La crisis de Brasil y las lecciones para el Frente Amplio

En la izquierda siguen con preocupación el escándalo político que enfrenta el gobierno norteño, mientras otro modelo progresista de la región demuestra que no es infalible

Con mayor o menor entusiasmo, dirigentes del Frente Amplio han colocado a Brasil y a la gestión del Partido de los Trabajadores como un modelo a seguir. Algunos como el expresidente José Mujica (2010-2015) se abrazaron a Luiz Inácio Lula da Silva y su continuidad, personificada en la presidenta Dilma Rousseff, intentando incluso que Uruguay vaya al estribo de ese país. Pero el escándalo de corrupción que involucra a los más altos jerarcas de esa Presidencia genera preocupación en el Frente Amplio y plantea lecciones a aprender. Si bien existen diferencias importantes y de fondo en cuanto a la cultura política y la forma de ejercer el gobierno, está claro que Brasil se suma a otros gobiernos de izquierda que deben enfrentar en la región coyunturas adversas ya sea por el cambio de viento en la economía como por crisis políticas internas.

A pesar de sus líos domésticos, la coalición que gobierna en Uruguay desde 2005 tiene a su favor la mayoría parlamentaria y un diseño partidario más o menos sólido que ha demostrado capacidad de resistencia ante situaciones complejas, algo que no ocurre en Brasil. Lo que comparte en todo caso es un tiempo donde la bonanza ya no ejerce como motor de sus políticas sociales, algo a lo que los gobiernos progresistas de la región no estaban acostumbrados.

Para el presidente de la Comisión de Asuntos y Relaciones Internacionales del Frente Amplio (Carifa), José Bayardi, los posibles errores y líos que enfrentan gobiernos de izquierda deben ser analizados "en contexto" para poder sacar conclusiones que sirvan a la izquierda uruguaya. En el caso de Brasil, Bayardi entiende que existe una fortísima campaña en su contra, incluso pensada para quitar del medio a Lula para que no sea candidato en caso de caer la presidenta Rousseff en el marco del juicio político. El dirigente de la Vertiente Artiguista, que también es candidato a presidir el FA, señaló a El Observador que el Partido de los Trabajadores también debió enfrentar dificultades de gobernabilidad en acuerdos con partidos con otras ideologías, algo con lo que el oficialismo en Uruguay no ha tenido que lidiar.

Ayer la Mesa Política del Frente Amplio emitió una declaración (que fue redactada por Bayardi) en la que defiende al PT, a Lula y a Dilma.

Para el diputado socialista Roberto Chiazzaro es necesario observar las experiencias de la región, y también tomar nota de los errores para no tropezar con esas mismas piedras. "Siempre uno tiene que estar mirando lo que sucede en el entorno, y uno saca conclusiones y lecciones de otros procesos políticos. Siempre mirando, y ver donde se han cometido algunos errores para tratar de que acá no se cometan los mismos errores", dijo a El Observador, quien además preside la comisión de Asuntos Internacionales de la Cámara de Representantes.

En tanto la senadora Constanza Moreira, en un análisis sobre el caso de Brasil que escribió para El Observador, asegura que con su nombramiento como ministro Lula no busca el "interés personal" sino ayudar al gobierno "poniendo su poder y su prestigio en juego".

Sea como fuere, nadie en la izquierda uruguaya se apura en defender a Lula o a Dilma con argumentos en contra de los hechos de los que son acusados. La brecha de respaldo se abre en tanto el gobierno del vecino gigante se siente amenazado por la oposición, la Justicia y la prensa, incluso al punto de hablar de golpe de Estado. Las formas de señalar los presuntos delitos se convierten entonces en la veta que encuentra tanto la izquierda uruguaya como la de otros países para ponerse del lado del gobierno brasileño.

Para Chiazzaro es importante también diferenciar que en Uruguay todavía se pueden tener discrepancias en buen tono, porque "hay un caudal de respeto y de sentido de la importancia de cuidar el sistema democrático". De todos modos, para el caso de Brasil insistió con que "la derecha juega a un juego tremendamente peligroso que nos puede retrotraer a la noche oscura de las dictaduras".

Ayer, el expresidente Mujica incursionó en una de sus tantas salidas con frases provocativas. Consultado por el tema Brasil en una entrevista con radio Mitre de Argentina, dijo: "la mejor porquería que hemos inventado es la democracia".

Ciclos para la izquierda

Para el doctor en ciencia política Jorge Lanzaro, lo primero a tener en cuenta a la hora de analizar el caso Brasil es que ha llegado un ciclo en el que los gobiernos de izquierda se encuentran con "dificultades de orden político y económico", porque hasta ahora vivieron "cierta bonanza" pero también situaciones políticas "bastante favorables". Ahora, dijo a El Observador, se achica esa bonanza y "aparecen las dificultades políticas".

En segundo lugar, a juicio del analista es preciso señalar que de Lula a Dilma, el PT y el gobierno de Brasil bajó la talla de su presidente, porque Rousseff "no levanta simpatías". Luego marcó como diferencia importante que, "mientras el gobierno uruguayo es de un solo partido, aunque tenga muchas complicaciones internas, en el caso de Brasil es un gobierno de coalición muy complicado".

A juicio de Lanzaro el liderazgo de Tabaré Vázquez no deslumbra como en su primer período (2005-2010) y además está sometido a negociar y limar asperezas con el FA. A ello se suman dificultades políticas internas que, si bien no son de gran relevancia, se volvieron un problema por cómo se manejaron. Ejemplo claro de esto último fue el caso Raúl Sendic y su formación académica. "Es una paradoja porque el FA tiene mayoría parlamentaria, domina instituciones políticas y culturales pero le cuesta torear situaciones complicadas. Tiene que ponerse las pilas y Vázquez tiene que recomponer la asociación para gobernar en términos muy firmes, porque tiene tantos recursos políticos como el Partido Colorado en los años 40 y 50, pero el Partido Colorado perdió las elecciones del 58", agregó Lanzaro.


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