primario, en el que el 97% de los jóvenes de entre 14 y 15 años logra terminar sexto año.

Pero ese informado buen panorama se desploma en secundaria, ciclo en el que se acumula un gigantesco nivel de deserción. El INE informó que mientras el porcentaje de estudiantes de 15 años en primero de liceo alcanza al 80%, solo el 38%, menos de la mitad, ha completado secundaria en el grupo etario de entre 21 y 22 años. Otro informe del INE, del pasado mes de noviembre, estableció que la tasa de desempleo entre las personas de entre 14 a 24 años es del 24%, triplicando el índice general de desocupación del 7,9%.

El sombrío panorama no es novedad, pero lo enfatiza en toda su magnitud la crudeza de los datos aportados por el BM y el INE. La conclusión obvia es que las dos vías de solución están en la educación secundaria y en programas gubernamentales de asistencia en la formación y capacitación laboral de los jóvenes que ni estudian ni trabajan. Pero, por un lado, las autoridades de la enseñanza pública se muestran incapaces en atenuar el desastre de secundaria. Por otro, el gobierno no da señales de programar la asistencia que necesitan. Mientras no se tomen ambos caminos correctivos en forma efectiva, los ninis seguirán derivando en el desinterés a que los empuja la desidia oficial.


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El Observador

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