La Copa América está preciosa

El campeonato panamericano de fútbol a disputarse este año en Estados Unidos es otra oportunidad para la gloria. ¿O es que alguien tiene mucho miedo?
El técnico uruguayo Oscar Washington Tabárez es un gurú que condujo a la selección a participar en tres mundiales: 1990, 2010 y 2014. Entre medio se disputaron otros cuatro (1994, 1998, 2002 y 2006) y Uruguay solo se clasificó a uno de ellos (2002, en Corea y Japón).

El equipo de Tabárez llegó a estar entre los cuatro mejores en Sudáfrica 2010, algo que no le pasaba a una selección uruguaya desde México 1970 y en esos 40 años nunca habíamos estado siquiera entre los mejores ocho. El técnico se coronó campeón, además, en la Copa América organizada por Argentina en 2011.

Digo esto para que quede claro el respeto que le tengo. No solo respeto sino gratitud. Entiendo que fue en gran parte responsable de que mi generación viviera algo que creí que no iba a suceder nunca más: que Uruguay estuviera en lo más alto, que volviera a provocar el asombro del mundo.

Hecha la larga aclaración, paso a lo que voy: ¿qué es eso de andar cuestionando la validez de este campeonato que se jugará en Estados Unidos? Tabárez dice: "no sé si llamarle Copa América". ¿Por qué no? Anímese, maestro, que "la copa está preciosa", como dejó dicho Jaime Roos.

Es cierto que el campeonato es un poco extraño. La Copa América es el Campeonato Sudamericano de Fútbol y el de este año se juega por primera vez fuera de Sudamérica. Para colmo, dos de los cuatro cabezas de serie son equipos foráneos, Estados Unidos y México, con una larga tradición de mediocridad futbolística.

En esta oportunidad, además, hay seis invitados, en lugar de los dos cupos extranjeros que se instauraron desde la Copa de Ecuador en 1993. ¿Y qué? Yo invitaría a seis a todas las ediciones futuras y jugaría campeonatos de 16, ¿por qué no?

Desde 1993, la participación de los foráneos le dio a la Copa América la posibilidad de los cuartos, semis y final, como Dios manda. Si fueran 16 equipos de aquí en más, sería todo mucho mejor.

Pero además, desde el punto de vista de Uruguay, yo creo que hace falta un poco más de arrogancia. Yo diría, con tono barriobajero característico de un futbolero de ley: "que se juegue todos los años, que se juegue en Europa, que Brasil sea la sede fija; yo me conformo con festejar al final".

A mí me parece claro que esta Copa América le viene muy bien a Uruguay. El año pasado jugamos sin Suárez y ahora está. Me encantaría una revancha con Chile en cuartos, en Seattle; una semi contra el local en Chicago o en Houston; una final en New Jersey contra Argentina o Brasil (el que lo merezca).

Otra cosa: es hora de unificar la Conmebol y la Concacaf. Que se haga un campeonato panamericano, como se hace para los Juegos Olímpicos. Que vayan ocho al Mundial –si es que se sigue jugando con 32– o diez, si se juega con 40 equipos. Todos los países de las Américas en un campeonato con cabezas de serie según el ránking FIFA.

No puede ser que la Concacaf tenga tres cupos asegurados en el Mundial y la posibilidad de un cuarto. Que se lo ganen.

Me queda claro que la probabilidad de que eso suceda es mínima, porque México y Estados Unidos, a esta altura, sienten que tienen derecho a ir al Mundial sin despeinarse, y son países complicados de convencer. Pero igual me parece que habría que decirlo, empezar a amenazar con esa posibilidad.

En fin... el asunto es que el mes que viene se juega una Copa América que debería ser especial para Uruguay. Se conmemora el centenario del primer Campeonato Sudamericano de Fútbol, el primer torneo internacional fuera de las Islas Británicas, el inicio de la gloria de un país minúsculo que se hizo gigantesco.

Es una copa que celebra una historia en la que Uruguay es protagonista. Ahora y siempre. Vamos a traer esa copa. Algún lugar se le hará en la vitrina, ¿no le parece, maestro?

Acerca del autor