La belleza cruel de sobrevivir

El renacido es una experiencia brutal y necesaria para vivir en el cine

Hay grandes posibilidades que Leonardo DiCaprio obtenga un premio Oscar como Mejor actor principal por su protagónico en The revenant: el renacido. El momento en el que los nombres de los nominados en la categoría –que incluye a Bryan Cranston (Trumbo), Eddie Redmayne (La chica danesa), Matt Damon (Misión Rescate) y Michael Fassbender (Steve Jobs)– sean anunciados, el suyo será uno de los más esperados en la 88ª edición de la ceremonia. Esa expectativa se generará por el mero hecho de ver a DiCaprio recibiendo la estatuilla de una vez por todas.

Y con razón, ya que en la extensa carrera del actor hay varios papeles que podrían haber sido celebrados con el premio más codiciado en el cine. Su labor en El renacido no será recordado como el más complejo en comparación a otros papeles emocionalmente más destacables –Solo un sueño (2008), de Sam Mendes, es una joya menospreciada del actor–, pero sí el más demandante. Más allá de los detalles que han salido a la luz sobre el rodaje complicado de El renacido, en su último filme el director mexicano Alejandro G. Iñárritu ha confeccionado el relato ideal para despojar a DiCaprio de toda noción hollywoodense y lograr, en cambio, que el personaje predomine sobre el actor.

Como el explorador y cazador de pieles Hugh Glass, DiCaprio da vida a este personaje histórico que protagonizó una expedición desafortunada por los inhóspitos bosques estadounidenses a principios de la década de 1800, en la que terminó siendo atacado por un oso grizzly y dado erróneamente por muerto por dos de sus compañeros. Pero incluso antes de mostrar el brutal accidente con el animal –la escena más meritoria del filme a nivel de efectos especiales– o el giro narrativo que convertirá el regreso de Glass en una caza por la sangre de su compañero, John Fitzgerald (Tom Hardy), el filme no pierde un segundo en demostrar que, todo lo que puede salir mal, lo hará. Y lo que superficialmente será promocionado como una historia de venganza es en realidad la historia de supervivencia de un hombre ante una naturaleza violenta, propia y externa.

Mientras que en la oscarizada Birdman (2014) Iñárritu presentó de forma flamante la caída en desgracia de un artista hacia la completa locura, aquí lleva a su protagonista a los más básico: una carcasa que antes contenía a un amante, padre y humano, y que ahora solamente es un espectro de hombre motivado por la rabia y el miedo.

El renacido es una película demandante, no solo para sus realizadores y actores, sino también para el espectador. No existe tapujo ninguno en mostrar la brutalidad en torno a estos hombres, particularmente en sus sanguinarios enfrentamientos con diferentes poblaciones indígenas. DiCaprio apenas vocifera alguna palabra a lo largo del filme y en cambio son sus acciones las que hablarán con él, con una cámara que lo seguirá tan cerca al punto de empañarse de su aliento o cubrirse de su sangre. Esta decisión de Iñárritu y su director de fotografía, Emmanuel Lubezki, recuerda a las mejores escenas de Niños del hombre (2006), del director mexicano Alfonso Cuarón, pero genera cierta extrañeza dentro de un relato que se preocupa de forma reiterada en hacer del enfrentamiento entre Glass y la naturaleza otro de los protagonistas de El renacido.

Porque el dúo entre director y fotógrafo quiere dejar en claro que han elegido una forma atípica de hacer cine hoy en día, al filmar principalmente en exteriores y bajo iluminación natural. Gran parte de su narración es dedicada la toma de paisajes majestuosamente desolados, en donde muchas veces la presencia de DiCaprio no es más que una mancha. Iñárritu y Lubezki se mueven entre pocos cortes de plano y en secuencias de acción coreografiadas de manera espectacular, que incitan inmediatamente a una visualización repetida.

Sin embargo, en algún punto el relato de El renacido se pierde en sí mismo. La historia que debería seguir a Glass se confunde con secuencias oníricas cuyo valor radica en lo estético y no en lo narrativo. De la misma forma, parece haber una preocupación por hacer que cada escena se vea demasiado bella, sin importar lo gráfico de su contenido.

Afortunadamente, eso no quita la estupenda labor de DiCaprio, quien ha encontrado en El renacido la obra crucial para demostrar que no hay límite que no pueda cruzar para demostrar su entrega por su profesión. No está solo, ya que en el Fitzgerald interpretado por Hardy hay un antagonista a la altura, quien convierte al El renacido en el enfrentamiento de dos hombres motivados por el mismo anhelo de escaparle a la muerte.

El último filme de Iñárritu es, sin duda, una de las experiencias imperdibles en el cine del último año, algo que la rápida filtración de la película en internet le ha robado a varios impacientes.

Así como Quentin Tarantino, Iñárritu parece seguir con la mente empeñada en hacer de la pantalla grande un medio único para presentar su arte y por eso hay suficiente motivos para celebrar el estreno de El renacido. Si el festejo viene con un merecido premio para DiCaprio, aún mejor.

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