La baja del dólar: alivios y amenazas

Uruguay atraviesa una inesperada primavera cambiaria junto con el resto de los países emergentes

¿Por qué baja el dólar y qué consecuencias tiene?

La baja del dólar en los últimos meses tomó por sorpresa a la amplia mayoría de los expertos, de la mano de un cambio en el escenario político internacional que pocos supieron anticipar. La nueva realidad cambiaria representa un alivio bienvenido en ciertas heridas macroeconómicas que tiene el país, pero también pone por delante algunos riesgos y desafíos nuevos.

Dólar 2016 08 10

A la hora de buscar una explicación a la baja del dólar, el cuento corto es el siguiente: los británicos decidieron abandonar la Unión Europea, la Reserva Federal de Estados Unidos respondió con paños fríos en sus perspectivas de aumento de las tasas de interés para el corto y mediano plazo –a mayor incertidumbre, mayor cautela–, y de esa manera se generaron las condiciones para que los inversores desandaran de a poco su huida de los mercados emergentes, en particular aquellos –como Uruguay y la región– que tienen muy baja exposición a los devenires de la economía británica.

Dólar esperado

Esos eventos, de muy baja probabilidad cuando se analizaban previos a su concreción, estaban por fuera del radar de los expertos cuando en marzo esperaban que el dólar llegara a $ 35,1 en los próximos seis meses. Lejos de esa cifra, hoy el dólar cotiza por debajo de los $ 29. Y esa desviación de 18% en la cotización no es una rareza cuando se observan las distintas monedas de la región. El dólar en Brasil se adquiere hoy 27% más barato de lo que esperaban los expertos en marzo. Lo mismo sucede con la moneda argentina, con una desviación de 7% en el mismo horizonte –aun cuando la inflación no ha cedido al ritmo esperado y eso, en circunstancias normales, debería venir de la mano con un tipo de cambio más alto–.


Un alivio

Este nuevo escenario del dólar y las monedas emergentes implica un atenuante inmediato para algunos grandes desequilibrios que tiene la economía uruguaya y le da aire al gobierno para enfrentar algunos desafíos, como la inflación de dos dígitos. Un dólar más bajo abarata los bienes importados e incluso aquellos que el país exporta. Ese alivio ya se observa en los últimos datos de inflación. Los bienes y servicios que se comercializan con el exterior pasaron de subir 13,3% en conjunto en los 12 meses finalizados en marzo a 8,8% en el año móvil a julio. Es uno de los principales elementos que explican que la inflación no haya escalado a más de 11% interanual en los últimos meses e incluso se moderara de 10,9% a 10% en el último mes.

Con los salarios ya acordados en varios sectores en términos nominales –otros tantos por negociarse– y correctivos por inflación recién a 18 o 24 meses, un alza de precios más moderado implica un mayor incremento del poder de compra de los trabajadores. En marzo, la mediana de los expertos encuestados por El Observador esperaba una caída del salario real de 0,4% este año, mientras que en el último mes esa proyección pasó a un aumento de 1%, por encima del incremento registrado el año pasado (0,4%).

Inflación esperada

Al mismo tiempo, en una sociedad dolarizada y obsesionada con las pizarras de los cambios, un dólar más bajo representa una inyección de confianza que puede ayudar a estimular un consumo anémico en el corto plazo. Son varios los factores que explican la propensión de los uruguayos a consumir y uno de ellos es el tipo de cambio. No solo porque un dólar más bajo mejora el acceso a los bienes importados sino que además representa para muchos uruguayos una tranquilidad derivada de la asociación –muchas veces infundada– entre dólar en baja y prosperidad económica.


Un riesgo

El nuevo escenario cambiario no solo representa un alivio para algunos problemas macroeconómicos, también trae aparejados algunos riesgos. El tipo de cambio afecta la competitividad de las empresas exportadoras en materia de precios. Si los productores reciben menos pesos por cada dólar que colocan en el exterior, empiezan a aparecer los problemas: menos rentabilidad y, en algunos casos, dificultades para sostener niveles de producción y empleo.

Este no es el escenario actual. La baja del dólar en Uruguay durante el último mes y medio está alineada con el comportamiento del tipo de cambio en los principales socios comerciales del país. No es el peso uruguayo el que está ganando fuerza en el mundo sino el dólar el que pierde terreno frente al resto de las monedas. Si bien un dólar estable le permitiría a Uruguay recuperar parte de la competitividad perdida en los últimos años, esta baja del tipo de cambio al menos no agrega problemas adicionales a los que ya existen.

El riesgo vendrá dado por la manera en la cual la moneda uruguaya se comporte una vez que se termine esta primavera del dólar barato, los mercados se acomoden a los fundamentos de largo plazo y el billete verde retome su ascenso. El desafío está en poder acompañar a los países de referencia una vez que eso suceda.

Salario real esperado

Otro desafío está vinculado con la manera en la cual se procesa este reacomodo del tipo de cambio. Un reciente estudio realizado por investigadores del Instituto de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas y Administración (Universidad de la República) muestra que a la hora de analizar el impacto del tipo de cambio sobre los flujos comerciales no solo importa la magnitud y el nivel al que se llega luego del ajuste sino también su trayectoria. Una alta volatilidad del tipo de cambio –subas y bajas bruscas alternadas– afecta a la actividad en una magnitud significativa. Un dólar errático e impredecible afecta la capacidad de las empresas para planificar sus finanzas e induce a la cautela.

La baja del dólar es un arma de doble filo que da aire a la conducción económica en momentos en que las buenas noticias escasean, pero al mismo tiempo genera desafíos que deben anticiparse. Subestimar los riesgos asociados al nuevo contexto cambiario y asumir que el dólar más bajo llegó para quedarse, tanto por parte del gobierno como de los agentes privados, podría a la larga ocasionar un problema adicional en un escenario ya de por sí desafiante.


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