La desprolijidad mais grande do mundo en el negocio cárnico

La crisis de Brasil tiene consecuencias imprevisibles: dispara un conjunto de oportunidades y amenazas
Por Blasina y Asociados, especial para El Observador

El cisne negro, el evento inesperado que lo puede cambiar todo, irrumpió el viernes pasado en Brasil. El principal exportador mundial de carnes, el principal competidor para la carne uruguaya, también el que ha capturado a la mayor parte de la capacidad de faena de Uruguay comprando varios frigoríficos locales, el principal abastecedor de China, nuestro principal mercado ha visto su prestigio mancillado.

Lo de Brasil no podría ser más grave. Pero el tropiezo del gran competidor no implica necesariamente beneficios para la ganadería uruguaya. Apenas oportunidades y amenazas aumentadas.

Aunque la consultora Steiner plantea que Australia y Uruguay pueden verse beneficiados por el papelón brasileño, las consecuencias son complejas y pueden traer más de un dolor de cabeza al sur del río Cuareim.

Las denuncias de alteración en el etiquetado y venta de carne en mal estado al exterior y al mercado interno en el país vecino son capaces de cambiar uno de los equilibrios fundamentales que se han instalado en el agro uruguayo.

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El precio de exportación de la carne uruguaya se ha mantenido casi sin variantes durante los últimos 18 meses en US$ 3.400 por tonelada. Y de ahí en cascada derivan todos los precios ganaderos.

Fue algo alterado un año atrás, cuando irrumpió una mini crisis sanitaria para la carne uruguaya por la aparición de Ethión, un producto habitualmente usado contra moscas y garrapatas en carne enviada a EEUU. Eso tiró el precio un poco abajo, pero luego como una boya, la exportación volvió a los US$ 3.400 por tonelada. Venía de US$ 4.000 durante el auge de los commodities y de US$ 1.500 en el siglo XX.

¿Puede este gigantesco problema de Brasil cambiar el precio de exportación de Uruguay? La pregunta tiene importancia porque además en las últimas tres semanas los frigoríficos han presionado muy fuerte a la baja el precio local del ganado y un repunte le vendría a los productores más que bien.

Ese equilibrio puede romperse y tal vez hacia arriba. Porque nuestro principal competidor ha quedado afuera de nuestro principal mercado: China y Hong Kong han prohibido la carne brasileña.

El escándalo ha sido de una proporción tal que todo el público está enterado, en todas partes, de que los frigoríficos brasileños coimeaban a inspectores, cambiaban las fechas de vencimiento de las etiquetas, echaban productos para disimular el mal olor y adulteraban con celulosa y agua a los pollos. En esta era de redes sociales la noticia ha sido un reguero de pólvora. Memes, chistes, burlas, indignación, se mezclan con la defensa de las empresas que buscan minimizar la magnitud de lo sucedido.

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Que carne en mal estado llegue a Europa desde Brasil es un titular de los diarios que ha dado la vuelta al mundo. La carne brasileña no solo se ha hecho mala fama como poco confiable sanitariamente, sino vinculada además a la interminable maraña de casos de corrupción y coimas que como una hidra envuelven a la política y la economía brasileña. Carne fraca (Carne débil, como se nombra el caso) se suma al Lava jato y las salpicaduras no tienen fin.

Además de la oportunidad que puede surgir en China, el frente europeo para Uruguay puede ser interesante ya que surgen voces que reclaman trazabilidad individual para la carne del Mercosur, algo que solo Uruguay puede ofrecer. Pero también surgen voces pidiendo que la carne salga de la negociación de un acuerdo de libre comercio entre los dos bloques.

En este caos evidentemente hay una oportunidad para que Uruguay haga oír su voz y diga "yo soy distinto, prolijo, transparente, cumplidor y trazado". Todo parece delinear una gran oportunidad.

