La cara oscura detrás del paso de la lengua legendaria

Resumen de la resaca celeste que dejaron los Rolling Stone

En estos días de rollingmania uruguaya he visto muchas cosas y otras cosas no las he visto pero es lo mismo porque me las contaron testigos bien intencionados. He visto la alegría envidiable de rolingas de toda la vida y la indiferencia fría de rockeros sin sangre en las venas que calificaban de aldeanos a los que se fascinaban con la idea de que Mick Jagger anduviera cantando a unas cuadras de su casa.

He visto a una tribuna del estadio Centenario responder al milagro universal de la música con un pavoroso “soy celeste” más propio de un Uruguay-Perú por la copa América que de un acontecimiento artístico.

He visto sacar la lengua a cuarentonas fanáticas de Ricardo Montaner  mientras posaban para la foto con chiquilines a los que habían vestido con camisetas al tono. He visto cómo la vitalidad de esos músicos septuagenarios era elogiada por veinteañeras que ya se embadurnan con cremas antiage. 

He visto centenas de personas googleando un dato miserable sobre Keith Richards para poder opinar en los medios de comunicación, en twitter, o en faceboock.

He visto, y esto es lo peor, a miles de personas observando el  espectáculo a través de las pantallas de sus celulares. Los he visto cambiar un recuerdo imborrable para la memoria por un souvenir grabado que luego mirarán de la misma manera que miran una concierto cualquiera por youtube; es decir, los he visto hacer el amor con un traje de neopreno.

Los he visto perderse la sustancia de las cosas, cambiar los sentidos por la tecnología, postergar las emociones por un mensaje de “mirá donde estoy” dirigido a sus amigos.

He visto a un montón de gente, que se gasta dinerales en un sofá, pichulear por el precio de una entrada cuyo valor es incalculable. He visto a los Rolling privarnos de Ruby Tuesday

He visto todas estas cosas sin haber ido al estadio Centenario; las he visto mientras espero que un par de muchachos de Liverpool resuciten, se junten con el otro par, y decidan venir por estos lados para que yo también pueda saber qué se siente cuando uno se enfrenta cara a cara con una leyenda.


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