La dolorosa verdad acerca de Venezuela

Ni la ideología puede negar hechos que ya rompen la vista

*Columnista de El Observador, editor de la sección Correo de Ideas.

El británico Julian Baggini, doctor en Filosofía, escribió en 2002 un interesante libro en el que analiza lo que para él está oculto en los titulares de las noticias de los periódicos. Y lo primero que hace es reflexionar sobre el concepto de verdad. ¿Existe “la verdad”? “No hay una sola verdad” que es “siempre relativa a una sociedad, un individuo o una cultura” (o una ideología, agregaría yo).

Pero eso no quiere decir que no exista la verdad como tal. La persecución y el asesinato sistemático, burocráticamente organizado y auspiciado por el Estado, de 6 millones de judíos por parte del régimen nazi; la política de terror de Stalin que desembocó en la muerte de millones de personas; los cientos de desaparecidos durante las dictaduras en países del Cono Sur.

Hay muchas verdades que en algún momento fueron puestas en duda, como cualquiera de los tres ejemplos mencionados (¿acaso no hay personas que no creen aún que haya ocurrido el Holocausto?).

Hoy nadie se atrevería a discutirle a Carmenza Robledo Abad que “hay cambio climático” y que existe en ello “una responsabilidad de la acción humana”. Tampoco nadie podría rechazar los argumentos de esta colombiana, integrante del panel Intergubernamental de Cambio Climático, acerca de los graves efectos negativos sobre la Tierra del aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero. Pero hace una década, el multipremiado documental Una verdad incómoda, del director Davis Guggenheim, una película acerca de la apocalíptica campaña del exvicepresidente de Estados Unidos Al Gore sobre el calentamiento global, fue muy cuestionado por algunos científicos o académicos que acusaron al político demócrata de exagerar. En 2006, la oscura predicción de Al Gore era un asunto discutible, no tenía valor de verdad.

La política, la ideología, son terrenos minados para establecer la verdad porque en ellas suelen confundirse los hechos con meras cuestiones de opinión (y sin fundamento alguno). Si discuten dos dirigentes políticos acerca de un hecho, no quiere decir que exista más de una verdad. Lo único que quiere decir es que discrepan. Si vemos en el informativo de televisión dos puntos de vista sobre un hecho, no quiere decir que los dos planteos reflejen una verdad fáctica. Lamentablemente es cada vez más frecuente ver, escuchar o leer a dirigentes políticos incapaces de plantear un argumento de verdad.

En esa línea de razonamiento es que me pregunto si a esta altura de los acontecimientos es lícito aceptar que el gobierno chavista de Nicolás Maduro no es el responsable de la decadencia de Venezuela en todos los campos imaginables, como afirma la izquierda de la región, sobre todo la que se agrupa en el Foro de San Pablo, que incluye al gobernante Frente Amplio. La mayoría absoluta del socialismo latinoamericano actúa como si tuviera un balde de la cabeza que le impide ver la tozuda realidad.

Para el Foro de San Pablo, según un documento difundido el 29 de junio en El Salvador, en Venezuela hay una “batalla”, que la izquierda latinoamericana debe afrontar, contra “las embestidas brutales de la oligarquía apátrida y el imperialismo”. “La Revolución Bolivariana –es decir, el chavismo venezolano– es una victoria permanente y estratégica en la lucha por la libertad de nuestros pueblos”. Esa “verdad” que expone la izquierda se cimienta en un capricho: “lo que yo creo”, no en la realidad de los hechos.

Porque la verdad sobre Venezuela es muy otra; es, por ejemplo, la que revela el secretario general de la OEA, Luis Almagro, porque se fundamenta en juicios que nadie puede negar racionalmente.

“Venezuela hoy es el país más corrupto del continente, que tiene presos políticos, que esos presos políticos son torturados y víctimas de tratos crueles, que se desconoce a uno de los poderes del Estado, que el Poder Judicial está en manos del Poder Ejecutivo”, argumenta el excanciller uruguayo. Y agrega que el régimen chavista ha “puesto obstáculos al ejercicio por parte del pueblo del derecho constitucional de ir a un referéndum revocatorio”.

En sintonía con el diagnóstico de Almagro, en los últimos días se conoció un documento de Plataforma de la Defensa de la Constitución Bolivariana, integrado por varios movimientos políticos de tendencia izquierdista de Venezuela, que incluye a exministros de la época de Hugo Chávez, que pide a las autoridades electorales que convoque de una buena vez al referéndum revocatorio.

¿Cuáles son los argumentos de ese grupo de izquierda crítico del chavismo de Maduro? Que en todos los rincones de Venezuela “los diálogos giran alrededor de los apremiantes problemas de la crisis en la alimentación, la inflación, la corrupción, las precariedades en los servicios de salud, la inseguridad, otros muchos dramas, y de qué modo la República superará esta situación general de enorme deterioro”.

Ninguno de esas afirmaciones provienen del palo “neoliberal” y nadie podría tildar a sus autores de “imperialistas”; no huelen a azufre. Aunque lo más relevante es que están apoyadas en estudios independientes de organizaciones de la sociedad civil, tan ciertos como el problema del calentamiento global.

Almagro y Plataforma de la Defensa de la Constitución Bolivariana parecen estar animadas por la necesidad de comprender la realidad y aceptar la verdad, aunque duela.



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