Kalanick no es suficientemente ético para estar al volante de Uber

Parece que los ejecutivos de la multinacional valoran más el crecimiento a corto plazo que la humanidad básica

Por John Gapper

Financial Times Newspaper Spanish

Si Uber fuera una compañía pública convencional, la deshonrosa manera en la que su director ejecutivo se ha comportado durante tanto tiempo no le dejaría otra alternativa a su junta directiva: sería despedido y los directores contratarían a un individuo fuera de la empresa que pudiera organizar un equipo de liderazgo más fuerte y restaurar la autoridad moral.

Puesto que Uber no es ni pública ni tiene una junta directiva con el poder absoluto para sancionar a Travis Kalanick, esto no ha sucedido. Emil Michael, su segundo al mando, ha dimitido y Kalanick ha tomado una excedencia laboral mientras que a Uber la dirigen otros ejecutivos y mientras que contrata a un presidente independiente.

A esto pudiera llamársele la estrategia de meditación, debido a la opinión de Arianna Huffington, miembro de la junta directiva de Uber. La fundadora del Huffington Post cree que Kalanick puede reformarse porque ahora está meditando. “Travis regresó y se podía ver el cambio en la forma en que se comportaba”, dijo recientemente, relatando cómo él había entrado en una habitación para reflexionar.

Si la junta es tan crédula, no es de extrañarse que todavía esté al mando. De hecho, Uber se ha llenado de lo que un ejecutivo llama “facilitadores y apologistas”. Kalanick, su cofundador Garrett Camp y el primer director ejecutivo de Uber, Ryan Graves, tienen el control del voto, en la tradición de Silicon Valley de confiar en los fundadores.

Eso ha dado excelentes resultados en términos financieros. La intuición y el impulso de Kalanick han propulsado a Uber a lograr una valoración de US$68 mil millones incluso antes de su probable oferta pública inicial (OPI). Uber ha revolucionado el transporte urbano y se ha convertido en el modelo para las compañías plataforma, las cuales conectan a los clientes y contratan a proveedores a través de software, reduciendo la necesidad de mediación humana.

Pero consideremos algunos de los hechos que han surgido acerca de la cultura impulsada por testosterona de Uber desde que Susan Fowler, una exingeniera de la empresa, describiera “una organización en completo y constante caos”. El artículo en el blog de Fowler en febrero acerca de su experiencia de repetido acoso sexual, que no fue controlado por los ejecutivos de recursos humanos, reveló algo extremadamente desagradable.

El comportamiento de los ejecutivos después de que un conductor de Uber violara a una clienta en India en 2014 también fue tremendamente inquietante. Eric Alexander, jefe de negocios de Uber en Asia, obtuvo el historial médico de la víctima como parte de sus esfuerzos para defenderse de las acciones legales, llevándolo con él a todas partes y mostrándoselo a Kalanick y Michael. Fue finalmente despedido la semana pasada.

En Brasil, Uber respondió en una manera trágicamente lenta cuando a varios conductores los robaron y asesinaron después de que la compañía permitiera a los pasajeros pagar en efectivo de forma anónima. A pesar de las protestas locales de los conductores, y de la presión interna de los ejecutivos de Uber que estaban horrorizados por lo que estaba sucediendo, la compañía solo impuso verificación de identidad para los pasajeros en febrero, cinco meses después del primer asesinato.

En ambos casos, parece que el grupo de ejecutivos alrededor de Kalanick valoró más el crecimiento a corto plazo que la humanidad básica. Impulsar el crecimiento se convirtió en la prioridad de Uber. Kalanick no consiguió contratar a suficientes ejecutivos de recursos humanos o legales para imponer protecciones adecuadas.

Esto ha sido exacerbado por una turbia cultura de ‘muchacho de fraternidad’ entre los más altos ejecutivos, con Kalanick enviando un correo electrónico en 2013 a los empleados sobre una celebración en Miami que incluía graciosas reglas para acostarse los unos con los otros. Kalanick y Michael eran parte de un grupo que visitó un bar de acompañantes pagadas en Corea del Sur durante un viaje de negocios.

Tal vez no se podía esperar más de un ambicioso grupo de parranderos administradores machistas que a menudo utilizaban limusinas Uber durante sus propias salidas nocturnas. Los inversionistas probablemente tenían esperanzas de que el inquieto cofundador de la empresa madurara en el papel de director ejecutivo, tal y como lo logró Mark Zuckerberg en Facebook, pero Kalanick tiene 40 años y debería haber madurado hace mucho tiempo.

Uber está en camino hacia una OPI para recompensar a sus inversores, incluyendo a Fidelity y a Goldman Sachs. La mayoría de las presentaciones de una OPI incluyen advertencias sobre el riesgo que representan los ejecutivos clave que salen de las empresas, junto con otros factores de riesgo que pudieran descarrilar las finanzas de la compañía. El liderazgo de Kalanick estaría entre los principales riesgos de Uber, dado sus imperfecciones éticas y administrativas.

Los capitalistas de riesgo de Silicon Valley han provocado esta situación. No sólo han fomentado un culto de personalidad entre los fundadores de compañías “startup”, sino que lo han convertido en una filosofía de gestión. Ciertas empresas, incluyendo a Alphabet y a Facebook, han sido lanzadas con estructuras participación que garantizan el control de la votación por parte de los fundadores.

Ben Horowitz, el cofundador del grupo de capital de riesgo Andreessen Horowitz, una vez argumentó que los buenos fundadores tienen “un ardiente e irrefrenable deseo de construir algo grande” y son más propensos que los directores ejecutivos de carrera a combinar autoridad moral con “compromiso total a largo plazo”. Eso ha funcionado en algunos casos, incluso en Google y en Facebook, pero ha fracasado desastrosamente en el caso de Uber.

A Kalanick se le capturó en vídeo este año reprendiendo a un conductor de Uber por eludir su responsabilidad, y quejándose de que la gente “culpa a los demás de todo lo que les pasa en su vida”. Si reflexiona detenidamente acerca de lo ocurrido en Uber, sabrá dónde recae la responsabilidad y usará su poder como accionista mayoritario para despedirse.


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