La cursilería de una humilde despedida

Hoy me desperté sabiendo que era un día especial. En el remoloneo de la noticia de otra mañana vivo me acordé que era mi último día en el diario

Llegó la despedida de los compañeros, algunos que después de tres años de compartir alegrías, problemas y desafíos ya se convirtieron en amigos. 

Pensé también que me había comprometido a hacer dos aperturas, y reconocí que seguramente había sido un compromiso arriesgado si quería de alguna manera disfrutar del calor de la redacción. Disfrutar de los puntos de vista tan variados que uno puede encontrar ahí adentro, del enriquecimiento intelectual que tendré de una forma distinta en mi trabajo nuevo.

Pero de todos modos me dije que lo lograría, como todo en un diario que en el apuro del cierre, los momentos de caos respaldados con el compromiso de cada uno haciendo bien su laburo, termina en la tranquilidad de la imprenta que trae al otro día un compendio de información organizada. Que después se convierte en charla de ascensor, de feria, de portero, de vestuario; que después genera indignación y tristeza y que lamentablemente muy pocas veces genera alegría.

Me acordé también que no tenía ni una camisa limpia. En el partido de Uruguay contra Argentina me robaron el auto, rompieron el vidrio y de ahí extrajeron unas 10 camisas sucias que uso para ir a trabajar y que llevaría a lavar. Eso dejó un stock limitado y como tengo 25% de descuento en una tienda determinada, me fui a comprar la camisa que usaría en el último día en El Observador.

Fui con mi hijo y con mi madre. Mi madre le compró un sable de Luke Skywalker a a mi hijo; él insistió que era el sable de Superman, mi madre intentó explicarle que no, le habló de Star Wars… Yo corté por lo sano señalando que si él tiene ganas de que el sable sea de Superman, pues es de Superman.

Con la camisa puesta, championes -porque me hago el rebelde ahora que me voy a otro trabajo más "liberal"-, la barba bastante larga y mi tupper cargado de comida, no pude resistirme a la cursilería de escribir esta despedida –¡más allá de que el blog seguirá online!-.

Sentí la obligación de repetir algo que se ha dicho una y mil veces: Uno de los trabajos más importantes de una sociedad libre se lleva a cabo en un diario y una sociedad es libre porque hay periodismo. Y el periodista, que calladito va a laburar para informar a la gente, con convicción y sin flecha, es una persona fundamental si queremos mantener contenido en nuestras vidas y si queremos una sociedad libre.

Y por favor, que nadie entienda que yo estoy dando clases de periodismo y me envíe reprimendas y esas cosas raras que ahora se hacen gratuitamente entre colegas en Twitter y otras redes sociales. Yo soy un "plancha" que humildemente comparte sus dos centavos sobre algo que me emociona un poquito.

El respeto y la valoración de esta labor intenta mantener a esta sociedad un poco más limpia, un poco más lejos de las infecciones llamadas Tinellis y otras imbecilidades mentales que por ahí abundan. Intenta por supuesto, alejarse de las parcialidades y enfocar una cámara un lápiz o un celular donde está la noticia.

Entonces, más allá de que esto es una nota muy personal, algo que yo supongo entra en lo que es un blog, quiero decir que lo que más voy a extrañar de no estar todos los días adentro de El Observador, es sentirme parte de esa raza y estar por fuera de la responsabilidad de informar lo mejor que se pueda a la sociedad –informaré, pero de otros temas menos relevantes para una sociedad-.

Hay quienes tienen miles de oportunidades, de ganar más guita, de vivir menos estresados, de ver más a la familia, pero igual deciden quedarse en la redacción, porque les apasiona esto. Gente muy capacitada, personas que si las ponés en una multinacional ganarían tranquilamente encima de 150 palos por mes. Pero ellos bajan la cabeza y vienen a laburar al diario porque les apasiona. Y le dan a la sociedad su bien más preciado: la libertad.

A esas personas les agradezco como ciudadano y les agradezco como amigo. Y les digo que los voy a extrañar y que voy a extrañar no ser más como ellos. 

 

*Luego de recibir consultas de amigos y familiares preocupados, vale aclarar que mi despedida no responde a ninguna mala noticia sino a una buena: estaré desempeñándome como editor para Hispanoamérica de la web www.surfline.com  


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