Brasil además demorará la entrada a los mercados que tiene pendientes: México, Corea del Sur, Japón. Vaya a convencer a un japonés de que el país que mandó carne podrida a sus propias escuelas es confiable.

Pero hay también varias amenazas. El desprestigio que vuelve a golpear a toda la carne como producto, la dificultad para diferenciar carne del Mercosur de Uruguay respecto al resto, la posible salida de la carne de la negociación por un mercado común entre el Mercosur y la Unión Europea (UE). Y, en términos más prácticos, la baja que se va a producir en el precio de todas las carnes brasileñas y que permitirá tal vez un ingreso mucho mayor al territorio uruguayo de carne vacuna, de cerdo y de pollo.

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Golpe a economía frágil


El agro venía rescatando a la economía brasileña de una recesión profunda; se espera que este trimestre Brasil crezca algo. Y justo llega esto. El golpe puede ser muy duro. Brasil exportó en 2016 carne fresca por US$ 4.349 millones. Hong Kong y China fueron los principales destinos, que en realidad son prácticamente el mismo porque una gran parte de la carne que entra por Hong Kong termina destinada al mercado chino. Ambos mercados compraron cantidades similares que sumaron US$ 1.425 millones.

También fueron compradores importantes Rusia y Chile, donde Uruguay también compite con Brasil. De modo que esas puertas que se cierran a nuestro competidor principal pueden potencialmente ser puertas que se abran a Uruguay.

Pero la pérdida de confianza en el producto carne es un problema que se arrastra desde las épocas de la vaca loca y que se acentúa, y los lobbies proteccionistas europeos están ejerciendo sus presiones para trabar toda la carne.

Los productores de Francia e Irlanda, férreos opositores a un acuerdo de libre comercio entre la UE y el Mercosur han aprovechado la situación para solicitar que la carne quede fuera de las negociaciones por libre comercio entre ambos bloques.

Otros productores han indicado que la carne del Mercosur es peligrosa y –algo que puede ser una oportunidad para Uruguay– han solicitado que solo llegue carne de países que lleven adelante la trazabilidad individual.

Por ahora lo sucedido es una caja de pandora. Las dos mayores empresas involucradas –JBS y Brazilian Foods (BRF) deberán luchar para amortiguar el impacto que ya se tradujo en un desplome de las acciones.

En una era Trump, Brasil pone en riesgo el mercado estadounidense y, por encima de los casos particulares, el producto que vende ha quedado con un daño de imagen que persistirá.

Cuánto sea capaz Uruguay de diferenciarse y capitalizar la trazabilidad que ya está implementada será clave. Además, para una tecnología que venía siendo cuestionada, puede ser la oportunidad de demostrar para siempre que puede dar beneficios tangibles.

Pero por ahora en el precio del ganado nada ha cambiado, precio bajo en dólares que se cambian por pocos pesos. Para la carne vacuna puede ser una oportunidad. Para los productores uruguayos de cerdos y pollos es sin duda una amenaza.

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¿Aumentará la importación de carne de Brasil?


Puede parecer paradojal, pero el problema sanitario de la carne en Brasil puede hacerla más competitiva en Uruguay. Bajará el precio y el país solo inhabilitó a las plantas donde hubo problemas. Brasil tiene todo para exportar carne a Uruguay, en particular en cerdo y pollo. En esos dos rubros, el país norteño es muy competitivo por escala, disponibilidad de maíz y harina de soja en cantidad. Uruguay no tiene cómo frenar eventuales importaciones.

Con la traba del mercado chino –y un mercado interno que quedará retraído ante la inseguridad que le genera la calidad de la carne–, los excedentes exportables serán mayores. Si el dólar en Brasil sube, los envíos de carne de cerdo que ya son importantes pueden crecer más.

La exportación de pollo de Brasil ha crecido a gran velocidad y también enfrenta trabas. Suinocultores y avicultores de Uruguay pueden ser la víctima oculta de la crisis sanitaria brasileña.

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