La bruja es una experiencia imperdible

Lejos de recurrir a sustos predecibles, el horror de la película de Robert Egger hiela la sangre desde la desesperación
Es particularmente difícil llegar preparado a la propuesta que el director Robert Egger construyó en su ópera prima, La bruja, actualmente parte de la cartelera local. "Una leyenda de Nueva Inglaterra", advierte un subtítulo de la película antes de comenzar, luego de que el ojo más atento note que la pantalla se disminuye a un formato más ajustado al que se está acostumbrado en el cine contemporáneo.

Ambientada en la década de 1600 en la región noreste, La bruja es la historia de una familia que se ve obligada a exiliar de su pueblo y asentarse nuevamente en un bosque que desconocen y al que le temen. Bajo una extrema crianza religiosa, un matrimonio y sus cinco hijos tratan de subsistir en una tierra hostil donde sucederá un hecho demasiado horrible y jugoso como para revelarlo y robarle a Egger de su relato para una simple reseña.

Es posterior a ese evento, sin duda, que La bruja comienza a revelar su verdadera naturaleza y quienes estén ante ella esperando saltar de sus asientos, se sentirán decepcionados.

Con su idioma antiguo, diálogos de grandilocuencia religiosa y planos fijos cuya inmovilidad deforma la tensión y el pasaje del tiempo vivido con y por la familia, La bruja no se puede emparejar con otras películas de terror de fórmulas conocidas y que han gozado de popularidad en taquilla reciente, ya sea El conjuro (2013) o La noche del demonio (2010), del director James Wan.

En cambio, el filme de Egger se puede asociar –aunque no mezclar– con joyas menos populares del género como The Babadook y Te sigue, dos películas de 2014 que hoy pueden verse en Netflix. Ambos títulos, como La bruja, utilizan lo paranormal no como un fin para asustar sino como un medio para explorar.

En el caso de Egger, el mayor rol de exploración lo tiene la actriz Anya Taylor-Joy, quien interpreta a Thomasin, la mayor de los hermanos. En pleno pasaje de la niñez a la adolescencia, los ojos de Thomasin son –con cierto escepticismo y fascinación ante el horror que comienza a acechar su entorno– los ojos de la audiencia. Taylor-Joy es parte también de un reparto impecable que incluye actuaciones muy poderosas por parte de niños hasta la presencia macabra de varios animales. ¿Quién podría haber dicho que un macho cabrío, aquí bajo el nombre de Black Phillip, podía ser tan atemorizante?

Es difícil no experimentar La bruja sin sentir cierta sensación de repetición en las situaciones pero Egger hace bien en cansar a sus espectadores y guardarse las sorpresas necesarias para hacer del filme un relato merecedor del cine como su medio narrativo.

La desgracia no se sentiría como tal si el filme no avanzara al ritmo que lo hace –que hará que varios la califiquen de "lenta"– pero cada pieza parece encajar de forma coherente cuando el verdadero origen del mal, que hace que La bruja de miedo en los momentos más mundanos vividor por la familia de Thomasin, se aparece en un desenlace magnético.

La bruja ha hecho un largo camino desde su estreno en el Festival de Sundance en 2014, pero dada la rareza de su relato y el camino que la ha traído hacia un estreno de atractivo internacional, vale la pena obligarse a verla en el cine donde Egger utiliza todos los recursos disponibles para hacer de su historia pequeña una gran película.

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